De Cartagena a Cannes: estudiantes de Comunicación Audiovisual y Multimedios llevarán su cortometraje al festival de cine más importante del mundo

Mientras miles de jóvenes cineastas alrededor del mundo sueñan con llegar algún día al Festival de Cannes, un grupo de estudiantes de Comunicación Audiovisual y Multimedios de la Universidad de La Sabana lo hará incluso antes de graduarse.
Su cortometraje de ficción vertical, A destiempo, fue seleccionado para proyectarse el próximo 17 de mayo en el Fantastic Pavilion del Marché du Film de Cannes, uno de los mercados cinematográficos más importantes del mundo y uno de los principales escenarios internacionales para la circulación, distribución y descubrimiento de nuevos talentos de la industria audiovisual global.
El proyecto nació durante la edición 65 del Festival Internacional de Cine de Cartagena de Indias (FICCI), como parte de Cartagena Fantastic Vertical Cinema, una iniciativa impulsada por Industria FICCI en alianza con Mórbido y AG Studios para promover nuevas narrativas audiovisuales de género en formato vertical con potencial de proyección internacional.
Lo que comenzó como una idea entre amigos que querían vivir el FICCI desde adentro terminó convirtiéndose en una experiencia que hoy les abre puertas internacionales, conexiones con productores y distribuidores de distintos países, y la posibilidad de proyectar su trabajo ante profesionales de la industria cinematográfica mundial.
El equipo estuvo conformado por María Paula Aguilar Melo, productora del proyecto; Laura Antonia Zambrano Ospina, guionista y directora; Nicolás Alberto Rey Cruz, director de sonido; Juan David Ramírez Mendivelso, director de fotografía; Moisés Soler Abril, montajista y colorista; Tomás Mejía Forero, asistente de dirección; y Santiago Rodríguez, encargado de efectos especiales.
Más allá de la proyección internacional, el logro representa el resultado de años de formación, creatividad, trabajo colaborativo y aprendizaje experiencial. También demuestra cómo las aulas pueden convertirse en espacios desde donde nacen proyectos capaces de trascender fronteras y conectar con la industria audiovisual global.
Un proyecto que nació de la curiosidad y la iniciativa
La historia comenzó semanas antes del FICCI, cuando el grupo de estudiantes decidió viajar por su cuenta a Cartagena para participar en el festival y acercarse a la industria cinematográfica.
Mientras organizaban el viaje, María Paula Aguilar Melo encontró la convocatoria de Cartagena Fantastic Vertical Cinema, una categoría enfocada en cortometrajes verticales de fantasía, terror, ciencia ficción y suspenso, creados específicamente para ser rodados en Cartagena.
“Nos reunimos y dijimos: queremos ir al FICCI, es una oportunidad muy importante para nuestras carreras. Después encontré la convocatoria y dijimos: lancémonos”, recuerda María Paula.
La iniciativa buscaba impulsar nuevas maneras de narrar historias en formatos contemporáneos adaptados a las dinámicas actuales de consumo audiovisual, especialmente en plataformas digitales y públicos jóvenes.
La convocatoria exigía enviar un guion original ambientado en Cartagena y pensado completamente para un formato vertical. Solo cinco proyectos serían seleccionados para participar en el proceso de producción.
El equipo decidió apostarle a la fantasía.
Laura Antonia Zambrano Ospina, estudiante de séptimo semestre y guionista del proyecto, escribió el libreto en apenas dos días. Inspirada por la historia y las leyendas de la ciudad amurallada, construyó un relato protagonizado por el fantasma del pirata Sir Francis Drake y una apuesta romántica que termina convirtiéndose en un juego fantástico entre las murallas de Cartagena.
“Pedían que Cartagena fuera protagonista de la historia. Me pareció muy interesante hablar sobre Sir Francis Drake, un personaje histórico muy ligado a la ciudad. Entonces construimos un corto simpático, fantástico y muy visual”, explica Laura.
Días después recibieron la noticia: habían sido seleccionados.
La confirmación llegó apenas un día antes del viaje a Cartagena. Sin tiempo suficiente para una gran preproducción y con recursos limitados, el equipo decidió asumir el reto.
