De la vid al saber: el libro que recoge historias detrás del aprendizaje experiencial en UniSabana

Durante los últimos nueve años, la Universidad de La Sabana ha transformado la manera en que miles de estudiantes aprenden dentro y fuera del aula. Hoy ese recorrido quedó plasmado en De la vid al saber: historias de aprendizaje experiencial que transforman, un libro que reúne 16 experiencias de profesores que, a través de proyectos, retos reales, comunidades y empresas, han convertido el aprendizaje en una experiencia de transformación para estudiantes, docentes y sociedad.
La publicación fue presentada en el marco del II Congreso Internacional de Aprendizaje Experiencial y nace con un propósito que trasciende las fronteras de la Universidad: compartir con otras instituciones las prácticas que han consolidado a la Universidad como uno de los referentes de aprendizaje experiencial en Colombia y Latinoamérica.
"Como Universidad estamos para servir más y mejor. Durante años muchas instituciones nos han preguntado qué estamos haciendo para mejorar la empleabilidad, fortalecer competencias y obtener mejores resultados académicos. Este libro busca poner ese conocimiento al servicio de la educación superior", explica Catalina Chica, directora de Currículo de la Universidad de La Sabana.
Nueve años transformando la forma de aprender
Aunque varias facultades ya incorporaban experiencias prácticas en sus procesos formativos, hace aproximadamente nueve años la Universidad decidió impulsar de manera institucional el aprendizaje experiencial como eje del diseño pedagógico.
La apuesta buscó reducir la distancia entre la formación universitaria y los retos del mundo profesional, incorporando metodologías que permitieran a los estudiantes aprender enfrentándose a problemas reales.
Hoy, cerca del 80% de los profesores implementan metodologías de aprendizaje experiencial en sus clases, una transformación que, según Catalina Chica, también ha contribuido a fortalecer competencias que posteriormente se reflejan en indicadores como la empleabilidad de los graduados y los resultados en pruebas como la Saber Pro.
Pero detrás de ese porcentaje existen historias concretas: profesores que modificaron sus clases, estudiantes que asumieron nuevos roles y comunidades que participaron en procesos de aprendizaje con impactos que van más allá del aula.
Distintas formas de aprender haciendo
El aprendizaje experiencial no responde a una única metodología. En la Universidad de La Sabana, esta apuesta se concreta en diferentes estrategias pedagógicas que llevan al estudiante a enfrentarse con situaciones, preguntas y problemas que trascienden los contenidos tradicionales del aula.
Entre ellas se encuentran el aprendizaje basado en retos, el aprendizaje basado en proyectos y otras metodologías que conectan el conocimiento con contextos reales, pero cada uno plantea una manera diferente de vivir la experiencia educativa.
En el aprendizaje basado en retos, por ejemplo, los estudiantes se enfrentan a una situación o problema real que requiere comprender el contexto, plantear alternativas y construir una respuesta. El reto funciona como punto de partida para movilizar conocimiento y desarrollar habilidades mientras se busca una solución.
El aprendizaje basado en proyectos, por su parte propone un proceso más prolongado de construcción. Los estudiantes trabajan alrededor de una pregunta, necesidad o problemática y desarrollan un producto, propuesta o solución concreta, integrando diferentes conocimientos durante el camino.
La diferencia no está únicamente en la actividad que realiza el estudiante, sino en la manera en que se estructura su proceso de aprendizaje. Mientras un reto puede movilizar al estudiante a responder ante una situación específica, un proyecto implica recorrer un proceso de planeación, investigación, creación y evaluación para llegar a un resultado.
A estas metodologías se suman otras experiencias que aparecen en el libro y que involucran el trabajo con empresas, comunidades, proyectos de proyección social y escenarios profesionales, en los que los estudiantes deben trasladar lo aprendido a contextos donde sus decisiones tienen consecuencias reales.
En todos los casos, el elemento común es que el estudiante deja de ocupar un papel exclusivamente receptivo y se convierte en protagonista de una experiencia en la que debe actuar, tomar decisiones, equivocarse, ajustar y reflexionar sobre lo aprendido.
Esta diversidad metodológica también explica por qué el aprendizaje experiencial no puede entenderse simplemente como "hacer actividades diferentes en clase". Su propósito es diseñar experiencias con una intención pedagógica clara, en las que la práctica, la reflexión y el conocimiento se conecten para generar aprendizajes más profundos y significativos.
Cazar historias para inspirar a otros
El libro comenzó mucho antes de escribirse.
Después del primer Congreso Internacional de Aprendizaje Experiencial, la Dirección de Currículo lanzó una convocatoria denominada "Cazadores de historias", invitando a los profesores a compartir experiencias que evidenciaran cómo habían transformado sus clases mediante metodologías experienciales.
"Recibimos cerca de 60 historias. Lo más difícil fue escoger únicamente 16 porque había muchísimas experiencias valiosas y queremos seguir contándolas en futuras publicaciones", recuerda Catalina.
La selección consideró varios criterios: que cada experiencia mostrara la transformación del estudiante, del profesor y de la comunidad; que contara con evidencia del impacto alcanzado y que permitiera reconstruir la historia junto a sus protagonistas.
