Empleos verdes en Colombia: así lideran 4 graduados de La Sabana la sostenibilidad empresarial

Los empleos verdes en Colombia ganan terreno a medida que el sector financiero, el productivo y el de consumo masivo exigen profesionales capaces de integrar la sostenibilidad empresarial en sus decisiones estratégicas.
Ana María Palomares Gutiérrez, graduada de la Especialización en Gerencia de Proyectos con Enfoque en Habilidades Directivas de la Universidad de La Sabana, encabeza hoy estrategias de financiamiento climático en instituciones multilaterales. Junto a ella, otros tres graduados, Juan Camilo Padilla, Karina Benito y Ferney Díaz, ocupan roles de liderazgo en distintas industrias, incorporando criterios ambientales y sociales en decisiones capaces de transformar negocios y territorios.
Su trayectoria ejemplifica cómo la formación en gerencia de proyectos y habilidades directivas se traduce en metodologías capaces de conectar el rigor financiero con la protección de los ecosistemas.
Hoy, la trayectoria de Ana María, Juan Camilo, Karina y Ferney, quienes provienen de diferentes unidades académicas, encarnan lo que la Organización Internacional del Trabajo (OIT) define como empleos verdes: puestos laborales orientados a preservar o restaurar el medio ambiente, una categoría que la OIT prevé que generará 24 millones de nuevas plazas a nivel mundial para el año 2030 si se aplican las políticas adecuadas para promover una economía más verde.
Quienes desempeñan estos cargos buscan aumentar la eficiencia en el consumo de energía y materias primas, limitar las emisiones de gases de efecto invernadero, proteger los ecosistemas y asegurar la resiliencia frente al cambio climático.
Se trata de reestructurar los procesos internos de las compañías para que la sostenibilidad sea la base de la operación. Es allí, en el núcleo de la estrategia, donde nuestros graduados, desde sus diferentes organizaciones y sectores económicos, buscan ofrecer una respuesta real a las necesidades del planeta.
Finanzas climáticas: multiplicando el impacto regional
Desde Washington D. C., trabajando para el BID Lab, Ana María Palomares Gutiérrez se encuentra en uno de los espacios que hoy resultan más determinantes para la sostenibilidad: el sector financiero, donde se decide hacia dónde fluye el capital que transforma a las industrias.
Ana María es ingeniera química y ambiental, su carrera inició desde una aproximación técnica. Durante sus primeros años trabajó en sostenibilidad industrial, gestión ambiental y posteriormente lideró proyectos de investigación enfocados en el desarrollo de tecnologías para el monitoreo de contaminantes, experiencia que derivó en la coautoría de dos patentes de base electroquímica para medición de calidad de agua y aire en tiempo real.
Con esa experiencia, más adelante llegó al sector financiero como líder de Sostenibilidad Ambiental en Davivienda, donde asumió un rol estratégico orientado a medir y gestionar el impacto ambiental del banco y de su portafolio, incorporando criterios de sostenibilidad en decisiones de financiamiento, abastecimiento y transición climática en cinco países de América Latina.
Allí impulsó iniciativas como un modelo de compras sostenibles para una red de más de 2.600 proveedores y empezó a traducir indicadores ambientales en decisiones de negocio, gestión de riesgos y estrategia corporativa.
Posteriormente, tras cursar una Maestría en Energía y Sostenibilidad en la Universidad de Northwestern, llegó a BID Lab, donde encontró una escala distinta para generar transformación. Allí participa en el diseño e implementación del Impact Enhancement Program, una iniciativa que acompaña fondos de inversión, startups y pequeñas y medianas empresas de América Latina y el Caribe para incorporar métricas socioambientales dentro de sus decisiones de crecimiento.
Su trabajo consiste en construir metodologías, asesorías e incentivos para que las organizaciones integren variables de clima y naturaleza, reducción de pobreza y vulnerabilidad, diversidad y equidad de género dentro de su estrategia de negocio. En la práctica, esto significa ayudar a medir riesgos ambientales, establecer criterios para financiar proyectos, desarrollar nuevos productos y servicios e incorporar incentivos económicos que aceleren transformaciones reales.