“Fue un acto de fe”, recuerdan.
Un rodaje construido desde la creatividad y el trabajo en equipo
El cortometraje fue grabado durante tres días en Cartagena bajo condiciones completamente reales de producción. El equipo tuvo que resolver sobre la marcha aspectos técnicos, logísticos y creativos mientras recorría la ciudad buscando locaciones, gestionando tiempos y adaptándose al entorno.
Los estudiantes no contaban con grandes equipos de producción, actores profesionales ni infraestructura cinematográfica especializada. Muchas de las decisiones tuvieron que resolverse en cuestión de horas.
“Llegamos y no teníamos trípode, no teníamos iluminación y tampoco actores. Los actores fuimos nosotros mismos. Todo el vestuario se consiguió prácticamente un día antes de viajar”, cuenta María Paula.
El proyecto fue grabado completamente con un iPhone 16 Pro Max y herramientas profesionales de captura y postproducción. Sin embargo, más allá de la tecnología, el verdadero diferencial estuvo en la capacidad del equipo para transformar las limitaciones en oportunidades creativas.
Para Juan David Ramírez Mendivelso, director de fotografía del proyecto, uno de los mayores desafíos fue comprender cómo construir lenguaje cinematográfico en formato vertical.
“Estamos acostumbrados a pensar el cine horizontalmente. En vertical cambia completamente la composición, la lectura visual y la manera de construir los planos. Tuvimos que replantear todo desde el guion técnico”, explica.
Las condiciones del rodaje también implicaron resolver dificultades de sonido, iluminación y continuidad visual en espacios turísticos y abiertos de Cartagena. El viento, el ruido de la ciudad y la movilidad constante de personas obligaron a Nicolás, director de sonido, a adaptarse permanentemente.
“Cartagena tiene la cultura de pitar por todo”, comenta Nicolás entre risas. “Había ruido todo el tiempo, pero igual logramos construir un diseño sonoro completamente original. Toda la música del corto fue creada por nosotros”.
La experiencia exigió tomar decisiones rápidas, modificar planes constantemente y trabajar bajo presión, dinámicas propias de la industria audiovisual profesional.
Precisamente ahí radica una de las mayores fortalezas del proyecto: los estudiantes no solo pusieron en práctica conocimientos técnicos de cámara, montaje, sonido y guion, sino también habilidades de liderazgo, producción, trabajo colaborativo y resolución de problemas en escenarios reales.
Del aula a la industria audiovisual internacional
Detrás del logro hay una combinación de talento, disciplina y formación académica.
Los estudiantes coinciden en que las herramientas adquiridas durante la carrera fueron fundamentales para asumir un proyecto de esta magnitud. Desde las clases de fotografía y lenguaje audiovisual hasta talleres de ficción, escritura y producción, cada experiencia académica aportó elementos que hoy se reflejan en un proyecto con proyección internacional.
Laura, quien desde segundo semestre comenzó a publicar cuentos y columnas gracias al impulso de profesores como Angélica Villalba, asegura que la universidad le permitió descubrir y fortalecer su voz como escritora.
“Desde antes me gustaba escribir, pero ella fue quien me impulsó a trabajar más en eso y a pulirlo. En su clase escribí un cuento que después publicaron en ComSabana y luego en El Espectador. Desde ahí empecé a publicar más textos y columnas”, afirma.
También destaca el acompañamiento de profesores que han impulsado sus procesos creativos y profesionales más allá de las clases tradicionales.
Por su parte, Juan David reconoce que muchas de las herramientas técnicas que hoy utiliza nacieron en asignaturas como Fotografía, Lenguaje Audiovisual, Formatos y Taller de Ficción.
“Las clases me dieron bases muy importantes, pero también entendí que uno tiene que seguir aprendiendo por fuera. Leer, investigar, ver cine, practicar y equivocarse. Eso es lo que realmente te hace crecer”, asegura.
Ese equilibrio entre formación académica y exploración independiente terminó convirtiéndose en una de las claves del proyecto.
