Estructurar la tradición: el desafío directivo detrás de Industrias Botero

Pocos meses después de haber adquirido su título como Ingeniera Industrial, María Camila Botero asumió el liderazgo de la compañía que su padre fundó hace más de 30 años. Su misión: seguir llevando a los artistas colombianos lienzos y acrílicos de calidad, mientras sistematiza la operación y eleva la productividad.
Entre el ruido de las máquinas cortadoras, el aserrín de los bastidores y el olor a acrílico fresco, María Camila Botero Cortés encontró un escenario para vivir su propósito profesional, encabezando el relevo generacional de Industrias Botero, una empresa familiar con más de tres décadas de trayectoria. Su visión directiva no se basa en tener todas las respuestas, sino en la capacidad de integrar diferentes áreas, aprender de la experiencia de su equipo y estructurar el futuro de la organización. “A lo que yo siempre me he querido dedicar es a hacer de todo un poco, a impactar para que se construyan cosas verdaderamente sostenibles”, afirma.
Esa visión fue el motor que la impulsó a tomar una decisión crucial al iniciar su vida laboral. Al terminar sus prácticas en Parmalat, que hace parte de una de las más grandes multinacionales de lácteos, se enfrentó a una disyuntiva: continuar haciendo carrera en el mundo corporativo o sumergirse en la fábrica que fundó su padre en 1992. Optó por la segunda opción, bajo un razonamiento pragmático: “Me di cuenta de que la única forma de aprender es practicando y estando ahí. Pensé: entre antes entre, antes voy a aprender; entre antes falle, antes corrijo y antes mejoro”.
Asumir la responsabilidad como método de aprendizaje
Llegar a una pyme de 20 empleados fue un cambio notable. De la estructura de la multinacional pasó a un entorno donde los manuales de funciones se desdibujan ante las necesidades del día a día. Inicialmente, su objetivo era enfocarse en la planta para optimizar los procesos de producción y evitar los faltantes de inventario. Sin embargo, el plan cambió muy pronto. Mientras su padre le cedió gradualmente el liderazgo de la compañía a sus hijos, su hermano optó por dedicarse a nuevos proyectos. Eso la llevó a ella a asumir múltiples frentes.
Fue en ese momento cuando interiorizó una de sus lecciones más valiosas sobre el crecimiento profesional. En un mundo donde es popular la invitación a no tomarse nada personal, María Camila propone un paradigma opuesto: “La respuesta automática del ser humano ante una dificultad es decir: 'yo no sé cómo arreglar eso, no soy yo quien debe hacerlo'”, confiesa. “Pero la vida no es fácil y mantener una empresa tampoco. La oportunidad en sí misma te va dando las respuestas. Hay que tomar la responsabilidad o asumir las consecuencias de no hacerlo. Cuando enfrentas el reto, empiezas a indagar, a apoyarte en herramientas y te das cuenta de que nada es imposible”, reflexiona.
La clave para superar esos retos está en las preguntas que formula. Su padre le había señalado que “llevar una empresa es saber dirigir personas”. Hoy, que puede confirmarlo, cree que también se trata de ser capaz de construir conversaciones a través de las cuales sea posible comprender a profundidad la realidad de la compañía, cómo funcionan sus procesos y las necesidades de los colaboradores. En su visión, sólo a punta de buenas preguntas se construyen soluciones adecuadas. “Mi labor es recoger la información para luego estructurarla”, explica.
Esa misma mentalidad analítica y orientada a las soluciones le ha permitido transformar la manera en que el equipo enfrenta los obstáculos diarios. En lugar de desgastarse buscando culpables cuando un proceso falla o un pedido se retrasa, su enfoque es netamente resolutivo. “No se trata de centrarnos en quién se equivocó, sino de preguntarnos: ¿cómo vamos a evolucionar de aquí en adelante? Lo que verdaderamente importa es que el objetivo se cumpla”, enfatiza.
En esta etapa de su vida profesional, María Camila reconoce que su paso por la Universidad de La Sabana fue crucial para configurar la estructura mental que adquirió para enfrentar lo desconocido. Para ella, la universidad es un simulador de la vida real. “Allí aprendes a pensar, practicas cómo solucionar problemas. Si tienes un reto, buscas cómo resolverlo, con apoyo de profesores, investigando, pidiendo ayuda... En el trabajo es exactamente igual y más consecuente, si pensamos en retos como sacar un producto nuevo”, comparte.
Hoy, la visión de María Camila para la empresa familiar es clara. Sus grandes objetivos del año son la sistematización de inventarios, la creación de nuevos productos para sus distribuidores y, sobre todo, la maduración organizacional: lograr que los cargos dejen de depender exclusivamente de las personas y se conviertan en funciones estructuradas que permitan el crecimiento escalable de la compañía. En ese proceso, sigue construyendo su propio camino, demostrando que la verdadera innovación en una empresa tradicional comienza por la capacidad de su líder para aprender, escuchar y asumir la responsabilidad del futuro.
Artículos relacionados
La medicina estética: un camino para prevenir enfermedades
Consciente es el nombre del emprendimiento de Andrea Vanegas, graduada de la Facultad de Medicina. Desde hace 13 años, cuando puso en práctica esta iniciativa, su intención ha sido humanizar más la medicina estética, partiendo del propósito de asegurar la salud de los pacientes e impactar en ellos cuando se vean en el espejo.
>

CONTACTO
Tus comentarios y preguntas son importantes para nosotros. Diligencia este formulario y nos pondremos en contacto. También puedes venir a visitarnos y resolveremos tus dudas.