Laura Melissa Ríos y María Claudia Garzón, graduadas de la Facultad de Ciencias del Comportamiento, no solo acompañan a sus pacientes en sus procesos emocionales, sino que, por medio de su emprendimiento, han construido una red de apoyo para que otros colegas ejerzan su vocación.
Para María Claudia Garzón Campos y Laura Melissa Ríos Londoño, su carrera es la respuesta a una búsqueda vocacional orientada al servicio. Graduadas del pregrado de Psicología y de la Especialización en Psicología Clínica de la Niñez y Adolescencia de la Universidad de La Sabana, encontraron en la atención clínica la forma de materializar ese propósito. De esa coincidencia de propósitos nació Be Safe, un proyecto que comenzó como un sueño de consultorio propio en Cajicá y que hoy se consolida como una red de apoyo e infraestructura para otros profesionales de la salud mental en la Región.
Aunque crecieron en contextos distintos, las dos descubrieron desde pequeñas una misma inquietud: ponerse al servicio de los demás. En el caso de María Claudia, el referente principal fue su hogar. “Mi mamá era trabajadora social y yo veía muchos contextos en los cuales se veían problemáticas y ella ayudaba. Por eso, a mí siempre me ha apasionado mucho el servicio a otros”, recuerda. Aunque por un tiempo evaluó opciones como el Trabajo Social o los Negocios, los procesos vocacionales la orientaron hacia el área de la salud. “Me puse a investigar y dije 'esto es lo mío, por aquí voy a poder impactar muchas vidas'”, afirma.
Por su parte, Laura Melissa creció en Manizales dentro de una familia donde las jornadas de voluntariado en ancianatos o fundaciones infantiles eran habituales. “Mis papás desde muy chiquita me enseñaron que tú puedes cambiarle un instante a una persona regalándole una sonrisa, un saludo o un abrazo, y de eso también se trata el servicio”, relata. Al terminar el colegio ingresó inicialmente a estudiar Medicina en La Sabana, pero pronto sintió que su camino requería otra perspectiva y entendió que también podía contribuir a la sociedad como profesional de la salud mental.
Durante la carrera, ambas orientaron su formación hacia la psicología clínica. Laura realizó sus prácticas en la Clínica Universidad de La Sabana y en la Clínica La Inmaculada, espacios donde empezó a identificar una constante en los pacientes: “A veces, no es que las personas no quieran pedir asistencia en salud mental, sino que realmente no encuentran un lugar que los haga sentir seguros para abrirse y hablar de lo que les pasa”, cuenta.
Con eso en mente, y viendo que al graduarse predominaban las ofertas laborales en el área organizacional, decidieron mantenerse en el campo clínico como voluntarias en una línea telefónica para la prevención del suicidio. Fue una experiencia que les abrió los ojos sobre cómo podían incidir en la realidad de sus pacientes. “Una cosa es decir 'yo hago atención en crisis', pero en ese momento era realmente estar con la vida de la persona en tus manos. Era muy bonito sentir que ese día ayudaste a salvar vidas que hubieran podido ser diferentes si no existieran estos espacios”, comparte Laura.
De allí surgió una idea: ¿Por qué no crear una iniciativa digital para abordar temas de salud mental? Ese proyecto se llamó Safe Minds, el cual crearon junto a otra colega. Sin embargo, muy pronto descubrieron que querían también tener un espacio de atención presencial, lo que las llevó a plantear la apertura de un espacio físico. Al manifestar la tercera socia sus reservas sobre la viabilidad financiera del proyecto en ese momento, María Claudia y Laura asumieron el riesgo solas.
“No sabíamos qué iba a pasar, pero queríamos un espacio seguro donde las personas desenredaran unas cosas y construyeran otras”, relata María Claudia. Con recursos limitados y el apoyo de sus familias, alquilaron su primer espacio en el Hotel Sabana Park, en Cajicá para dar apertura a Be Safe.
El inicio implicó enfrentarse a trámites legales y normativos que no conocían. “No sabíamos cómo se habilita un consultorio o qué se necesita a nivel legal”, admite María Claudia. La clave para superar esa brecha fue la transparencia con los organismos de control. “A nivel documental hay muchos protocolos que uno presenta en auditorías y desconoce totalmente. Nuestro enfoque fue: 'no sabemos, preguntemos y lo hacemos con toda'”, recuerda Laura. Esa disposición para aprender fortaleció su relación con las autoridades sanitarias del municipio. De hecho, con el tiempo, la Alcaldía de Cajicá seleccionó a Be Safe entre un grupo de 30 prestadores de salud del municipio para participar en procesos de certificación en alta calidad.
Sostener el proyecto entre dos realidades
A medida que el consultorio se estabilizaba, aparecieron nuevos retos vinculados a la gestión del tiempo y la profesionalización del emprendimiento. María Claudia asumió un rol laboral a tiempo completo en la Universidad de La Sabana, mientras que Laura optó por el ejercicio independiente, combinando sus pacientes particulares con la atención de usuarios de medicina prepagada y la realización de talleres comunitarios con la Personería de Chía.
Paralelamente, con la necesidad de ampliar horarios, las dos psicólogas tomaron la decisión de trasladarse a una nueva sede de mayor tamaño dentro del mismo complejo del Hotel Sabana Park en Cajicá (consultorio 317). Este cambio trajo consigo una redefinición de la misión de Be Safe.
Además de atender pacientes en problemáticas emocionales como ansiedad, depresión, autoestima y ofrecer pautas de comportamiento en niños, adolescentes y adultos, el proyecto amplió su enfoque para convertirse en un espacio colaborativo para otros psicólogos. “El campo clínico es difícil cuando uno sale. Por eso, además del servicio a nuestros pacientes, Be Safe se creó con otro propósito: el servicio a nuestros colegas. Qué bonito es brindarle a otros que les gusta la clínica un espacio y acompañarlos en un proceso de habilitación en el cual nosotras estuvimos solas”, señala María Claudia.
Laura enfatiza que este modelo se basa en la confianza mutua y en la creación de redes de remisión profesional: “Queremos que este también pueda ser su lugar seguro. Nos gusta conocer a las personas, saber qué necesitan y apoyarlas. Cada uno tiene fortalezas distintas y eso nos permite armar un equipo y remitirnos casos con la tranquilidad de que estamos construyendo una red de apoyo laboral”.
El sello de la formación en La Sabana
Al reflexionar sobre los elementos que facilitaron la consolidación de su proyecto, ambas reconocen la impronta de su paso por la Universidad de La Sabana. “Resalto la formación humana. Hay un sello muy diferente: en las prácticas mis jefes me decían 'ustedes son muy cercanos a las personas'. A nivel académico, la preparación en clínica fue muy buena, con herramientas como el Hospital Simulado y la cercanía con los profesores, a quienes podías acercarte a pedir ayuda aun sin ver clase con ellos”, afirma Laura.
María Claudia también resalta la solidez técnica del programa: “La Universidad te da una rama que da completa seguridad, que son las terapias basadas en la evidencia, lo que te permite tener una estructura muy grande detrás de cada proceso de atención”, explica. Además, valora que descubrió que de su pasión también podría surgir un negocio: “al principio nos daba muy duro cobrar pero llegan personas que te hacen ver que tienes potencial para hacer de eso tu proyecto y, con él, servir a otros. Genuinamente, agradezco mucho haber pasado por estos principios”, concluye.
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