Más allá del voto: el desafío de participar con criterio
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Desde diferentes sectores, graduados destacados de la Facultad de Estudios Jurídicos, Políticos e Internacionales y de la Escuela Internacional de Ciencias Económicas y Administrativas reflexionan sobre el rol de la ciudadanía y el sector privado en garantizar la solidez institucional y construir el futuro del país.
Cada decisión que define el rumbo del país, desde el acceso a la salud hasta las condiciones para emprender, tiene un origen: la participación de los ciudadanos. En una democracia, ese punto se materializa en las elecciones, como las que enfrentará Colombia el próximo 31 de mayo, cuando se celebre la primera vuelta presidencial. Cerca de 42 millones de colombianos tendrán la oportunidad de ejercer su derecho al voto.
Aunque el interés ciudadano ha crecido, los datos recientes evidencian un desafío persistente: lograr que esa participación sea cada vez más consciente, informada y sostenida en el tiempo. En la segunda vuelta presidencial de 2022, el 58,17 % de los ciudadanos habilitados votó, alcanzando el nivel más alto de participación desde 1998 y registrando la abstención más baja de las últimas dos décadas. Más recientemente, a inicios de 2026, la participación en las elecciones a Congreso superó el 50 %, aumentando más de tres puntos porcentuales frente a las legislativas de 2022.
Sin embargo, más allá del acto puntual de acudir a las urnas, las elecciones abren una reflexión más amplia sobre el papel que cada ciudadano desempeña en la construcción del país. ¿Qué significa realmente participar? ¿Hasta dónde llega la responsabilidad individual en los procesos democráticos? ¿Y cómo se traduce esa participación en transformaciones reales?
En este contexto, tres graduados de la Facultad de Estudios Jurídicos, Políticos e Internacionales y de la Escuela Internacional de Ciencias Económicas y Administrativas comparten sus perspectivas desde distintos ámbitos, para ampliar la comprensión del rol ciudadano en la democracia.
La democracia como práctica cotidiana
Para Jessica Daniela Marchán Usme, graduada de Ciencias Políticas y Administración de Negocios Internacionales, el principal reto está en cambiar la forma en que se entiende la democracia: no como un evento aislado, sino como una práctica permanente.
Desde su experiencia, señala que existe una tendencia a ver la política como algo distante, reservado para ciertos actores o instituciones. “Como ciudadanos, solemos percibir la política como algo ajeno, cuando en realidad el sector privado y la sociedad civil son fundamentales para proteger la democracia”, reflexiona la encargada de Asuntos Públicos en la multinacional farmacéutica Bayer.
En su concepto, ejercer el derecho al voto es el medio a través del cual “todos los ciudadanos tenemos la oportunidad de definir el futuro de nuestro país, el lugar en el que cada uno ejerce sus distintos roles: aquí hacemos empresa, somos empleados, somos madres, padres, estudiantes…”, enumera la politóloga, quien ejerció durante casi dos años como voluntaria en la Fundación Nueva Democracia.
En esa línea, cuestiona la persistencia de la abstención electoral, particularmente cuando el proceso de votación es accesible en términos de tiempo. “En el peor de los escenarios, es algo que les quita una hora de su tiempo a los ciudadanos”, plantea la graduada, señalando cómo votar es una oportunidad clave para “construir un país donde tengamos instituciones sólidas, donde haya separación de poderes y podamos ejercer nuestras libertades”.
En ese sentido, aunque para muchos ciudadanos puede resultar tentador pensar que abstenerse de votar no hará la diferencia, para ella, la realidad es que “somos agentes movilizadores. De allí que debamos elegir de forma libre, autónoma, haciendo una evaluación consciente de las propuestas”, asegura.
Su invitación es práctica: aprovechar herramientas como la inteligencia artificial para estudiar y analizar las propuestas de los candidatos, partiendo de los intereses y preocupaciones personales y familiares.
Sugiere plantearse preguntas clave frente a los planes de gobierno de los diferentes candidatos, para llegar a las urnas con una decisión consciente. Con base en sus reflexiones, es posible plantear algunas preguntas clave frente a los planes de gobierno de los candidatos:
- Salud: Si hoy tuviera un familiar enfermo o dependiera de una atención médica urgente, ¿esta propuesta garantiza mi acceso a un servicio de salud digno, de calidad y oportuno?
