Especialistas que llevan alivio y dignidad a las regiones de Colombia

En un país donde el acceso a cuidados paliativos sigue siendo desigual, los graduados de la Especialización en Medicina del Dolor y Cuidados Paliativos de la Facultad de Medicina de la Universidad de La Sabana se han convertido en protagonistas de una transformación silenciosa. Desde Ibagué hasta Rionegro, de Villavicencio a Bucaramanga, y con proyección internacional en Europa, estos médicos llevan alivio, dignidad y acompañamiento integral a pacientes y familias, cerrando brechas que aún persisten en el sistema de salud colombiano.
La Facultad de Medicina de la Universidad de La Sabana ha asumido un compromiso: formar médicos especialistas en Medicina del Dolor y Cuidados Paliativos, que no solo trabajen en clínicas de alta complejidad, sino que lleguen a regiones y comunidades donde el acceso es limitado. Hoy, varios de sus graduados se convierten en rostros concretos de esa misión.
En Colombia, los cuidados paliativos siguen siendo un reto pendiente en el sistema de salud. Aunque la Ley 1733 de 2014 estableció que todo colombiano diagnosticado con una enfermedad crónica o terminal tiene derecho a este servicio, entendido como un acompañamiento integral desde lo físico, lo emocional y lo espiritual, la realidad en las regiones sigue siendo desigual.
Según el Observatorio Colombiano de Cuidados Paliativos, el país cuenta con apenas 0,2 servicios por cada 100.000 habitantes, pero cerca de 200.000 pacientes anuales tienen condiciones que los harían aptos para recibir cuidados paliativos, de los cuales solo un 30 % accede realmente a esos servicios. Ciudades como Bogotá concentran gran parte de la oferta (1,5 servicios por cada 100.000 habitantes), mientras que en departamentos como Vaupés, Guainía o Amazonas no hay un solo servicio disponible.
Más allá de las cifras, son ellos quienes mejor cuentan esta historia
En Ibagué, Alejandrina del Pilar Martínez atiende en el Hospital Federico Lleras Acosta y en la Clínica Internacional de Alta Tecnología en Cáncer (Clinaltec). Allí, entre diagnósticos oncológicos y enfermedades avanzadas, su labor no se limita a la medicina: acompaña a las familias en la toma de decisiones difíciles y garantiza que la dignidad del paciente sea el centro del cuidado.
En Rionegro (Antioquia), Laura Jimena Prada ha hecho del cuidado integral su bandera. En la Clínica Somer y a través de INCODOL en el oriente antioqueño, combina la hospitalización, la consulta externa y la atención domiciliaria. Además, desde el Comité de Ética, aporta a que los servicios se ofrezcan con transparencia y humanidad.
Ximena Rodríguez Cardona, desde la Unidad de Cuidado Paliativo del Hospital Pablo Tobón Uribe en Medellín, garantiza que pacientes con enfermedades complejas accedan a tratamientos adecuados para el manejo del dolor. Su labor clínica se complementa con la docencia en la Universidad EIA, donde contribuye a formar a las nuevas generaciones de médicos en un campo en el que aún persisten brechas significativas en el país.
Claudia Jimena Cárdenas Rey fortalece el cuidado paliativo en la Clínica Oncológica Colsubsidio y la Clínica La Colina en la capital, y extiende su labor a la Unidad Ambulatoria de Alta Complejidad en Villavicencio, donde acompaña a pacientes con enfermedades de gran complejidad.
Por su parte, Daniela Seija Butnaru combina su ejercicio clínico entre la Clínica Colsubsidio 127 en Bogotá y UNIDHOS IPS en Bucaramanga, ampliando así el acceso a estos servicios en dos ciudades clave del país.
"No basta con que existan leyes; necesitamos que se apliquen en cada territorio, que el acceso sea real."
Desde Medellín, Lennis Jazmín Bedoya Muñoz ha encontrado un camino que integra clínica y docencia: trabaja en INCODOL, la Clínica CES y la Clínica CAFAM, atendiendo tanto a pacientes oncológicos como no oncológicos, y formando a residentes, internos y fellows en la disciplina.
En Manizales, Juan Camilo Sánchez Flórez trabaja en el Hospital de Caldas y en Vivessalud Eje Cafetero. Desde allí, lidera procesos que fortalecen el cuidado humanizado y el abordaje integral del dolor en pacientes con enfermedades críticas o terminales. Su labor ha permitido consolidar los cuidados paliativos como un servicio esencial en la región cafetera, donde aún persisten brechas en el acceso a este tipo de atención.
En Cali, Angélica del Mar Claros Hulbert integra el equipo transdisciplinario de la Clínica de Occidente, donde promueve un acompañamiento médico centrado en la dignidad y el bienestar del paciente. Además, ejerce como profesora en la Pontificia Universidad Javeriana, sede Cali, contribuyendo a la formación de nuevos profesionales que entienden el cuidado paliativo como un compromiso ético y humano con quienes enfrentan enfermedades limitantes.
En el ámbito internacional, Juan Esteban Correa representa la proyección global de la Especialización. Tras una estancia de investigación en el University College of London, hoy es investigador asociado en la Universidad Internacional de Cataluña y coordina el estudio Raphael, financiado por la Unión Europea, que busca reducir desigualdades en el acceso a cuidados paliativos a nivel mundial.
Un país en deuda con el alivio del dolor
A pesar de los avances, los retos son enormes. Según la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (INCB), citada por el Observatorio Colombiano de Cuidados Paliativos, el consumo per cápita de morfina en Colombia es de apenas 6,5 mg al año, muy por debajo del promedio mundial. En departamentos como Vaupés o Chocó, el acceso a opioides para el control del dolor es prácticamente nulo. En contraste, regiones como Antioquia o Bolívar presentan consumos más cercanos a los estándares internacionales, gracias en parte a la presencia de especialistas que fortalecen estos servicios.
"En Colombia hay políticas públicas y servicios especializados, pero son insuficientes. La inequidad entre las regiones hace que un paciente con cáncer en Guainía tenga que viajar a Bogotá para acceder a un tratamiento, con todo el costo emocional y económico que eso implica."
Nuestro objetivo: formar para transformar
Desde la Facultad de Medicina, la estrategia ha sido clara: incluir formación en cuidados paliativos en pregrado, implementado desde el año 2006, impulsar la investigación desde el Observatorio Colombiano de Cuidados Paliativos y ofrecer un programa de especialización que en pocos años ha graduado a médicos que hoy trabajan en distintos rincones del país y el mundo.
El impacto de estos profesionales es doble: los pacientes reciben una atención más humana y oportuna y, al mismo tiempo, los graduados ayudan a cerrar brechas en un sistema de salud que todavía no garantiza plenamente el derecho a vivir y morir sin dolor.
"Cada consulta es una oportunidad para dignificar la vida del paciente y la de su familia."
En Medellín, Lennis Bedoya insiste en que la docencia es clave:
"Formar residentes e internos es asegurar que el cuidado paliativo no dependa solo de unos pocos especialistas."
Y, desde Barcelona, Juan Esteban Correa recuerda que la política pública también debe avanzar:
"No basta con que existan leyes; necesitamos que se apliquen en cada territorio, que el acceso sea real."
Sus voces coinciden en un reto común: consolidar redes regionales, formar más profesionales en medicina, enfermería y psicología, y lograr que las políticas de cuidado paliativo dejen de ser letra muerta para convertirse en realidades tangibles en cada rincón del país.
Como lo muestran los graduados en cada uno de sus testimonios, el cuidado paliativo no es solo una técnica médica: es un acto de humanidad que cruza fronteras, conecta regiones y transforma vidas.
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