Carnaval de Negros y Blancos: la investigación de La Sabana que midió sus emociones por primera vez en Colombia

El Carnaval de Negros y Blancos de Pasto, declarado por la Unesco como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, es uno de los rituales colectivos más significativos de Colombia, donde el arte en movimiento activa emociones de autotrascendencia que la ciencia apenas comienza a medir. Comprender qué ocurre psicológica y socialmente durante esta celebración, y por qué su arraigo supera al de tradiciones similares estudiadas en la India, China o España, era una pregunta sin respuesta cuantitativa en el país.
Camilo Rincón Unigarro, profesor de la Facultad de Ciencias del Comportamiento de la Universidad de La Sabana, lideró la investigación Art in movement, art as movement: Collective action and collective gathering for intangible cultural heritage sustainability para responderla. El estudio combinó 59 entrevistas y 403 encuestas a artistas y permitió comprender el Carnaval como un movimiento social sostenido por la propia comunidad artística, donde son los colectivos, y no únicamente las instituciones, quienes deciden qué se preserva, cómo se innova y qué prácticas deben mantenerse vivas.
La motivación de Rincón Unigarro no nació de la tradición ni de la nostalgia. Durante su formación académica encontró descripciones de emociones de autotrascendencia que le resultaron extrañamente familiares, y esa intuición se convirtió en punto de partida académico. Más allá de los datos, la investigación también permitió reconocer cómo el Carnaval ha cambiado desde su inscripción en la Unesco, con dimensiones que superan por completo las de hace dos décadas y con artistas, familias y colectivos que se han convertido en portadores activos del patrimonio.
"Yo sí había sentido esa emoción, exactamente así, y siempre tenía que ver con el Carnaval."
Camilo Rincón Unigarro, profesor de la Facultad de Ciencias del Comportamiento de la Universidad de La Sabana
A esto se suman técnicas heredadas de las fallas de Valencia, una fiesta española elaborada alrededor de grandes esculturas satíricas, que transformaron la manera de concebir las carrozas. Pero lo más significativo es la forma en que artistas, familias y colectivos se han convertido en portadores activos del patrimonio.
La emoción como evidencia
Comprender el Carnaval también implica entender lo que la gente siente cuando lo vive. Uno de los hallazgos más llamativos tiene que ver con esas experiencias emocionales profundas que emergen en medio del evento. Camilo relata un momento que lo marcó:
"En la salida del desfile del 6 de enero, aún de noche, llega a la concentración una murga de metales. Cuando comienzan a ensayar estremecen la calle, una música muy fuerte, y yo siento que miles de personas gritan al unísono. En medio de ese estruendo, mi sensación fue como si se parara el tiempo y hubiera un silencio absoluto, como si todos estuviéramos suspendidos y callados siendo testigos de lo mismo. Sintiéndonos igual."
Camilo Rincón Unigarro, profesor de la Facultad de Ciencias del Comportamiento de la Universidad de La Sabana
Esa reacción, conocida como efervescencia colectiva, producida por la emoción autotrascendente del asombro maravillado, evidencia cómo lo individual se diluye en la experiencia común y genera transformaciones difíciles de replicar en otros contextos. Y esa vivencia no es solo anecdótica: los datos la respaldan.
Además, la investigación permitió identificar cinco resultados clave que ayudan a entender por qué el Carnaval tiene un impacto tan profundo en quienes lo viven.
Cinco resultados clave
La participación en el Carnaval tiene rasgos propios de la acción colectiva: se construye desde la identidad grupal y la creencia de que juntos es posible cambiar algo, sin estar impulsada por emociones negativas como el enojo, el miedo o la injusticia; algo que los investigadores no esperaban encontrar.
Estas formas de acción colectiva se conectan con lo que ocurre dentro del encuentro mismo: la identidad situada, entendida como la percepción de quiénes somos, está profundamente arraigada y es moldeada por nuestro contexto específico; la sincronía emocional y la experiencia compartida predicen la efervescencia colectiva, esa sensación de transformarse con otros.
Por primera vez, de forma cuantitativa en Colombia, se evidenció que participar del Carnaval y vivir esa efervescencia está asociado con emociones autotrascendentes intensas, mayor identificación con la región y el país, un aumento del bienestar psicológico, creatividad y una lectura más positiva del clima social. Es un hallazgo histórico.
Las entrevistas revelan que los portadores encuentran en el Carnaval mucho más que una fiesta: es un espacio de salvaguarda, construcción de paz, tejido social, experiencia trascendente e identidades que combinan lo local y lo global.
El estudio también deja abierta una tarea pendiente: medir estos procesos a lo largo del tiempo. Aunque se observaron cambios antes y después del Carnaval, las mediciones se hicieron en momentos y con grupos distintos. Queda mucho por explorar sobre sus efectos sostenidos.
Aprendizaje más allá del desfile

Esta transformación no ocurre solo durante el desfile. Talleres, mentorías, escuelas infantiles como el Carnavalito y aprendizajes informales permiten que niños, jóvenes y adultos desarrollen habilidades artísticas y culturales. Para muchos, estos espacios representan la posibilidad de construir un proyecto de vida en un entorno que a veces ofrece pocas oportunidades. Y no solo aprenden quienes participan: el público también se educa al interpretar trajes, símbolos y elementos que narran la identidad nariñense.
La investigación abre, además, un camino hacia la formulación de una política pública basada en evidencia. Identificar qué prácticas fortalecen el bienestar, qué colectivos necesitan mayor acompañamiento y qué experiencias generan cohesión permitirá tomar decisiones más informadas para la salvaguarda del patrimonio. Para la Universidad de La Sabana, este trabajo ha sido un proceso prolongado, en contacto directo con los portadores del patrimonio en la ciudad de Pasto.
El Carnaval de Negros y Blancos, visto desde esta lente, es mucho más que un desfile colorido. Es un espacio de renovación identitaria, una plataforma de bienestar emocional y una fuerza social que une a una ciudad que lucha contra adversidades profundas. El estudio muestra que el arte en movimiento no solo embellece, sino que sostiene, conecta y transforma. Y es justamente en esa mezcla de memoria, creatividad y emoción compartida donde este patrimonio encuentra su capacidad de mantenerse vivo y evolucionar con cada generación.
Datos de contacto
Camilo Rincón Unigarro, profesor de la Facultad de Ciencias del Comportamiento de la Universidad de La Sabana (camilo.rincon2@unisabana.edu.co).
Equipo del proyecto: Patricia Venegas, Camilo Rincón, Daniela Gómez, Valeria Velásquez, Camila Ordóñez, Laura Díaz e Isabella Ortiz.
Fotos cortesía del proyecto.
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