Azul Celestial: el arte de encender emociones

Andrea Romero, graduada de Comunicación Social y Periodismo, es la creadora de Azul Celestial, una empresa que ofrece detalles hechos a partir de cera de soja, con fragancias y figuras capaces de despertar emociones.
Una colita robusta, la textura de la nariz, el relieve de los ojos y una fragancia con potencial para activar la memoria. Esos fueron los detalles que una mujer costarricense con discapacidad visual logró descifrar con la punta de los dedos al sostener una de las piezas moldeadas en cera de Azul Celestial. La mujer había viajado a Colombia con el propósito de encontrarse con su perro lazarillo, un golden retriever entrenado para convertirse en sus nuevos ojos. Al palpar la figura artesanal, que replicaba con precisión la fisonomía de la raza de su futuro compañero, la emoción transformó el espacio. En ese instante, ni ella ni su acompañante necesitaron ver, para comprender el valor de lo que tenían entre manos; bastaron el tacto y el olfato para conectar con una experiencia profunda que culminó en un encargo masivo destinado a Costa Rica.
Para Andrea Romero, graduada de Comunicación Social y Periodismo, esa escena en medio de una feria comercial significó la validación más pura del propósito de su marca. También representó la confirmación de una premisa que hoy defiende con convicción: su taller no produce velas comunes, sino souvenirs, recuerdos y detalles de diseño concebidos para transmitir emociones.
El valor de la diferencia
Detrás de este propósito existe una historia. Tras una sólida trayectoria de 17 años vinculada a los medios de comunicación, Andrea decidió dar un paso al costado para volcar su atención a los retos de la adolescencia de su hijo y establecerse junto a su familia en la sabana de Bogotá. El cambio de entorno, lejos de apagar su dinamismo, activó una faceta que siempre había considerado un pasatiempo: el deseo de crear e innovar de forma independiente.
Su camino en el emprendimiento formal comenzó con un proyecto de reutilización textil al que llamó Azul Celestial, enfocado en el aprovechamiento del denim (tela de jean) para confeccionar carteras, agendas y cosmetiqueras, buscando mitigar el impacto ambiental de este material. Aunque esa iniciativa se vio frenada por las contingencias de la pandemia, Andrea no se dio por vencida y transformó el aislamiento en un aula de preparación. A través de las capacitaciones del Centro de Emprendimiento e Innovación de la Universidad de La Sabana y la Alcaldía de Cajicá, entre otras entidades, se adentró en la estructura de los planes de negocio y la gestión administrativa.
Fue en ese periodo de búsqueda cuando descubrió en la cera de soja un lienzo propio que le permitía desarrollar sus creaciones sin depender de la tercerización. Hoy, ese es el corazón de Azul Celestial, una compañía que mantuvo su identidad de marca pero dio vida a una nueva línea de productos que Andrea lidera junto a su socia, la ingeniera Lyda Patricia Segura.
“La misma vela no la hacemos dos veces; nuestro molde no es solo para hacer una vela, es para hacer un recuerdo”, explica Andrea. Ese factor diferencial sostiene la identidad del negocio mediante tres dimensiones integradas: una decoración exclusiva; un estímulo sensorial basado en fragancias seleccionadas para activar la nostalgia; y una propuesta de sostenibilidad post-uso, dado que los contenedores se fabrican artesanalmente en yeso con rostros y texturas, pensados para transformarse en cofres o materas una vez que la cera se consume. Con este sello, su catálogo abarca desde piezas personalizadas hasta su producto estrella, “Las manos de Dios”, una delicada escultura utilitaria en yeso concebida como un detalle de condolencia que perdura en el tiempo cuando las palabras no alcanzan.
Esta identidad visual es tan marcada que, en las ferias donde se presentan, los transeúntes suelen acercarse intrigados, confundiendo las piezas con esculturas de cerámica antes de descubrir el pabilo oculto. Es esa misma exclusividad la que permite que sus clientes recurrentes identifiquen la marca en cualquier escenario, atraídos por la singularidad de los acabados o por los detalles especiales diseñados para fechas como la época navideña.
El rigor de la producción detrás del diseño
Andrea ha logrado aplicar la rigurosidad de su experiencia en el campo de la producción audiovisual al ecosistema empresarial. Para ella, sacar adelante un negocio comparte la misma lógica que la de un proyecto para televisión: considera la elaboración de presupuestos estrictos, la cotización minuciosa de insumos, el control de costos y la búsqueda de proveedores estratégicos. De allí que para ella resultara natural pasar de los medios al emprendimiento.
Recientemente, tras culminar el programa de capacitación para mujeres emprendedoras liderado por la Universidad de La Sabana y el centro comercial Fontanar, Andrea y Lyda consolidaron la esencia de su narrativa empresarial. Entendieron que, más allá de la técnica manual, su rol es el de ser guardianas de la memoria y los afectos de sus clientes. Con la mira puesta en perfeccionar sus técnicas, Andrea refleja el espíritu de los graduados de La Sabana: profesionales capaces de transformar sus competencias académicas en proyectos con un profundo sentido de conexión humana.
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