Hablar bajo con Parkinson: el cerebro podría explicarlo

Cerca del 90 % de las personas con enfermedad de Parkinson presenta alguna alteración en la voz o el habla. Una de ellas es la hipofonía, una disminución en la intensidad de la voz que suele aparecer desde etapas tempranas de la enfermedad. Una investigación doctoral de un profesor de la Facultad de Ciencias del Comportamiento de la Universidad de La Sabana encontró evidencia de que la hipofonía podría estar relacionada con la manera en que el cerebro procesa la propia voz.
Durante años, esta alteración se entendió principalmente como una consecuencia de los problemas motores propios del Parkinson. El estudio plantea una explicación diferente y abre nuevas posibilidades para evaluar y abordar las dificultades de comunicación asociadas con la enfermedad.
Una explicación distinta para la voz baja
La investigación se titula Mecanismos de retroalimentación sensitiva en la intensidad de la voz de pacientes con enfermedad de Parkinson. Correlatos neurofisiológicos. Su autor es Carlos Cárdenas Palacio, investigador y profesor de la Facultad de Ciencias del Comportamiento, quien encontró nuevas pistas para comprender la hipofonía.
El temblor, la rigidez y la lentitud de los movimientos suelen ser algunas de las manifestaciones más reconocidas del Parkinson, pero la enfermedad también puede afectar la voz y el habla. Según el estudio, las personas con Parkinson no hablarían más bajo únicamente porque sus músculos responden de manera distinta, sino porque los mecanismos que les permiten escucharse y regular el volumen de su voz podrían estar funcionando de forma diferente.
Cómo se comparó a 28 participantes
Se comparó a 28 participantes: 13 personas con enfermedad de Parkinson y 15 personas sanas. Los grupos fueron equiparables en aspectos como la edad, el sexo y la sensibilidad auditiva.
Los participantes realizaron pruebas para evaluar la calidad de la voz, la percepción de su volumen y su capacidad para ajustar la intensidad al escuchar diferentes referencias. Además, mediante una resonancia magnética funcional en estado de reposo, se analizó la conectividad entre regiones cerebrales relacionadas con la emisión de la voz.
Resultados: dificultades al escuchar la propia voz
Los participantes con Parkinson podían ajustar sin dificultad el volumen cuando imitaban la voz de otra persona, pero encontraban dificultades cuando la referencia era su propia voz. Así lo explica Carlos Cárdenas Palacio:
“Ellos no tenían problema para aumentar la voz cuando escuchaban la voz de otra persona. El problema aparecía cuando tenían que aumentar el volumen escuchando su propia voz”.
La diferencia es relevante porque, al hablar, las personas utilizan constantemente la información que reciben de su propia voz para regular su intensidad. El profesor Cárdenas lo describe así:
“Nosotros regulamos el volumen de la voz según cómo nos escuchamos. Si sentimos que hablamos muy duro, bajamos la intensidad; si sentimos que hablamos muy bajo, la aumentamos. En las personas con Parkinson encontramos dificultades precisamente cuando esa referencia era su propia voz”.
Esta perspectiva permite comprender la hipofonía como un problema de integración sensoriomotora, en el que intervienen tanto el movimiento como la información auditiva y la propioceptiva. Esta última permite al cerebro reconocer la posición y los movimientos del propio cuerpo; en el habla, por ejemplo, ayuda a percibir dónde están la lengua, la mandíbula y otros órganos que participan en la producción de la voz.
También se encontraron otras alteraciones en la calidad de la voz de los pacientes, relacionadas con la aspereza, el escape y la tensión. Estas características presentaron diferencias frente al grupo de personas sanas y podrían tener un componente predominantemente motor relacionado con la actividad de la musculatura laríngea. Así, la hipofonía no sería necesariamente la única alteración de la voz asociada con el Parkinson, y los resultados plantean que algunos cambios en la calidad de la voz puedan aparecer incluso antes de que la disminución de la intensidad sea evidente, una hipótesis que requiere ser estudiada en investigaciones posteriores.
