Awaiki: el arte de tejer la educación consciente desde el origen y para el territorio

Daniela y Laura Barbosa son graduadas de la Licenciatura en Pedagogía Infantil. A través de su emprendimiento, conectan los saberes rurales y las metodologías de educación consciente para transformar comunidades y organizaciones en Colombia y Latinoamérica.
Laura y Daniela Barbosa crecieron unidas no solo por un apellido, sino también por una vocación que nació entre la ruralidad y el ejemplo de una familia dedicada a la formación de las infancias. Ambas, graduadas de la Licenciatura en Pedagogía Infantil, entendieron desde muy temprano que el verdadero aprendizaje no se limita a un salón de clases formal. De esa convicción nació Awaiki, un emprendimiento de educación consciente con el que hoy demuestran cómo la pedagogía puede transformar comunidades rurales, organizaciones e instituciones.
En Daniela, esa vocación apareció muy temprano. Con apenas tres años, ya afirmaba con solidez que su futuro estaría en la enseñanza de los más pequeños. El paso de su infancia en el entorno rural a la escuela tradicional en Bogotá, sin embargo, representó un choque que terminaría de definir su propósito de vida. "Vivimos mucho cómo no se tenía en cuenta la diversidad en el aula. Mi única opción siempre fue estudiar para entender muy bien la educación y transformar ese binomio de enseñanza-aprendizaje desde metodologías diferentes e innovadoras que nos permitieran llegar a todos", reflexiona.
Con esa convicción, Daniela fue la primera de las hermanas en cruzar las puertas de la Facultad de Educación para cursar la Licenciatura en Pedagogía Infantil. Al ver su proceso y la versatilidad con la que exploraba la profesión desde la universidad, Laura decidió seguir sus pasos en La Sabana.
Por su parte, Laura descubrió rápidamente que su espacio formativo no estaba limitado a un salón de clases formal. Su inclinación siempre apuntó hacia lo social y lo comunitario: "Yo no me veía en aula, me veía en el territorio. Nosotras creemos en que el aula está en muchos lados, que no solo se aprende en una institución educativa, sino que va un poquito más allá", relata Laura.
A esa intuición se sumó que, en su paso por la Universidad de La Sabana, ambas encontraron un entorno con enfoque humano. Fue un espacio que les abrió la puerta para explorar el rol del pedagogo desde perfiles versátiles y diversos. "Nos dimos cuenta de que la Universidad no te ve como un número más; el factor humano que nos entregó y que transmite a sus graduados fue lo más valioso", destaca Laura.
Del trabajo en territorio al nacimiento de Awaiki
El camino posterior puso a prueba su capacidad de adaptación. Mientras Daniela ejercía como docente en aula, Laura se graduó en medio de la incertidumbre de la pandemia. Tras breves pasos por instituciones educativas, se vinculó a la Fundación Panaca como coordinadora de comunidad y relacionamiento. Allí, recorriendo departamentos de Colombia de punta a punta, presenció de cerca una realidad punzante del país: poblaciones rurales, víctimas del conflicto armado, comunidades indígenas, afrocolombianas o personas que no sabían leer ni escribir por haber trabajado la tierra desde niños, marginadas de los procesos formativos tradicionales.
Esa experiencia les permitió comprender la necesidad de llevar herramientas pedagógicas accesibles a quienes lideraban sus propias comunidades. Esa fue la chispa que dio origen a Awaiki. En 2021, Daniela y Laura decidieron dar el salto y consolidar formalmente su propia empresa, dándole un nombre que en la lengua ancestral Mokaná traduce, precisamente, "educador".
Agentes de transformación e impacto real
Hoy en día, Awaiki funciona como un ecosistema de aprendizaje con alma colectiva. A través de metodologías como la educación experiencial, el aprendizaje por descubrimiento, el pensamiento visible y, de manera muy especial, el Diseño Universal para el Aprendizaje (DUA), las hermanas Barbosa estructuran laboratorios y experiencias donde cada participante cuenta.
"Planeamos desde el inicio para todos y todas: para quien aprende haciendo, para quien es más auditivo, o para quien no sabe leer ni escribir”, explica Laura. “La magia está en la metodología y en ver a cada persona como un agente de transformación con todo el potencial para actuar", agrega Daniela.
La solidez y precisión del impacto de Awaiki se refleja en su modelo de trabajo con entidades clave del sector público y social. Durante los últimos cinco años, la Fundación PANACA ha contratado a Awaiki como firma consultora de formación para el diseño y la ejecución de experiencias educativas basadas en la metodología DUA y la gestión del patrimonio cultural. A través de esta vinculación contractual, han desarrollado espacios de formación financiados por cooperantes y entidades públicas como FONTUR, el Instituto Colombiano Agropecuario (ICA), la Agencia Presidencial de Cooperación Internacional (APC Colombia), la Agencia de Desarrollo Rural (ADR), la Alcaldía Local de Sumapaz y el Viceministerio de Turismo.
Asimismo, el Viceministerio de Turismo ha contratado a Awaiki de manera directa para diseñar, liderar y ejecutar experiencias pedagógicas en los encuentros nacionales de su programa Colegios Amigos del Turismo.
Con todo este despliegue, en los últimos cinco años el proyecto ha acompañado a más de 4.000 agentes de transformación, llegando a los 32 departamentos de Colombia y extendiendo su huella a 8 países de Latinoamérica.
Su trabajo va desde dinamizar equipos en el sector empresarial hasta capacitar líderes rurales en los rincones más alejados del país. Uno de los relatos que recuerdan con especial cariño ocurrió en Buenavista, Boyacá. Invitadas por un líder social que se había formado previamente con ellas, las hermanas viajaron hasta una montaña rural para capacitar a un grupo de adultos mayores campesinos que buscaban impulsar proyectos turísticos en su comunidad. Entre ruanas, sombreros y un sancocho compartido, comprobaron que la educación consciente no solo entrega herramientas técnicas, sino que devuelve la dignidad a quienes han sido olvidados.
Superar los retos para inspirar a la comunidad
Construir empresa en el ámbito educativo no ha estado exento de dificultades. Desde aprender a marchas forzadas sobre facturación electrónica y trámites ante la Cámara de Comercio, hasta gestionar la alta carga emocional que implica trabajar con seres humanos de contextos diversos y complejos, las hermanas Barbosa han transformado cada obstáculo en madurez profesional.
Antes de entrar a cada taller, no importa si se trata de un auditorio con 400 personas o de un grupo pequeño de 30 campesinos, admiten sentir ese cosquilleo en el estómago que exige respeto por el público. Sin embargo, la satisfacción posterior compensa con creces el esfuerzo. "Lo más bonito y retador es trabajar con personas. Nunca sabemos cómo podemos mover las fibras de las personas. Pero cuando vuelves a las comunidades y ves que un líder maneja con más empatía su Junta de Acción Comunal, o que aplican los ajustes razonables para incluir a todos en sus proyectos, vemos con satisfacción que lo que impartimos impacta a otros", concluye Laura.
Para las hermanas Barbosa, el aula nunca ha tenido cuatro paredes. Hoy, Awaiki es la expresión de esa convicción: una forma de entender la educación desde el territorio, la diversidad y el encuentro con el otro, para que cada persona descubra que también puede convertirse en agente de transformación.
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