"Los recursos naturales son la base sobre la que funcionan las empresas. Si no incorporamos eso en las decisiones de negocio, eventualmente la sostenibilidad financiera también se verá afectada."
— Ana María Palomares, Senior Climate, Nature, Environmental and IMM Advisor en el BID Lab
Uno de los proyectos que Ana María desarrolla actualmente ilustra este enfoque: en alianza con un fondo regional en la Amazonía, con alcance en Colombia, Perú y Brasil, trabaja en la estructuración de esquemas financieros que reducen progresivamente las tasas de interés para pequeños productores que implementen prácticas de agricultura regenerativa y conservación del agua.
La lógica es la siguiente: cuando proteger los ecosistemas también fortalece el desempeño económico, la sostenibilidad deja de depender exclusivamente de la voluntad individual y empieza a integrarse en los modelos productivos.
"La sostenibilidad tiene una variable económica y no es solamente cuidar el medio ambiente. Los recursos naturales son la base sobre la que funcionan las empresas. Si no incorporamos eso en las decisiones de negocio, eventualmente la sostenibilidad financiera también se verá afectada", explica.
Para Ana María, ese alcance transversal es lo que vuelve transformador su rol actual. "Mi trabajo es ser propagadora de impacto: tener el conocimiento, compartir herramientas y lograr que otras organizaciones empiecen a replicarlo", comenta.
En su visión, cuando una entidad multilateral, como el BID, fortalece las capacidades de sus clientes para incorporar criterios de sostenibilidad dentro de sus decisiones estratégicas, el efecto deja de quedarse en una organización y empieza a amplificarse a través de los sectores, las cadenas productivas y los territorios donde esas decisiones terminan materializándose.
La triple cuenta: impactos sociales, ambientales y económicos
Después de dos décadas trabajando en sostenibilidad, Juan Camilo Padilla Ortiz ha visto evolucionar la conversación empresarial. Cuando comenzó su carrera, los temas ambientales y sociales solían concentrarse en pequeñas áreas especializadas; hoy, asegura, el objetivo es modificar la manera en que operan las organizaciones para crear impacto.
Proteger los ecosistemas también fortalece el desempeño económico, es así como la sostenibilidad deja de depender exclusivamente de la voluntad individual y empieza a integrarse en los modelos productivos.
Juan Camilo es graduado de Administración de Empresas de la Universidad de La Sabana y es el actual gerente de Sostenibilidad de Alquería, ha construido una trayectoria atravesando diversos sectores, entre los que se incluyen el petrolero, el consumo masivo y los cosméticos. En todos ellos, su ejercicio ha estado atravesado por una misma pregunta: cómo generar crecimiento económico mientras se crea valor ambiental y social.
Uno de los hitos más representativos de ese recorrido ocurrió durante su paso por Natura, la reconocida empresa de perfumes, skincare y cosméticos, donde lideró para la región andina una plataforma de abastecimiento basada en ingredientes naturales provenientes de la Amazonía colombiana y peruana. El modelo permitió conectar conservación ambiental con oportunidades económicas para comunidades recolectoras y continúa generando impacto años después de su implementación.
Desde hace cuatro años, ese aprendizaje lo llevó a Alquería, donde asumió el desafío de acelerar una visión de sostenibilidad impulsada desde la alta dirección y convertirla en decisiones concretas dentro del negocio.
Bajo su liderazgo, la compañía ha incorporado un modelo de ganadería sostenible dentro de su cadena de abastecimiento y ha avanzado en una iniciativa para medir la pobreza multidimensional dentro de su cadena de valor. Con base en ella, han desarrollado acciones orientadas al cierre de brechas y al fortalecimiento de proveedores.
A esto se suma una apuesta por ampliar los límites de la economía circular mediante investigaciones que impulsen la innovación. Por ejemplo, actualmente el equipo de Juan Camilo estudia el desarrollo de nuevas proteínas a partir de insectos como respuesta a futuros retos de alimentación.
En su criterio, estos avances reflejan una transformación más profunda en el mundo del trabajo:
"Hoy, hablar de empleos verdes es encontrar en investigación y desarrollo cargos específicos para la economía circular y desarrollo de ecoempaques, por ejemplo. Asimismo, está el equipo de operaciones que tiene el reto de hacer más con menos."