Qué puede cambiar en la evaluación y la rehabilitación
Si la disminución del volumen de la voz no depende únicamente de una alteración motora, los procesos de evaluación y rehabilitación podrían considerar también cómo el paciente percibe y procesa la información que recibe al escucharse hablar. Actualmente, las principales escalas clínicas utilizadas para evaluar el Parkinson se concentran en síntomas relacionados con el movimiento y dedican poco espacio a las alteraciones de la voz y el habla.
Para el profesor Cárdenas, esa aproximación deja por fuera información sobre la experiencia comunicativa de los pacientes:
“Las medidas que hoy en día evalúan el habla en Parkinson son muy generales. No incluyen el componente sensitivo, ni auditivo, ni somestésico relacionado con el habla”.
A partir de los resultados, la investigación plantea que futuras evaluaciones podrían incorporar pruebas para comprender cómo las personas perciben el volumen de su propia voz. También propone incluir componentes auditivos y propioceptivos en las estrategias de rehabilitación, lo que permitiría caracterizar de manera más completa las alteraciones de la voz y desarrollar intervenciones que no se concentren únicamente en aumentar el volumen, sino también en mejorar la forma en que el paciente recibe y utiliza la información sensorial mientras habla.
Estos hallazgos también ayudan a comprender por qué algunos tratamientos dirigidos a los síntomas motores del Parkinson no han mostrado la misma efectividad frente a la hipofonía.
La hipofonía como posible marcador en etapas iniciales
Los participantes con Parkinson se encontraban principalmente en etapas iniciales de la enfermedad. A pesar de su bajo nivel de severidad, ya presentaban alteraciones relacionadas con la voz y con la forma de procesar la información de su propia voz. Esto abre una pregunta para futuras investigaciones: si estos cambios aparecen en etapas tempranas, ¿podrían convertirse algún día en un marcador clínico que contribuya a reconocer la enfermedad antes de que sus manifestaciones sean más evidentes?
El profesor Cárdenas plantea esta posibilidad con cautela:
“Eso hace suponer [la hipofonía] como un síntoma de los inicios del Parkinson y como un posible marcador conductual, que eventualmente podría indicar que una persona desarrollará la enfermedad. Esa es una hipótesis que tendremos que seguir investigando”.
Por ahora, los resultados no permiten utilizar la voz como una herramienta para diagnosticar el Parkinson. Sí aportan nuevas preguntas sobre cuándo comienzan las alteraciones de la voz y qué relación tienen con los mecanismos cerebrales involucrados en la percepción y regulación del habla.
La experiencia de los participantes
Además de los resultados científicos, el proceso permitió acercarse a una dimensión de la enfermedad que suele pasar inadvertida. Los participantes asistieron a las diferentes jornadas de evaluación y aportaron su tiempo para realizar pruebas de voz, audición y resonancia magnética funcional.
Para el profesor Cárdenas, esa experiencia también permitió comprender que detrás de cada resultado existe una persona que enfrenta desafíos que no siempre son visibles:
“Uno cree que esos movimientos los hacemos de manera automática y que los demás también pueden hacerlo igual. Pero no es así. Esta investigación nos permite acercarnos un poco más a la realidad que viven ellos”.
Comprender la hipofonía desde esta perspectiva implica mirar más allá del volumen de una voz. Una dificultad que parece sencilla desde afuera podría estar relacionada con procesos complejos en los que intervienen el movimiento, la audición y la percepción del propio cuerpo.
La investigación abre una nueva línea para comprender uno de los síntomas menos visibles del Parkinson y plantea la necesidad de escuchar no solo lo que una persona dice, sino también la manera en que su cerebro recibe y regula su propia voz. Detrás de una voz que suena más baja puede existir una experiencia neurológica mucho más compleja de lo que alcanza a percibirse a simple vista.
Datos de contacto
Carlos Cárdenas Palacio (carlos.cardenas@unisabana.edu.co), profesor de la Facultad de Ciencias del Comportamiento.
Créditos: El texto original fue publicado en la edición 1759 de Campus Periódico y escrito por David Felipe Cuesta.
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