¿Quién es el Ayatolá de Irán y por qué tiene tanto poder?

El segundo hijo del asesinado líder iraní, Mojtaba Jamenei, fue nombrado recientemente como el nuevo ayatolá. ¿Qué labores ejecutará con su nuevo liderazgo y qué sigue para el régimen de Irán? Expertos responden.
Los ataques de Estados Unidos e Israel, que desataron la furia del país persa sobre países como Líbano, Arabia Saudita, Kuwait, Catar, Emiratos Árabes Unidos, no solo trajeron con sigo el derrotacomiento del ayatolá Alí Jamenei, de 86 años, que llevada en el poder 36 años; han supuesto cambios que si bien apuntan a la transición de un régimen que ha osado amenazar con desarrollos nucleares, se reconfigura con el nombramiento de un nuevo ayatolá.
Se trata de Mojtaba Jamenei, de 56 años, que fue nombrado y presentado como el tercer guía del sagrado sistema de la República Islámica de Irán (después Alí Jamenei y de Ruhollah Jomeini) tras el descenso de su padre y la votación de miembros de la Asamblea de Expertos, el máximo órgano clerical.
Si bien en los países occidentales, las entidades religiosas, no tienen un poder de gobierno, en los países islámicos existe un poder civil y un poder religioso. De ahí que la elección del nuevo ayatolá (figura que también existe en países como Irak, Líbano, Baréin y Pakistán) no sea poca cosa, mucho menos cuando se habla de una teocracia como la de Irán, es decir, un gobierno que se considera ejercido directamente por Dios.
“Los ayatolás son exclusivamente chiitas, principalmente del chiismo duodecimano (siglo XII). Es un título religioso de alto rango dentro de la jerarquía del clero chií (común en Irán e Irak) que significa 'señal de Dios'. Los sunitas no utilizan este término ni tienen esa estructura jerárquica. Se trata de expertos en estudios islámicos, jurisprudencia y moral dentro de la rama chiita. Mientras el chiismo (aprox. 10-15% de musulmanes) se concentra en Irán, Irak y Azerbaiyán, el sunismo es la rama mayoritaria (80-90%) y no cuenta con esta figura jerárquica”, explica el sacerdote Bernardo Estrada, jefe del Departamento de Teología de la Universidad de La Sabana y Doctor en Teología Bíblica.
Pero más allá de los conocimientos religiosos del nuevo ayatolá –se sabe que es un hombre con academia religiosa–, la figura posee una autoridad superior a la del presidente, teniendo la potestad de elegir ministros, supervisar el poder judicial y ejercer un control absoluto sobre las fuerzas armadas y los medios de comunicación.
“El Ayatolá tiene un gobierno sobre el país y además una Guardia revolucionaria (que existe desde la revolución iraní) con la que prácticamente obliga a la gente a hacer lo que desea. De ahí que en cierto modo el presidente Trump sostenga que se trata de un gobierno poco democrático”, agrega Estrada.
Además, el Consejo de Guardianes y la Asamblea de Expertos también se encuentran bajo su mando. Siendo el primero un órgano que vigila la legislación parlamentaria y cuyo poder permite que toda ley sea aprobada si y solo si, cuenta con su visto bueno. En cuanto a la Asamblea de expertos, se hace referencia al mismo órgano que lo elige, que compuesto por 88 miembros, todos ellos hombres con rango de mojtahed, supervisan teoricamente el desempeño del ayatolá.
Una diferencia histórica
¿Pero qué relación hay entre el ayatolá y el gobierno que se ejerce por Dios?
Si bien el ayatolá es una figura importante, tener este rol no implica que la persona sea necesariamente un descendiente de una divinidad. Se trata de una autoridad religiosa superior, un representante del conocimiento de los 12 profetas sucesores de Mahoma.
Lo anterior es coherente con la interpretaciónón del Corán del pueblo chiita.
“El mundo chiita piensa que toda la espiritualidad suní es una mala interpretación del Islam verdadero. Los chiitas son mucho más dogmáticos y tienden a mezclar más la política con la religión. Los sunitas creen en las sunnas, basan su identidad en ellas y siguen fielmente las enseñanzas, dichos, acciones y costumbres del profeta Mahoma, junto al Corán. La diferencia está en que los chiitas reconocen como herederos de Mahoma a los descendientes directos de Mahoma, es decir, los descendientes de Alí, el yerno de Mahoma casado con su hija Fátima. En cambio, los sunitas no creen en eso y ahí viene la discrepancia entre ambos”, explica el internacionalista Fernando Cvitanic, profesor de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Sabana.
Pero no es la única diferencia: el lado político también es relevante. De ahí que el experto también destaque que los ayatolás tienen una visión geopolítica del mundo y que sus principales enemigos sean Israel, Estados Unidos y el resto del mundo occidental a quienes consideran infieles.
“Irán estaba enriqueciendo uranio para tener una postura de negociación firme con Israel, pero nunca el régimen teocrático de Irán ha reconocido la legitimidad del Estado judío. Por lo tanto, es muy difícil negociar con alguien que uno no reconoce. Los países sunitas tampoco tienen las mejores relaciones con Israel, pero sí lo reconocen. Turquía reconoce Israel, Egipto reconoce Israel, Arabia Saudita quiere tecnología judía y los judíos quieren petróleo, o sea, ha primado más el pragmatismo. Además, la mayoría del mundo musulmán es sunita, el 80%, pero el mundo chiita está en Irak y en Irán”, señala Cvitanic.
La llegada de Mojtaba Jamenei, imprime la continuidad del régimen y la llegada de un hombre que de cara a la opinión pública se ve fuerte tras sobrevivir a los ataques de Estados Unidos y consolidarse como un conocedor de la oficina del Líder Supremo, un cargo que le permitió tejer redes de influencia directa sobre la Guardia Revolucionaria, las milicias Basij y en el que pudo sostener relación con los altos mandos militares.
De ese modo, pese a la paradoja de que la revolución iraní derrocó a la monarquía de sha, para que ahora, del mismo modo, Mojtaba Jamenei sea el heredero del poder de su padre, hay que considerar, en plabras de Cvitanic, que no todos los iraníes que atacan al ayatolá o al régimen islámico son partidarios de una vuelta a la monarquía, pues "esta no fue ajena ni a la corrupción ni a la violación de los derechos humanos".
En ese sentido y a pesar de los ataques de Trump y las más recientes amenazas de intensificar los bombardeos, lo que sí queda claro para algunos expertos es que “la democracia liberal no es compatible con el islam como lo entiende occidente”, agrega Cvitanic, de ahí que quede la incertidumbre de cómo sería el escenario a una transición democrática impuesta por los americanos.
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