El resultado refleja el tipo de aprendizaje experiencial que promueve la Universidad de La Sabana: uno en el que el conocimiento trasciende el aula y se transforma en proyectos reales, con impacto tangible y alcance internacional.
Un paso hacia la industria global del cine
Tras finalizar el rodaje, el equipo tuvo apenas dos semanas para editar y finalizar el cortometraje.
La entrega se realizó en la madrugada del 5 de mayo.
Ese mismo día recibieron la noticia que cambiaría por completo la dimensión del proyecto: el cortometraje había sido seleccionado para proyectarse en el Fantastic Pavilion del Marché du Film de Cannes.
Dentro del Festival de Cannes, el Marché du Film es considerado uno de los mercados cinematográficos más importantes del planeta. Allí convergen productores, inversionistas, distribuidores, agentes de ventas, plataformas y nuevos talentos de más de 100 países.
El espacio no solo funciona como vitrina de exhibición, sino también como escenario para generar conexiones profesionales, impulsar proyectos y descubrir nuevas voces de la industria audiovisual.
El cortometraje de los estudiantes UniSabana hará parte de un showcase internacional junto a producciones de países como Estados Unidos, Turquía, México y Chile, compartiendo espacio con proyectos impulsados desde distintos escenarios de industria del FICCI y nuevos talentos del cine iberoamericano.
Para estudiantes de pregrado, llegar a este escenario representa una oportunidad extraordinaria.
Además de presentar su trabajo en un entorno altamente competitivo, tendrán acceso a espacios de networking, conversaciones con profesionales internacionales y posibilidades reales de visibilización para futuros proyectos.
“Éramos los únicos estudiantes entre muchos equipos profesionales. Había gente con muchísima experiencia y aun así llegamos hasta allá”, cuenta María Paula.
La participación en Cannes también fortalece el portafolio profesional de cada integrante del equipo y marca un precedente importante para futuras oportunidades académicas, laborales y creativas.
En una industria donde el networking y la visibilidad internacional pueden definir carreras enteras, experiencias como esta permiten que los estudiantes comiencen a construir conexiones globales desde etapas tempranas de formación.
Un mensaje para quienes sueñan con contar historias
Cuando hablan sobre lo que aprendieron durante el proceso, todos coinciden en una idea central: el diferencial estuvo en la curiosidad, la iniciativa y la decisión de salir a buscar oportunidades.
“Hay que ir más allá de decir: estudio en la mejor Facultad de Comunicación del país. Hay que buscar convocatorias, festivales, concursos y experiencias reales. Ese fue nuestro diferencial”, asegura Nicolás.
Para ellos, el crecimiento profesional ocurre cuando el aprendizaje académico se complementa con proyectos reales, participación en festivales y creación constante.
“No se queden solo con lo que les da una clase. Hay que salir a experimentar cómo funciona el mundo real”, afirma Juan David.
El equipo también resalta la importancia de construir redes creativas y aprender a trabajar colaborativamente.
“Nosotros ya habíamos trabajado juntos antes. Cada uno admira el trabajo del otro y sabemos que podemos confiar en nuestros equipos. Eso fue clave para lograr algo tan grande”, explican.
Hoy, mientras preparan su viaje a Francia y ultiman detalles para la proyección, siguen procesando lo que significa llegar a Cannes siendo todavía estudiantes.
Su historia demuestra que los grandes escenarios de la industria audiovisual no son exclusivos para quienes ya tienen años de trayectoria.También pueden ser alcanzados por estudiantes que se atreven a crear, a experimentar, a equivocarse y a creer en el poder de sus historias. Porque detrás de este cortometraje no solo hay un proyecto universitario. Hay un grupo de jóvenes que decidió no esperar a graduarse para empezar a construir su lugar en la industria audiovisual internacional.
Y ahora, esa historia —que comenzó con un guion escrito en dos días, un celular como cámara y tres jornadas intensas de rodaje en Cartagena— llegará a una de las vitrinas cinematográficas más importantes del mundo.
Una prueba de que el talento, la iniciativa y la formación adecuada pueden llevar a los estudiantes mucho más lejos de lo que imaginan. Incluso, hasta Cannes.
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