Myga: pastelería con esencia colombiana

Juan Andrés Páez, graduado de Gastronomía, creó Myga, un emprendimiento que explora nuevas formas de llevar los frutos colombianos al mundo de la pastelería.
Las plazas de mercado en Bogotá reúnen colores y variedades de frutas que reflejan la riqueza y biodiversidad del territorio colombiano. Juan Andrés Páez, graduado del programa de Gastronomía, descubrió en ellas una oportunidad para experimentar desde la pastelería.
De allí surgió un desafío profesional: demostrar que el verdadero potencial de la gastronomía local no está en replicar de forma exacta las técnicas o recetas extranjeras, sino en otorgarle visibilidad y valor a la biodiversidad de su propio país. “Me empecé a cuestionar cómo podía llevar a otro nivel los productos colombianos, logrando otros sabores sin necesidad de copiar la pastelería europea”, confiesa. De esa inquietud nació Myga, un emprendimiento independiente en el campo de la pastelería.
Atraído originalmente por el arte y el diseño, su perfil creativo y sensible por la estética encontró en las cocinas del programa de Gastronomía de la Universidad de La Sabana un espacio de realización. “Yo soy muy creativo y en ese sentido quería buscar algo relacionado con el arte, que me gusta mucho”, explica.
Fue justamente en su carrera donde se despertó una atracción particular por los productos y platos nacionales. “En las clases, conociendo la historia de nuestro país, descubriendo todo lo que tenemos y por qué es importante la tradición de las comidas de nuestras madres y abuelas, se despertó mi amor por la gastronomía colombiana”, recuerda Juan.
Por eso, en su último semestre, decidido a encauzar su habilidad en la pastelería hacia la identidad local, ingresó a realizar sus prácticas profesionales en Afluente, un restaurante de reconocido entre los mejores de Latinoamérica. Allí perfeccionó su visión sobre la trazabilidad de los insumos y la experimentación culinaria, entendiendo cómo lograr combinaciones de sabores auténticos sin necesidad de copiar propuestas extranjeras.
Esa experiencia fue clave para empezar a trabajar en un proyecto que ya resonaba en su cabeza desde las aulas: quería tener su propio emprendimiento. Mientras construía la marca, buscó un concepto que representara a este territorio. Explorando el lenguaje chibcha, encontró la expresión “my ga”, que significa “despertarse”. El nombre terminó condensando dos ideas que buscaba unir: una referencia sonora a la pastelería y un guiño al origen indígena del altiplano.
Combinando su antigua pasión por el diseño con la gestión de la marca, asumió la identidad visual de Myga, la producción en redes y la selección de una paleta cromática vibrante que emulara el color de las calles colombianas, su cultura diversa y su gente.
En esa misma línea, empezó a explorar cómo innovar a través de su producto. De sesiones de prueba y error, surgió la icónica tarta de limón mandarino, las galletas de mambe, el brazo de reina de uchuva y hasta un merengón que integra feijoa, papayuela, curuba y pepino dulce, entre muchos otros postres que traducen al lenguaje de la pastelería sabores ancestrales.
La respuesta de sus consumidores le confirmó que esa apuesta tenía sentido. Entre quienes prueban sus creaciones se repite una reacción: la sorpresa de descubrir frutas poco habituales en la pastelería bogotana. “La gente dice mucho: ‘me encantó. No sabía que esta fruta se podía usar en un postre y está muy rico’”, comenta Juan Andrés, quien asegura que uno de los aspectos que más disfruta de su trabajo es compartir con otros su conocimiento sobre los frutos nacionales y sus orígenes.
En este punto, para Juan uno de los mayores desafíos es que toda la operación de su compañía repose sobre sus hombros. Asume de manera simultánea el rol de pastelero, encargado de compras, decorador, repartidor y gestor de mercadeo. Mientras tanto, para dar a conocer sus postres y conseguir sus primeros clientes sin incurrir en los altos costos logísticos que suponen los grandes eventos, Juan Andrés ha optado por participar en ferias institucionales y públicas gratuitas, entre ellas la XXI Semana de Innovación y Emprendimiento de la Universidad de La Sabana.
Hoy, Myga es para Juan Andrés la prueba de que innovar no siempre implica mirar hacia afuera: también puede significar volver la mirada al territorio para descubrir nuevas posibilidades. En ese camino, reconoce que la formación práctica de su carrera le dio herramientas para convertir una idea en una propuesta real y llevarla al encuentro con el público. “No me dio tanto miedo aventurarme, porque al final muchos proyectos de muchas materias eran crear un producto y detrás meter la investigación”, destaca el graduado, valorando el aporte que le dio la Universidad para encauzar su emprendimiento.
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