Contar historias para conectar personas

Elena Gómez Monroy, graduada de Comunicación Social y Periodismo y de Comunicación Audiovisual y Multimedios, se desempeña como Marketing Manager en Nemotec, una compañía de tecnología española donde pone en el centro a las personas para crear valor de marca.
Cuando Elena Gómez Monroy habla de su trayectoria, no empieza por los cargos que ha ocupado ni por los países en los que ha trabajado. Empieza por una idea que ha guiado todas sus decisiones: contar historias para conectar personas. Hoy aplica esa visión desde el liderazgo de las comunicaciones y marketing de Nemotec, una compañía española que se encarga del desarrollo de software especializado para tratamientos odontológicos. Por medio de esa marca, cuyo campo de trabajo puede sonar muy técnico, esta comunicadora trabaja para que una marca tecnológica comunique un propósito humano: poner la innovación al servicio de las personas y de su bienestar.
Años atrás, cuando era apenas una adolescente, se imaginaba justamente ejerciendo la Medicina. Todo cambió cuando, en los últimos años de bachillerato, su colegio visitó el campus de la Universidad de La Sabana y descubrió el programa de Comunicación Social y Periodismo. El entonces estudio de televisión, que funcionaba en el edificio A, fue el espacio que la convenció y la llevó a replantear su proyecto de vida. "Hice clic, me enamoré y dije: 'Perdona, esto es lo que yo quiero ser, es lo que yo quiero hacer'", recuerda.
Entendió que su vocación era observar, comprender y narrar la realidad. Con los años, esa convicción se fortaleció, permitiéndole ver que podía ejercer su profesión tanto en medios de comunicación como en las organizaciones. "Puedo contar la historia de una persona, puedo contar la historia de una empresa, puedo conectar con un televidente o puedo conectar con tu cliente para que se enamore de tu marca", explica.
Escuchar antes de contar
Su primer gran escenario profesional fueron los medios de comunicación. En el Canal 1 se desempeñó como presentadora de entretenimiento en un magazín, consolidando su sueño de dedicarse a la televisión. Un día podía entrevistar especialistas sobre tendencias de bienestar y, al siguiente, acompañaba a mujeres víctimas de ataques con ácido mientras impulsaban cambios legislativos en el país.
Aquella experiencia le enseñó que el verdadero reto del periodismo no estaba únicamente en informar, sino en representar con respeto la historia de quien aceptaba compartirla. "Era poder vivir ese periodismo de inmersión en el que vas de la mano con la persona (...) y ser capaz de reflejar en el contenido lo que ella te dio la oportunidad de conocer sobre sobre su vida, para que otros lo conozcan", recuerda.
De los medios también heredó habilidades que hoy siguen marcando su forma de trabajar: el repentismo para responder a situaciones inesperadas, la capacidad de escuchar activamente y una curiosidad permanente por comprender las realidades de los demás. "Esa curiosidad por el otro, por querer siempre saber más, por escuchar... eso me parece que de los medios ha sido valiosísimo", comparte.
Comunicar desde el valor humano
Después de su experiencia en medios, Elena Gómez Monroy comenzó a explorar otros escenarios profesionales donde la comunicación también podía generar impacto. Su recorrido la llevó por diferentes industrias, entre ellas laboratorios farmacéuticos y la Fundación Santa Fe de Bogotá, donde se desempeñó como coordinadora de Marketing antes de trasladarse a España.
Esa transición la entendió como una ampliación de sus posibilidades. En el mundo corporativo descubrió que las marcas también tienen historias que contar, pero que esas historias solo cobran sentido cuando están conectadas con las personas. "Aprendí que el valor humano tiene un rol y un peso fundamental", afirma. Para ella, una empresa no puede reducirse a cifras de ventas, rentabilidad o posicionamiento. Detrás de cualquier resultado existen personas que construyen, representan y sostienen la organización.
Esa convicción se convirtió en uno de los pilares de su manera de entender la comunicación. Por un lado, está la comunicación interna, que considera esencial porque los colaboradores son los primeros embajadores de una marca. Por otro, la comunicación externa, que debe lograr que clientes y audiencias no solo conozcan un producto o servicio, sino que comprendan el propósito que lo respalda.
