¿Puede la inteligencia artificial hacer mejores estudiantes?

La inteligencia artificial ha logrado introducirse de manera profunda en sectores como la educación, donde hoy por hoy, plantea el devenir de una revolución sin prescendentes. Para sacar todo el provecho, la cointeligencia, se platea como el concepto clave para lograr educar de forma íntegra en tiempos de cambio.
A mediados de los años 70, cuando llegó la calculadora a los salones de clases, los maestros y familiares de los estudiantes se enfrentaron a un dilema: dejar que los jóvenes la usaran o no permitirlo. Para algunos maestros, la calculadora significaba la posibilidad de enfrentar a los estudiantes a problemas matemáticos más complejos, mientras que, para otros, el problema de la calculadora en clase no les permitiría identificar los errores de los estudiantes cuando los cometieran. Al final, la calculadora se introdujo en el salón de clases y hoy sigue empleándose en algunos ejercicios matemáticos. Con la inteligencia artificial sucede algo similar. Se ha llegado a un punto de no retorno y hoy más que nunca, evitar que los estudiantes recurran a esta como una alternativa que puede ayudarles a resolver sus trabajos en clase, sería como tapar el sol con un dedo. Pero ante el ‘genio’ que responde a todas las preguntas, queda la pregunta sobre el futuro de la educación.
Ethan Mollick, es su libro Cointeligencia, es muy pragmático. Señala que “la IA ofrece la oportunidad de generar nuevos enfoques pedagógicos que impulsen a los alumnos de formas ambiciosas”, de ahí que sea en las formas de aprendizaje, que el autor sugiera, que la educación debe hacer el cambio, pues así como la IA, puede ser un tutor en el aprendizaje de los estudiantes, es necesario, también enseñar cómo usarla responsablemente, de forma ética y sin delegar la acción de pensar.
De esa relación surge entonces el concepto de cointeligencia, como la colaboración intencional entre la inteligencia humana y la inteligencia artificial para resolver problemas, aprender, crear y tomar decisiones de manera más efectiva. Ello, no significa que la IA reemplace a las personas, sino que actúa como una herramienta que amplía sus capacidades, mientras el criterio, la creatividad, la ética y la responsabilidad siguen estando en manos de los seres humanos.
Estudiantes autónomos
Pese al temor que puede sugerir alrededor de la IA, algunos estudios científicos revelan que la simbiosis entre pensamiento humano e inteligencia artificial puede ser más favorecedora de lo que se cree. Un estudio titulado How Generative AI Influences Students’ Self-Regulated Learning and Critical Thinking Skills? A Systematic Review (¿Cómo influye la inteligencia artificial generativa en el aprendizaje autorregulado y las habilidades de pensamiento crítico de los estudiantes? Una revisión sistemática), afirma que en los procesos educativos la IA puede mejorar significativamente algunas habilidades cognitivas, como el pensamiento crítico, la resolución de problemas, la capacidad analítica y algunas habilidades metacognitivas, esto, gracias al aprendizaje personalizado y la retroalimentación proporcionada por la misma Inteligencia Artificial.
En ese sentido, Javier Bermúdez, Vicerrector de Procesos Académicos de la Universidad de La Sabana explica cómo debe reorientarse el aprendizaje, pues hoy las aulas deben proporcionar muchas muchas más oportunidades de practicar habilidades adquiridas, colaborar en una resolución de problemas socializar y recibir apoyo de los profesores. “Más que una revolución tecnológica, asistimos a una nueva configuración de la experiencia humana que exige repensar cómo formamos a las personas para un mundo cambiante, complejo y altamente interconectado.
En este contexto, el aprendizaje experiencial adquiere una relevancia decisiva, porque desplaza el foco de la transmisión de contenidos hacia la construcción de experiencias auténticas, retadoras y con impacto tangible, donde el estudiante aprende enfrentando problemas reales, trabajando colaborativamente y conectando el saber con el servicio”, señala.
Lo anterior surge como respuesta del sistema educativo frente a una herramienta que resuelve las dudas, que arroja la información en segundos y que hoy obliga a los profesores a ser arquitectos de las experiencias de aprendizaje.
Astrid Viviana Robayo, Jefe de Aprendizaje Experiencial de la Universidad de La Sabana, en el marco de II Congreso Internacional de Aprendizaje Experiencial, es enfática con el nuevo objetivo “Nosotros lo que queremos es formar estudiantes que sean capaces de discernir, de crear y de actuar éticamente en un mundo que está atravesado por la inteligencia artificial. Sí, la inteligencia artificial produce respuestas, por supuesto, da indicaciones, pero lo que nunca va a poder reemplazar es el juicio humano”, indica.
Para enseñar de ese modo, Mollick sugiere que los alumnos “le hagan trampa a la IA”. Con esto se refiere a establecer una reflexión en torno a los contenidos y respuestas que esta arroja, criticando los textos que esta genera. “Se trata de hacerles pensar en el trabajo, aunque ellos no lo hagan, para que puedan resolver los problemas reales que parecen imposible de resolver”, insiste en su libro Cointeligencia.
Así mismo, el autor también reitera la necesidad de enseñar a crear buenos prompts, proporcionando contexto y restricciones a la IA para obtener resultados más útiles e interesantes.
Pero los retos no solo deben estar enfocados en cómo usar la herramienta, sino que también se deben trasladar a los modelos de evaluación en las aulas, las competencias de los profesores y lo que implica su uso en un país como Colombia donde su adopción es acelerada pero desigual.
Datos del Ministerio de Educación Nacional indican que el gobierno actual ha realizado una inversión de 3.200 millones de pesos como “un primer paso” para integrar la Inteligencia Artificial a la educación superior.
Sin embargo, estas iniciativas son incipientes, pues están orientadas a la construcción de capacidades, redes académicas y estrategias de implementación, más que a una transformación tecnológica masiva de las universidades colombianas. A esto se suma la brecha digital que persiste en el país, donde la infraestructura y la educación en el uso de estas tecnologías son claves para la inclusión digital y desarrollo.
En contraste, desde las universidades, el uso se ha extendido y la oferta de estudios de educación superior relacionados con esta tecnología hoy alcanza unos 300 programas. Mientras tanto, persisten preguntas de fondo que solo el tiempo tendrá que responder, ¿cómo garantizar la calidad en un sistema educativo donde la IA adquiere un rol de tutor personalizado?, ¿cómo lograr que la inteligencia forme a las personas a largo plazo?, ¿qué habilidades humanas serán más valiosas en una era de colaboración con IA?
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