La tierra que llora: el poemario que le da voz y rostro a las víctimas del conflicto

La primera obra de Laura Daniela Arriaga Bustos, ‘La tierra que llora’, llegó como uno de los estrenos de UniSabana Editorial. El poemario utiliza una metáfora botánica para narrar el dolor derivado del conflicto y la esperanza de que algún día la tierra pueda volver a germinar.
“Detente. Escucha. Bajo tus pasos, algo sigue crujiendo (...) Detente. Escucha: bajo nosotros hay una tierra que aún llora”. Con estas palabras, Laura Daniela Arriaga Bustos, graduada del programa de Comunicación Social y Periodismo de la Universidad de La Sabana, recibe al lector en su primera obra como poeta: ‘La tierra que llora’.
A lo largo de su formación como periodista, Laura tuvo la oportunidad de acercarse al conflicto armado a través de los archivos del Centro Nacional de Memoria Histórica, pódcast y relatos testimoniales de las víctimas. Además, contó con el acompañamiento y consejo del profesor Óscar Parra, profesor de la Facultad de Comunicación y director del proyecto Rutas del Conflicto.
Lo anterior, sumado a una trayectoria que inició desde muy joven, cuando sus padres decidieron inscribirla en un curso de escritura creativa en la Casa de la Cultura de Cajicá, hoy adquiere forma en un libro que plasma los sentimientos que quedaron atrapados en los años de violencia.
“La poesía permite hacer algo muy valioso: transformar los sentimientos en palabras. Para esas cosas que a veces no sabemos cómo explicar o que muchas personas no han tenido la posibilidad de expresar, la poesía permite dar voz a esas emociones que tanto piden salir", reflexionó la escritora.
Ahora, tras su primera publicación la autora ha decidido iniciar con un nuevo proyecto: la poesía de Lala. Allí se dedica a la creación literaria y lidera espacios de acompañamiento para quienes desean publicar sus propios libros o aprender a escribir.
La botánica como metáfora: una obra en cuatro tiempos
Como este libro surge de la necesidad de la autora por fusionar el rigor periodístico y la sensibilidad de los versos; no es una colección estática de poemas, sino un viaje narrativo que utiliza la naturaleza para explicar aquellos horrores difíciles de plasmar en palabras. Así, su lector no solo se informa sobre lo ocurrido en la guerra, sino que puede empatizar con las huellas emocionales que ha dejado en quienes han hecho parte de él.
En ese sentido, el poemario está compuesto por cuatro grandes secciones: desborde, erosión, savia y floración; cada una de ellas hace referencia a términos de la botánica, una rama de la biología dedicada al estudio científico de las plantas, hongos y algas.
Esto es importante porque en sus letras, Laura quiere mostrarle al lector cómo el conflicto armado de nuestra tierra, una que llora con cada muerte y acto violento, aún tiene esperanza pues como lo menciona en el su último poema “no debemos olvidar que, luego de que la tierra llora, siempre germina algo nuevo”.
Al final, este poemario, es un refugio personal y puente para compartir la esperanza que, tras un llanto amargo, siempre encontrará la forma de volver a florecer.
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