Servicio, vocación y comunidad: los graduados de ILFARUS se reencontraron para visibilizar el cuidado de la familia

Graduados de distintas promociones y programas del Instituto Latinoamericano para la Familia (ILFARUS) se reunieron para visibilizar el trabajo que están realizando en favor de los vínculos afectivos en Colombia y Latinoamérica, en una jornada donde se entregó la primera edición del Reconocimiento al Fortalecimiento Familiar.
El conocimiento tiene el poder de transformarse en una herramienta para servir a los demás. Así se evidenció en el Encuentro de Graduados del Instituto Latinoamericano para la Familia (ILFARUS), que se llevó a cabo el sábado 26 de septiembre en el campus de la Universidad de La Sabana.
El reencuentro, que estuvo enmarcado en un espacio de brunch, no solo permitió estrechar lazos entre colegas, sino también conocer de primera mano la labor que diez graduados están desarrollando en distintos escenarios para proteger, cuidar y consolidar los vínculos afectivos en los hogares colombianos y de Latinoamérica. Sus aportes fueron presentados en el contexto del Reconocimiento al Fortalecimiento Familiar, una iniciativa concebida para visibilizar proyectos sistemáticos e innovadores liderados por la comunidad de graduados.
La idea era destacar proyectos que trascienden el asistencialismo y buscan rodear a los hogares de herramientas para afrontar las dinámicas del mundo contemporáneo. “La formación universitaria no termina con un título: se prolonga con lo que cada graduado hace con todo aquello que aprendió”, señaló Brenda Rocha, directora de ILFARUS, refiriéndose a estas iniciativas postuladas. “Por eso, esta mañana celebramos el compromiso, la perseverancia, la innovación y sobre todo servicio. Celebramos a personas que decidieron convertir el conocimiento en acción y su formación en una oportunidad para servir a otros”, aseguró.
Innovación social desde la empresa
El reconocimiento fue otorgado a María Amparo Torres, graduada de la Maestría en Asesoría Familiar y Gestión de Programas para la Familia, actual presidenta de la Fundación Parque Jaime Duque, y quien, además, se desempeñó hasta el año pasado como integrante del Comité Central de Graduados.
Desde la Fundación Parque Jaime Duque, María Amparo ha impulsado una estrategia integral basada en la idea de que cuidar la estabilidad familiar es indispensable para prevenir problemáticas sociales complejas. Bajo su liderazgo, la organización ha desplegado líneas de acción que abarcan desde escuelas de padres en el sector rural y alianzas con entidades territoriales, hasta el programa Dejando Huellas, una guardería que apoya a los colaboradores del parque que no cuentan con redes de apoyo.
Asimismo, la fundación se consolidó como el primer parque temático a nivel mundial en certificarse como Empresa Familiarmente Responsable (efr), promoviendo la conciliación laboral y personal. “Con el proceso de la Maestría, aprendí tantas cosas que traté de hacer algo en cada una de las áreas, pero destaco particularmente el proceso de acreditación efr, que es una de las banderas que mueve el ILFARUS. Creo que es algo muy importante porque ha beneficiado a muchas familias que trabajan con nosotros en el parque. La idea es ser una empresa consciente que favorezca el equilibrio familiar, personal y laboral”, expresó la graduada.
Además, destacó las iniciativas de sus compañeros: “Para mí y para la institución que represento es un honor muy grande recibir esta distinción, porque hay muchas personas haciendo grandes cosas por la familia. Para nosotros es parte de nuestro ADN como empresa porque creemos que hay que trabajar por los hogares y que todavía nos queda mucho camino por recorrer”.
De hecho, María Amparo también reflexionó sobre la urgencia de posicionar el cuidado de las familias en la agenda pública y corporativa, haciendo un símil con el cuidado del planeta: “Si hablamos de trabajar por el medio ambiente porque está en peligro, la gente lo entiende muy fácil, es evidente la necesidad, pero cuando decimos que trabajamos por familia, la gente no entiende mucho. Al investigar un poco, se evidencia que la familia también está en crisis y necesita ser empoderada, darle las herramientas que necesita para florecer y seguir adelante en un mundo cada vez más cambiante”.
En este sentido, hizo un llamado especial a las organizaciones de todos los sectores, para sumarse en iniciativas como estas. “Al final, las empresas están compuestas por personas. Creo que cada vez es más importante que estemos más conscientes de esa responsabilidad familiar empresarial y, así como trabajamos por diferentes causas, hay que mirar al interior y apostar por las personas que trabajan con nosotros y por todo su grupo familiar”.
Un sello de formación orientada a la persona
La experiencia de María Amparo refleja el sello formativo que los graduados de ILFARUS llevan a sus campos de acción, donde el enfoque antropocéntrico y los principios éticos se traducen en una manera distinta de ejercer la profesión.
Para Carolina Rueda Noriega, estudiante de la Maestría en Negociación, Conciliación y Mediación en Asuntos de Familia y graduada de la Especialización en Desarrollo Personal y Familiar, ese pilar ha sido determinante en su ejercicio diario: “El enfoque de la Universidad en lo antropológico, de valores y principios ha marcado fundamentalmente el camino en mi vida personal y profesional. Por eso, me siento muy agradecida de haber podido llegar a estudiar aquí”.
En el trabajo comunitario, este enfoque cobra una dimensión preventiva y restauradora frente a las realidades del país. Aleida Gantiva, graduada y gestora de proyectos en la Fundación Apego, compartió cómo las herramientas metodológicas aprendidas en la Universidad han fortalecido sus intervenciones en territorio: “Las herramientas de trabajo en antropología filosófica, en planeación y en gestión han apoyado a muchísimos hogares”. Y añadió: “Creo que ILFARUS tiene un faro muy alto, que es seguir fortaleciendo a las familias para que sigan creando comunidades con humanidad compartida, y más en nuestro país, donde se han sufrido diferentes situaciones de violencia”.
El reencuentro dejó en los asistentes no solo la satisfacción de volver al campus, sino la certeza de pertenecer a una red activa de transformadores sociales. Como lo sintetizó Helen Danies, volver a la Universidad significó “volver a ver personas que hace mucho no veía y conocer a otras personas que están impactando el mundo, así como yo”; una idea con la que coincidió Sneyder Basto, miembro del Comité Central de Graduados: “Es un evento donde se retoman amistades, se conocen experiencias y uno se alimenta de lo que han vivido nuestros compañeros”.
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