Desde esa mirada, comunicar no consiste únicamente en transmitir información. Significa construir relaciones, generar confianza y hacer visible el propósito humano que hay detrás de una organización. Esa filosofía la acompaña hoy en Nemotec, donde se desempeña como Marketing Manager.
Allí, Elena encontró un ejemplo claro de cómo la comunicación corporativa puede trascender el interés comercial. Aunque la empresa desarrolla herramientas tecnológicas para clínicas y especialistas, ella insiste en que el propósito no puede limitarse a vender licencias o crecer en el mercado: "El propósito superior de Nemotec es que el paciente tenga a disposición lo mejor que hay en tecnología para que su tratamiento sea el mejor”.
Por eso, cuando habla de marca, no se refiere únicamente a posicionamiento o reconocimiento. Su reto profesional está en generar una conexión auténtica con quienes reciben el impacto final de ese trabajo. "¿Cómo hago para que esa persona ame mi marca tanto como yo? ¿Cómo promuevo una marca que trabaje por entregar un valor superior?", se pregunta. Para ella, la respuesta está en mantener siempre a la persona en el centro. Incluso en una empresa B2B, donde el cliente directo puede ser una clínica dental o un especialista, el propósito último debe apuntar al bienestar humano. “Creo que eso es algo que deberíamos extrapolar a todos los sectores corporativos", reflexiona.
Esa visión también define su estilo de liderazgo. Uno de los mayores desafíos que ha enfrentado en más de un año de trabajo en Nemotec ha sido el de reestructurar desde cero a su equipo. Entendiendo que un proceso de transformación genera incertidumbre entre quienes permanecen en la organización, su mayor preocupación fue consolidar la confianza de sus colaboradores. "Para mí, como líder de equipos, es importante que la persona no sea uno más, sino que se sienta bien, trabaje a gusto, se sienta escuchada y apoyada”, asegura.
España: un nuevo horizonte profesional
La decisión de trasladarse a España también nació de su interés por seguir creciendo. Después de consolidar experiencia en Colombia, Elena identificó la necesidad de ampliar sus horizontes y fortalecer su formación en comunicación corporativa.
Así, llegó a un máster en Dirección de Comunicaciones y Responsabilidad Social Corporativa en Madrid. Durante esa etapa, además, cursó un minor en Marketing de Lujo, una combinación que le permitió integrar la visión estratégica de la comunicación con herramientas de posicionamiento y construcción de marca.
A pesar de que ya conocía Madrid por viajes pasados, esa estadía en calidad de estudiante, terminó enamorándola de la ciudad. Sin embargo, al terminar su visado de estudiante, no podía permanecer en España. "Me regresé a Colombia siempre con medio corazón aquí", confiesa. Por eso, se mantuvo activa en la búsqueda de oportunidades laborales en España, hasta que se dio la oferta laboral en Nemotec. "Muchas veces lo que uno necesita es que le abran la puerta. Ya después, con tu talento, con tu conocimiento, con tu actitud, quizás logras ganarte la oportunidad", reflexiona, como una invitación a quienes sueñen con construir una carrera profesional en el exterior.
"La parte profesional ha significado un reto y un avance en mi carrera, sin duda, pero la parte más difícil ha sido estar cien por ciento sola", confiesa. Para ella, que se define como una persona profundamente familiar, el mayor desafío de vivir un camino internacional ha estado asociado a la distancia de sus seres queridos.
Sin embargo, reconoce que vivir y trabajar en un entorno internacional también ha ampliado su manera de entender la comunicación. Hoy ve la importancia de desarrollar una sensibilidad hacia otras culturas y adaptar los mensajes para que puedan ser comprendidos en diferentes contextos. “Pero aún así es muy valioso que cada uno se preocupe siempre por tener esa autenticidad y ese orgullo de dónde somos y de dónde venimos. Entender la cultura del otro y adaptarme al entorno al que llego no quiere decir que voy a transformar lo que yo soy", expresa con orgullo.
Esa visión coincide con la visión humanista que formó en su paso por la Universidad. "La Sabana te da una estructura de pensamiento muy clara. La forma en la que se piensa, en la forma en la que se actúa... es clave. Me siento supremamente orgullosa de ser de allí. Noto la diferencia cuando me relaciono con profesionales de otras universidades", concluye.
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