- Economía: Desde mi rol como empleado, emprendedor o empresario, ¿este plan de gobierno fomenta la estabilidad y las condiciones necesarias para seguir trabajando, construyendo país y generando oportunidades?
- Estado de derecho: ¿Las iniciativas planteadas fortalecen la separación de poderes, protegen nuestras instituciones y promueven un trabajo conjunto y constructivo entre el Estado y los diferentes sectores de la sociedad?
- Viabilidad de las propuestas: Más allá del discurso político, ¿son estas propuestas soluciones tangibles, financiables y que estén dentro de las facultades reales de un presidente?
Emprender en democracia: decisiones individuales con impacto colectivo
Juan Felipe Osorio, graduado de Administración de Empresas y cofundador de los restaurantes The Cheese Wheel, entiende esa relación desde la experiencia: la forma en que funciona la democracia incide directamente en la posibilidad de cumplir proyectos profesionales, como emprender o sostener un negocio.
“Una democracia sana y con altos estándares de confianza, que se pueden medir en la participación de la gente, es la que le otorga legitimidad a los poderes públicos y conlleva a que haya una mayor estabilidad en las reglas del juego para que los empresarios puedan proyectarse”, plantea el graduado, quien ha sido columnista del Diario La República.
En su caso, su empresa nació pocos meses antes de la pandemia, uno de los momentos más desafiantes para el sector gastronómico. Mantener a flote la compañía implicó no solo capacidad de adaptación, sino también un entorno institucional que respondiera. “Fuimos testigos de que esa crisis la pudimos sortear por capacidades propias, pero también por incentivos que se generaron desde el Estado”, recuerda, evidenciando cómo las decisiones públicas pueden marcar la diferencia entre resistir o cerrar.
Para Osorio, esa experiencia confirma una realidad incómoda pero constante: emprender implica navegar, casi siempre, en medio de “vientos en contra”. En ese contexto, la participación ciudadana deja de ser un asunto abstracto y se convierte en una herramienta concreta para incidir en las condiciones en las que operan las empresas.
“Participar en las elecciones es un paso fundamental para reforzar la legitimidad de las instituciones del Estado, pero sobre todo para establecer que votar no es solamente un derecho, sino también un deber”, reflexiona el también Magíster en Gobierno y Administración Pública de la Universidad Complutense de Madrid.
Del voto a la veeduría: una responsabilidad que no termina en las urnas
Si bien acudir a los puestos de votación es el paso inicial, el verdadero reto de una democracia madura radica en la calidad de esas decisiones y en lo que sucede después de conocer los resultados. Juan Arturo González, graduado de Derecho y abogado asistente de la Vicepresidencia Jurídica de la Asociación Nacional de Empresarios de Colombia (ANDI), amplía el debate hacia el terreno de la conciencia ciudadana y el seguimiento constante.
Para él, la verdadera participación exige ir más allá de las urnas y hacer un seguimiento a los planes de gobierno. Por eso, hace un llamado a evaluar a los líderes “por su actuación al interior del cargo que ejercen”, enfatizando que esto implica asumir una postura crítica, promover la rendición de cuentas y “hacer veeduría, no necesariamente en un cuerpo colegiado, sino una veeduría personal”.
Esta visión se aterriza en la realidad técnica que Juan Arturo vive a diario. Desde su ejercicio profesional, enfatiza que votar de manera informada implica comprender que las decisiones públicas tienen efectos concretos en la vida de todos.
Desde su experiencia en la ANDI, lo resume así: “el sector empresarial es un motor muy importante de la sociedad”, pues de la estabilidad institucional depende su capacidad para “generar empleo, eventualmente haya mejores salarios y la economía crezca”. Su llamado es claro: comprender que nuestras decisiones impactan la creación de oportunidades y se convierten en un “generador de bienestar social” para todas las familias.
Si olvidamos esto y la participación vuelve a caer, advierte González, corremos el riesgo de regresar a un escenario en el que “quien elige a quien nos representa no es ni la mitad de la población”.
Las reflexiones de nuestros graduados demuestran que la democracia no se agota en el voto. Empieza ahí. Y se sostiene todos los días en las decisiones, la vigilancia y el criterio de sus ciudadanos. En ese sentido, votar es mucho más que marcar una opción en un tarjetón. Es una forma de incidir en las decisiones que configuran el presente y el futuro del país.
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