Belove: una empresa familiar que llevó el talento colombiano a Estados Unidos

Luisa Castillo, graduada de Administración de Empresas, creó una compañía de helados y galletas con la que ha proyectado la tradición y el talento de su familia. En cada postre, busca que sus clientes no solo disfruten de un buen sabor, sino que también experimenten emociones positivas.
En el corazón de todo lo que hace Luisa Castillo, graduada de Administración de Empresas, está el interés por impactar la vida de otros. Belove, una marca que evoca cómo los postres pueden conectar a las personas a través de las emociones, es la prueba de ello. Más que una empresa estadounidense dedicada a ofrecer helados y galletas, representa el trabajo de una familia unida por un propósito: llevar mensajes cargados de significado a sus consumidores.
La historia de este emprendimiento comenzó cuando Luisa decidió viajar a Estados Unidos para cursar una Maestría en Gestión del Emprendimiento en Barry University. El proyecto final del programa consistía en crear un negocio real, capaz de operar y obtener resultados tangibles. Junto a su esposo, quien estuvo involucrado desde la concepción de la idea, su inspiración surgió del legado de sus padres, quienes por años habían impulsado una marca de helados en Colombia. “Me pregunté cómo podía sacar adelante mi proyecto de la manera más efectiva y con el menor riesgo posible. Como mis papás habían trabajado toda su vida con helados, aproveché su experiencia para desarrollar una marca distinta, que conectara a las personas a través de los postres”, recuerda.
Desde el principio, los helados se distinguieron por incluir detalles que evocaban emociones positivas: una galleta en forma de corazón o un toque decorativo que hiciera el postre especial. Con el tiempo, decidieron acompañar cada producto con un mensaje breve y significativo: “Los papelitos dicen cosas como ‘eres especial’, ‘eres más que increíble’ o ‘estás hecho para crear grandes cosas’. La idea es que las personas no solo disfruten de un postre delicioso, sino que también reciban algo que les transmita un sentimiento”, explica.
Con el tiempo, lo que empezó como una heladería evolucionó hacia nuevas líneas de productos. Primero lanzaron la cookie dough (masa de galletas lista para hornear), que tuvo buena acogida con sabores como cookies & cream, caramelo salado, chispas de chocolate y chocolate belga. Aunque el producto logró posicionarse como una opción premium, pronto identificaron una oportunidad diferente: en los hospitales de su ciudad las alternativas de galletas empacadas eran limitadas. Así nació su nueva propuesta, con la que empezaron a ofrecer galletas horneadas individuales, disponibles tanto en otros puntos de venta como directamente en la tienda de Belove. “Hemos estado buscando expandirnos y explorar nuevos espacios donde podamos llevar nuestros productos”, cuenta la graduada.
Emigrar y emprender: dos sueños con un mismo camino
Belove le permitió a Luisa cumplir su sueño de construir una vida más allá de las fronteras de Colombia. Desde su época universitaria buscaba aprovechar oportunidades internacionales; la primera llegó cuando cursó un semestre académico en Brasil, y más tarde, la posibilidad de estudiar una maestría en Estados Unidos captó su atención.
Aun sin contar con los recursos necesarios para pagar el programa, dio un salto de fe: viajó a Miami con el apoyo de sus padres, confiando en que encontraría la forma de financiar el segundo semestre. Finalmente, logró acceder a una beca y trabajar como Graduate Research Assistant para cubrir sus gastos durante la Maestría. Además, aprovechaba cada espacio libre para desempeñarse en otros oficios, una muestra de que, como ella misma lo afirma, “vivir en este país es para personas valientes y trabajadoras”.
Tras su graduación, la empresa que había creado como proyecto académico le permitió optar por una visa de inversionista, un logro que aseguró su permanencia inicial en Estados Unidos. Más adelante, a través de su esposo, pudo obtener la ciudadanía, un paso que abrió la puerta para que sus padres y su hermano también pudieran radicarse en el país. Con su experiencia, conocimiento y entusiasmo, toda la familia se sumó al propósito de hacer crecer Belove.
Muy pronto, la familia Castillo comprendió las diferencias entre emprender en Colombia y hacerlo en Estados Unidos. Los retó, especialmente, la estructura laboral y las exigencias regulatorias. En su experiencia, mientras en Colombia un negocio puede contratar personal en sus primeras etapas, en Estados Unidos los costos iniciales y los salarios hacen que el crecimiento sea más gradual. Esto los llevó a asumir directamente la operación de su tienda durante los primeros años, una experiencia que, aunque exigente, fortaleció su compromiso con el proyecto y les permitió conocer cada detalle del negocio. A eso se sumaron los extensos procesos para la obtención de licencias y permisos, que retrasaron la apertura de la tienda y pusieron a prueba su paciencia y resiliencia. Pese a todo, hoy reconocen ese proceso como una verdadera escuela de aprendizaje y adaptación.
Ahora que su emprendimiento cumple su séptimo aniversario, Luisa mira atrás con orgullo. “Cuando pienso en todo el esfuerzo que he hecho y desde dónde vine, me sorprende ver lo que he logrado. Ahora solo pienso en crecer más para poder dar más”, asegura. La experiencia le ha enseñado que ser empresario, tanto dentro como fuera del país de origen, es un juego espiritual: “Cuanto más luches y más pongas de tu parte, cuanto más acción pongas en lo que deseas, los resultados llegan y la recompensa también”, afirma convencida.
Hoy, lo más satisfactorio para ella es poder crear oportunidades no solo para su familia, sino también para sus empleados. “Esa es una de las cosas que más me mueve, porque siento que uno vive para servir”, reflexiona. Ese enfoque, que combina visión empresarial y propósito humano, lo afinó durante su paso por la Universidad de La Sabana, donde, además de adquirir las bases necesarias para emprender, aprendió a darle sentido al trabajo como un medio para transformar vidas.
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