— Juan Camilo Padilla Ortiz, gerente de Sostenibilidad de Alquería
Desde su experiencia, la sostenibilidad ya no se limita únicamente a una lógica ambiental, sino que está determinada por culturas corporativas orientadas a mejorar el desempeño económico, elevar el impacto social y la eficiencia operativa.
Esto se materializa en personas dedicadas a reducir consumos de agua y energía, equipos que rediseñan procesos productivos, áreas financieras que estructuran líneas de crédito verde y decisiones de inversión que incorporan riesgos climáticos y bienestar humano.
Analizando el ciclo de vida para transformar la operación
Para Karina Benito Garzón los proyectos ambientales tienen un límite claro: si no están conectados con cómo funciona una planta, difícilmente logran transformar una organización. Karina es graduada de la Especialización en Gerencia de Producción y Operaciones de la Universidad de La Sabana y actual coordinadora de Sistemas de Gestión y Medio Ambiente en Alianza Team. En su trayectoria, ha concluido que el éxito de las estrategias de sostenibilidad no está en el proceso productivo, sino en incorporar sus criterios desde el diseño mismo de los productos y las decisiones operativas.
Esa visión tomó forma en uno de los proyectos más relevantes que ha liderado durante los últimos años: el desarrollo y automatización de una herramienta para medir la huella de carbono por producto bajo un enfoque de ciclo de vida "de la cuna a la puerta".
Más que calcular emisiones, el ejercicio implicó entender el recorrido completo de cada producto: qué materias primas utiliza, cuánta agua consume, qué fuente energética emplea, cómo se transporta y qué impacto genera en cada etapa de la cadena.
"Calcular la huella con enfoque de ciclo de vida requirió entender de inicio a fin cómo funcionan los productos y conocer profundamente la operación."
— Karina Benito Garzón, coordinadora de Sistemas de Gestión y Medio Ambiente en Alianza Team
Hoy, esa herramienta permite que equipos de investigación y desarrollo incorporen criterios ambientales antes de formular nuevos productos y tomen decisiones sobre abastecimiento, consumo energético, logística y materiales de empaque desde etapas tempranas.
Para Karina, ese es un ejemplo de cómo se construye la sostenibilidad dentro de las organizaciones: no desde iniciativas aisladas ni desde una sola área, sino desde la capacidad de movilizar equipos completos alrededor de objetivos compartidos.
"Aliados somos más", afirma, retomando una de las premisas que orienta el trabajo en Alianza Team. En su experiencia, los avances ambientales solo se vuelven sostenibles cuando las personas se sienten parte del proceso y entienden cómo sus decisiones cotidianas inciden sobre el resultado final.
Ciencia del comportamiento al servicio de la conservación
Quince años en el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) Colombia le permitieron a Ferney Díaz Castañeda llegar a una conclusión que hoy orienta su trabajo: el éxito de la comunicación no se mide por cuántas personas reciben un mensaje, sino por cuántas modifican efectivamente sus decisiones.
Desde su rol como coordinador de Prácticas y Consumo Sostenible en WWF Colombia, el graduado de Comunicación Social y Periodismo de la Universidad de La Sabana trabaja para traducir grandes desafíos ambientales en cambios concretos en la cotidianidad. Su enfoque se apoya en la ciencia del comportamiento, una disciplina que estudia cómo las personas toman decisiones y qué condiciones facilitan, o dificultan, adoptar prácticas más sostenibles.
En una organización global como WWF, explica Ferney, esto implica priorizar aquellos problemas donde una intervención puntual puede producir efectos significativos sobre retos ambientales de gran escala. Bajo esa lógica, metas amplias como reducir emisiones, conservar biodiversidad o disminuir el desperdicio de alimentos se convierten en posibles estrategias para las empresas, cadenas de abastecimiento y dinámicas de consumo.
Por eso, más que diseñar campañas masivas de sensibilización, su equipo acompaña organizaciones para identificar dónde se originan los comportamientos que sostienen un problema y qué cambios tienen mayor probabilidad de modificarlo.