Así, el reto dejó de ser únicamente seleccionar buenas experiencias pedagógicas. También fue necesario encontrar una manera de contarlas para que otras personas pudieran comprenderlas, recordarlas y sentirse inspiradas por ellas.
¿Por qué hablar de vino para contar historias de educación?
Uno de los elementos que más llama la atención del libro es su título y la narrativa que acompaña cada capítulo.
La construcción de esta narrativa partió de una idea del rector y tomó forma a partir del trabajo conjunto entre diferentes integrantes de la Universidad. Con las historias ya seleccionadas, la profesora Adriana Guzmán, de la Facultad de Comunicación, asumió el reto de encontrar un hilo narrativo que permitiera conectarlas.
"La idea fue pensar en aquellos procesos que en la industria requerían tiempo, cuidado y paciencia. Y empecé a ver varios ejemplos y me gustó mucho el proceso de elaboración del vino", explica Adriana.
La metáfora no surgió de un conocimiento previo sobre viticultura. Adriana reconoce que sabía muy poco sobre el proceso de elaboración del vino y que, para construir la propuesta, consultó libros y artículos especializados y se apoyó en herramientas de Inteligencia Artificial.
El verdadero desafío llegó después: encontrar la manera de adaptar cada una de las 16 experiencias a las diferentes etapas del proceso de elaboración del vino.
A través de esa narrativa, el libro compara la maduración del vino con el proceso formativo que viven los estudiantes, profesores y comunidades cuando participan en experiencias reales de aprendizaje.
Uno de los puntos de conexión más poderosos está en la diversidad de las uvas y, por extensión, en la diversidad de quienes aprenden.
"Todos los vinos no saben igual, así tengan fórmulas exactas, pues una uva nunca es igual que la otra. Un estudiante nunca es igual al otro, así que a pesar de lo que tú hagas, por parecido que sea, no va a llegar a todos de la misma manera", explica Adriana.
Esta idea permite entender que el aprendizaje experiencial tampoco consiste en aplicar una receta idéntica a todos los estudiantes.
"Siempre, cada una es distinta y tengo que pensar qué quiero lograr con esa uva. Quizá esa uva no pueda lograr el mejor vino, pero sí un buen vino y tal vez, distinto y de buen gusto", añade.
Cada historia muestra que la transformación no ocurre únicamente en quien aprende, sino también en quien enseña y en quienes participan de los proyectos desarrollados.
Del aula a la historia
Transformar las experiencias académicas en relatos también implicó un ejercicio de storytelling. Para Adriana, formada en el periodismo, el desafío está en encontrar aquello que hace que una experiencia trascienda los datos y pueda conectar emocionalmente con quien la lee.
"Cada vez el reto es más grande porque no podemos contar siempre lo mismo y de la misma forma. A mí me encanta conocer detalles, las luchas de las personas para lograr sus propósitos", afirma.
Su mirada periodística permitió acercarse a las experiencias desde sus protagonistas: conocer los retos que enfrentaron, las decisiones que tomaron, los cambios que experimentaron y aquello que hizo que cada proyecto fuera diferente.
"Siempre confirmo esa vocación de periodista a la que nunca he renunciado", agrega.
De esa manera, el libro no se limita a presentar metodologías. Cuenta lo que ocurre cuando esas metodologías entran en contacto con personas, problemas y contextos reales.
Mucho más que un libro
Además de las experiencias de los profesores, esta segunda edición incorpora capítulos que amplían la mirada sobre el aprendizaje experiencial.
Entre ellos se encuentran reflexiones sobre el aporte de la proyección social, la relación entre neurociencia y aprendizaje, y un análisis sobre cómo estás metodologías fortalecen un aprendizaje más profundo y significativo.
La intención es que la publicación se convierta en una colección que continúe creciendo con cada edición del Congreso Internacional de Aprendizaje Experiencial.
Además, el libro busca que estas experiencias puedan servir como punto de partida para que otros profesores e instituciones conozcan, adapten y desarrollen sus propias prácticas de aprendizaje experiencial.
Una invitación a transformar la educación
Para Catalina Chica, el libro también busca inspirar a quienes aún no han incorporado estas metodologías en sus procesos de enseñanza.
"El aprendizaje experiencial transforma a los estudiantes, transforma a los profesores y transforma a las comunidades. Hoy el profesor ya no es únicamente quien transmite conocimiento; ahora acompaña al estudiante para que sea protagonista de su propio proceso de aprendizaje."
Esta transformación también implica reconocer que no existe una única fórmula para enseñar o aprender. Así como cada uva tiene características diferentes y requiere condiciones particulares para convertirse en vino, cada estudiante llega al aula con experiencias, capacidades y necesidades distintas.
Por eso, De la Vid al saber no solo recopila buenas prácticas. También invita a que más docentes, estudiantes e instituciones descubran una forma de aprender que conecta la teoría con la realidad y demuestra que las experiencias pueden convertirse en uno de los motores más poderosos de transformación educativa.
Como el vino, la transformación requiere tiempo, conocimiento, experimentación y cuidado. Pero también personas, contextos y experiencias que hacen que cada resultado sea único.
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