Forjando Caminos COL: llevando esperanza a la Colombia profunda

Mayra Alejandra Vaca Fajardo, graduada de Fisioterapia y directora de la Fundación Forjando Caminos COL, lidera brigadas médicas en las zonas más apartadas del país, un servicio que integra capacidades profesionales para mejorar la calidad de vida de poblaciones vulnerables.
Tenía apenas ocho años cuando un disfraz de payaso se convirtió en su primer vehículo para ayudar a otros. “Desde muy pequeña, me ha gustado el voluntariado. Entre otras razones porque, como demuestran algunos estudios, es algo que aumenta la salud mental, la salud física y promueve el sentido de la vida”, asegura Mayra Alejandra Vaca, graduada de la Facultad de Ciencias de la Vida y el Bienestar. Por eso, a los 14 años y estando aún en el colegio, se vinculó formalmente como voluntaria en la Fundación Doctora Clown, donde desarrolló un largo camino de servicio, mientras aportaba a otras organizaciones.
Por eso, no fue extraño que decidiera ser fisioterapeuta, una vocación que le permitiría continuar con un camino de orientación hacia el bienestar de los otros. Detrás de esta decisión, hubo un pilar fundamental en su vida: “Mi mamá Zonia siempre creyó en mí desde pequeña y fue quien nos inculcó el amor a Dios y el servicio”, comparte Mayra, explicando que este legado familiar fue afianzado por completo más tarde en la universidad.
Al ingresar al pregrado en la Universidad de La Sabana, decidió realizar un curso de clown, una herramienta que posteriormente integró en sus prácticas universitarias de comunidad. Buscando desde entonces una perspectiva interdisciplinar, optó por cursar electivas ajenas a su facultad. Tomó clases relacionadas con el derecho, la ingeniería y hasta negocios internacionales, convencida de que para liderar proyectos debía aprender a conectar con las personas desde múltiples visiones.
Toda esa trayectoria la llevó a la Fundación Forjando Caminos COL. En 2020, se aventuró a iniciar esta organización sin ánimo de lucro, encargada de articular brigadas de salud interdisciplinarias para atender a poblaciones vulnerables de difícil acceso geográfico en Colombia. “Me encargo de la dirección estratégica y la coordinación de proyectos sociales con cobertura nacional, que impactan a más de 200 personas con cada intervención”, comparte.
"Sin miedo al éxito"
El origen de la fundación fue espontáneo. Aunque Mayra llevaba tiempo soñando con su idea, la concretó de manera inesperada. “El que me inspiró fue Dios, que es un Dios grande y, por eso, nos pide visiones grandes”, asegura. Un día, asistió a un evento donde requerían los servicios de una fisioterapeuta; allí mencionó con audacia que ya tenía su propia fundación, aunque en ese momento la organización consistía únicamente en ella. Quince días después, recibió una llamada telefónica por parte de la Dirección de Antinarcóticos (DIRAN). Le proponían acompañarlos a una jornada de salud en el Putumayo programada para las siguientes dos semanas, ofreciendo costear el transporte, la alimentación y la estadía, a cambio de que ella aportara entre 10 y 15 profesionales de la salud con sus respectivos equipos.
"Yo les dije: sí, claro, déjenme yo organizo las fechas, organizo los voluntarios... Yo estaba sin miedo al éxito", recuerda Mayra. Tras colgar el teléfono, se encontró sola frente al reto de materializar esa promesa. Con el apoyo de su hermana, quien es optómetra, y mediante una convocatoria exprés a través de Instagram, logró reunir a 12 voluntarios médicos en solo cuatro días. El inventario para esa primera brigada era austero: Mayra llevaba únicamente una banda elástica de resistencia roja (TheraBand), su hermana aportó diez monturas de lentes, y los médicos asistieron con sus fonendoscopios. Ese viaje marcó el inicio de una misión que no ha parado desde entonces.
El objetivo de cambiar realidades
Hoy en día, la Fundación está habilitada como prestadora de servicios de salud, cuenta con una red de más de 100 profesionales y voluntarios, y moviliza entre 15 y 20 especialistas por cada intervención en zonas donde solo se ingresa por vía aérea o fluvial, custodiados por las fuerzas armadas.
Su misión es desarrollar brigadas de salud con atención médica oportuna para la población en 7 servicios: medicina general, odontología, psicología, fonoaudiología, optometría, fisioterapia y terapia ocupacional. Además, se hace entrega de medicamentos y monturas formuladas para los pacientes que lo necesitan.
Otro de los sellos de la fundación es su aporte en el acompañamiento psicosocial. Por eso, desarrollan talleres y estrategias especializadas para el manejo de emociones, resolución y manejo de conflictos familiares, así como prevención y atención del abuso de sustancias, construcción de confianza institucional y reconstrucción del tejido social.
Para Mayra, la efectividad del servicio no se mide en estadísticas masivas, sino en la transformación profunda a nivel individual. Al respecto, recuerda la historia de una psicóloga voluntaria que, tras liderar un taller masivo muy exitoso en una jornada anterior, preparó un gran material para otra brigada a la que, por diversas circunstancias, solo acudieron cinco mujeres. Ante la frustración de la profesional por la baja asistencia, Mayra le transmitió una lección que hoy define la filosofía de la fundación: "Si solo lograste impactar una persona, hicimos la tarea. Si hacemos que una sola persona tenga esperanza, si hacemos que un solo niño desista de cometer algún suicidio, de cometer algún homicidio, de ir a las drogas, lo hicimos perfecto".
Esa sensibilidad también la desborda a ella misma: confiesa que, en ocasiones, al terminar las extenuantes jornadas, mientras asciende el helicóptero de regreso tras atender a cientos de personas, llora ante la conmoción de ver el impacto real de lo construido. Para ella, su trabajo con la Fundación es un elemento central de su vida, donde además equilibra el tiempo y la pasión por el servicio con sus labores como fisioterapeuta asistencial en la Clínica del Country, donde labora desde 2018.
Con ese sentido de agradecimiento, Mayra expresa con orgullo que su historia es testimonio de lo que significa ser Alumni Sabana. “El profesional de La Sabana se ve en el ser humano que es, pero también en lo que proyecta y en lo que promueve. Nos caracteriza el amor hacia el otro, no solo desde el punto de vista emocional, sino el interés por servirle desde el conocimiento y la academia”, reflexiona.
A sus 32 años, Mayra cuenta con el respaldo de reconocimientos como la medalla Wilson Quintero, otorgada en 2023 por su contribución social al país, y su reciente selección para el Accelerating Prosperity Program 2026, una iniciativa de la Fundación Pasos Libres, la Embajada de Estados Unidos en Bogotá y PwC Colombia. En este punto, continúa proyectando el crecimiento de su labor mientras cursa la Maestría en Asesoría Familiar y Gestión de Programas para la Familia. Su motor sigue siendo transformar vidas. “Con esta formación, sé que voy a sacarla del estadio, porque me ha dado unas herramientas increíbles para llevarlas a esos sitios donde, de otra forma, no podrían llegar”, concluye.
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