Uno de los frentes donde más ha trabajado es la reducción del desperdicio de alimentos, una meta global que busca disminuir en un 50 % las pérdidas y desperdicios, y que exige intervenir múltiples momentos del sistema alimentario: producción, comercialización y consumo, integrando a diferentes grupos de interés clave para lograrlo.
Con WWF Colombia desarrolla estrategias construidas sobre tres variables: motivación, condiciones del entorno y capacidad de acción. En la práctica, esto implica observar, por ejemplo, cómo compran las personas, entender qué barreras enfrentan y rediseñar pequeños momentos dentro de la experiencia de consumo para reducir pérdidas. La diferencia está en cómo se mide el resultado:
"No estamos evaluando cuánto entendió la gente. Estamos mirando cuánto alimento dejó de dañarse."
— Ferney Díaz Castañeda, coordinador de Prácticas y Consumo Sostenible en WWF Colombia
Con ese enfoque en el impacto real y basados en el análisis de datos, el graduado lidera desde Colombia metodologías del comportamiento que hoy sirven como referente estratégico para la gestión ambiental en toda la región.
El factor humano como eje del desarrollo
Más allá de las particularidades de sus industrias y especialidades técnicas, los cuatro perfiles convergen en un rasgo identitario común que atribuyen a su paso por las aulas de la Universidad de La Sabana: la impronta de un enfoque humanista integral y la capacidad metodológica para encarar la complejidad del entorno real.
Karina Benito, por un lado, valora cómo las herramientas gerenciales de la especialización le permitieron "bajar a la tierra" las proyecciones ambientales, traduciéndolas en eficiencias operativas concretas dentro de las plantas de producción.
En esa línea, Ana María Palomares resalta el carácter marcadamente práctico e interactivo de las clases, donde metodologías basadas en proyectos y resolución de retos fortalecieron su capacidad para estructurar iniciativas, presentar propuestas en entornos directivos y sostener conversaciones estratégicas con distintos actores del negocio. En su experiencia, esa habilidad ha sido determinante para movilizar proyectos de alto impacto y convertir objetivos de sostenibilidad en decisiones capaces de escalar dentro de organizaciones complejas.
Esa capacidad de conectar visión con ejecución también aparece en la experiencia de Juan Camilo Padilla, quien identifica en la formación de la Universidad una ventaja diferencial para los profesionales de sostenibilidad: entender que el impacto solo ocurre cuando las estrategias logran traducirse en transformaciones reales para las personas.
"Ser administrador de empresas me ha permitido en mi carrera presentar ideas, lograr materializarlas y hacerlas realidad, mezclando mi propósito con el deseo genuino de impactar."
— Juan Camilo Padilla Ortiz, gerente de Sostenibilidad de Alquería
Asimismo, Ferney Díaz inscribe el valor de su alma mater en la solidez ética y la responsabilidad comunicativa:
"Haber crecido en un entorno donde los valores son importantes me parece fundamental. En mi caso, me enseñaron que la comunicación es una responsabilidad. Porque la información, al final, es un poder y los valores te dictan cómo usarlo correctamente para que las cosas pasen."
— Ferney Díaz Castañeda, coordinador de Prácticas y Consumo Sostenible en WWF Colombia
Empleos verdes · Alumni Sabana
Los rostros detrás de la transformación
Cuatro graduados de la Universidad de La Sabana lideran hoy estrategias de sostenibilidad desde el sector financiero, el productivo, el industrial y la comunicación ambiental.

Vocación desde la niñez

Veinte años en sostenibilidad

Sostenibilidad de planta

Comunicación con propósito
A través de sus trayectorias, estos graduados evidencian que construir un futuro más sostenible exige profesionales capaces de conectar estrategia, innovación y sentido humano para transformar organizaciones desde adentro. Sus experiencias muestran que los grandes desafíos ambientales también son oportunidades para rediseñar modelos de desarrollo, generar valor compartido y ampliar el impacto positivo sobre la sociedad y el planeta. Pero también dejan una idea más profunda: los empleos verdes son una forma distinta de ejercer cualquier profesión, entendiendo que cada decisión puede contribuir a construir organizaciones más resilientes y un desarrollo más sostenible.
ODS que impacta
- Trabajo decente y crecimiento económico
- Producción y consumo responsables
- Acción por el clima
Por: Alumni Sabana
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