El factor humano en la era de la IA: el sello diferenciador de las marcas

Catalina Vega, graduada de Comunicación Social y Periodismo y cofundadora de Humark, reflexiona sobre la necesidad de fortalecer el pensamiento crítico, la empatía y el propósito en medio de la transformación tecnológica.
Humark entiende que las marcas van mucho más allá de los productos y de la identidad visual, son las personas que están detrás de ellas. Una de sus fundadoras es Catalina Vega Rodríguez, graduada de Comunicación Social y Periodismo de la Universidad de La Sabana. Después de una larga carrera corporativa en mercadeo y de profundizar en el mundo del coaching, el liderazgo y la transformación, Catalina descubrió un propósito que le dio vida a su emprendimiento: “Ser un instrumento al servicio del empoderamiento de las personas y contribuir a crear un mundo donde la gente no busque un trabajo, sino que encuentre una misión de vida”.
Hoy, la misión de su compañía es impactar los resultados de negocio de sus clientes, partiendo de la premisa de que “Las marcas son las personas que hacen posible la entrega de un producto o servicio, reflejando los valores que la organización declara”, explica. Entendiendo que el factor humano es transversal para el éxito de las empresas, en Humark se dedican a concebir soluciones de negocio y estrategias de marketing e innovación donde las personas están en el centro. Sin embargo, para consolidar esta filosofía empresarial, Catalina tuvo que recorrer un camino de profunda deconstrucción y aprendizaje.
El tránsito a las organizaciones
Aunque Catalina se graduó con la idea de dedicarse a los medios de comunicación, muy rápidamente se dio cuenta de que su futuro estaba en el mundo corporativo. “Mi experiencia en breves pasantías, como periodista, no fue tan satisfactoria y un día en una fiesta escuché aquella canción de salsa que decía ‘tu amor es un periódico de ayer’ y resonó en mí la sensación de que buscar ‘la chiva’ no era lo que brillaba en mi corazón y que mi misión estaba en el mundo de las empresas”, recuerda.
Allí empezó a andar por caminos que para ella eran insospechados. Primero trabajó en una agencia de comunicaciones estratégicas, en la producción de diagnósticos y balances sociales para Chevron y Promigas en el departamento de La Guajira. Luego se vinculó a la asociación de egresados de la Universidad de los Andes, coordinando las iniciativas sociales de su programa de voluntariado profesional, más tarde dio un salto a la industria láctea como directora ejecutiva del gremio en Asoleche, donde asumió la vocería pública de la entidad. “Estaba rodeada de economistas, profesionales de relaciones internacionales, politólogos y hasta médicos veterinarios. Me ayudó mucho tener una sana curiosidad, que me llevaba a absorber de todos como una esponjita”, recuerda. Esa apertura le permitió, más adelante, coordinar la mesa de negociaciones público-privadas de ese sector.
Mientras robustecía su perfil cursando el doble programa de Especialización y Maestría en Mercadeo en la Universidad de los Andes, se le abrieron las puertas para una de las etapas más cruciales de su carrera: la dirección de Mercadeo y Comercial de Godoy Legal, una firma de abogados líder en Colombia en la práctica del derecho laboral y migratorio, en la que construyó una exitosa trayectoria de 10 años, acompañando el crecimiento de la compañía y alcanzando altas aspiraciones profesionales.
Un nuevo camino
A pesar del éxito, el cuerpo y la vida empezaron a enviarle señales de que era momento de buscar un rumbo distinto. Un diagnóstico médico adverso la llevó a repensar sus hábitos diarios y sus prioridades. En esa búsqueda, conoció un campo que no había explorado y que cambió su visión. “Me metí en un entrenamiento de transformación y liderazgo y en ese momento descubrí que tenía la posibilidad de tener una altísima influencia en otros y quería hacer algo diferente conmigo”, cuenta.
Fue entonces cuando decidió cerrar su ciclo corporativo para formarse como life coach y personal branding coach. “Entendí que tenía que emprender para dedicarme a ser entrenadora de transformación y liderazgo. Es lo que me ha permitido a mí sentirme dueña y señora de mi destino y quería compartirlo con otros seres humanos”, afirma. Su interés inicial era trabajar en temas de autoestima y empoderamiento, partiendo de su propia historia.
Así, en enero de 2021, inició su camino como independiente. “Desde ahí, me he dedicado a acompañar a las personas para que reconecten con su propósito de vida, a pasar por crisis personales, transición profesional o crisis de la mediana edad”, comparte. Sin embargo, la reputación construida en su pasado ejecutivo hizo que muchas empresas la buscaran para consultorías en comunicación estratégica y marketing. Allí tuvo una revelación: “La única manera de contribuir a transformar el mundo del trabajo era volver a él, a poner semillas de transformación desde mi experiencia personal. Eso me llevó a hacer formación, consultoría y mentoría en empresas”, recuerda.
Tras una enriquecedora colaboración con Cala Enterprises Corporation, compañía del periodista Ismael Cala, donde se desempeñó como mentora y facilitadora en programas de oratoria e imagen, Catalina validó su potencial como speaker en escenarios de alta visibilidad. La conclusión inevitable de esta evolución fue la creación de Humark, una empresa que fundó junto a sus socias Nelsy Sierra y Gina Zuluaga. En este proyecto, consolidó una visión que, según reconoce, adquirió desde su formación en la Universidad de La Sabana: “Me dio valores y la convicción profunda de que, por encima de todo, están las personas”.
Gestión del cambio para adoptar la IA
Esta filosofía humanista cobra hoy más vigencia que nunca. “El mundo está viviendo inmensas transformaciones. La Inteligencia Artificial generativa viene a mover los cimientos de todo lo que hemos conocido como mundo laboral y profesional, y estamos completamente seguros de que eso debe acompasarse con el factor humano”, señala Catalina. En su criterio, la respuesta de las compañías ante la evolución tecnológica debe ser “gestionar el cambio con estrategia, desarrollar las habilidades y capacidades que las personas requieran para sacarle provecho a todo lo que pueden hacer a través de la IA y crear horizontes de bienestar, armonía y progreso para toda la humanidad”.
En su visión, esta tecnología no es exclusiva de las grandes corporaciones: “La IA puede ser el camino para que muchas Pymes latinoamericanas y solopreneurs creen negocios de alto valor, pero esto requiere de principios y de valores claros". Al acompañar a las organizaciones en este proceso, Catalina ha identificado que el primer paso fundamental es poner a los consumidores en el centro, algo que, mediante la sensibilidad humana, permite construir soluciones de negocio mucho más acertadas.
No obstante, la comunicadora evidencia que muchas empresas están incorporando la IA de manera improvisada: adquieren licencias y capacitan a sus equipos en el uso técnico de las herramientas, pero descuidan las capacidades humanas (power skills) que trascienden la tecnología.
“Dependiendo de su pensamiento crítico, curiosidad y capacidad para usar la IA, los profesionales logran eficiencias individuales en su trabajo. Entonces se sigue fomentando la cultura del trabajo en silos. Además, no se crean realmente prioridades estratégicas a nivel de negocio para que haya unos vectores y unos KPIs clave para medir cómo impacta la IA lo que está pasando dentro de la organización”, explica.
A esta falta de estrategia se suma el reto de establecer una gobernanza clara de la IA, definiendo comportamientos y principios éticos que orienten su uso. “Se trata de definir un norte compartido”, amplía.
Para Catalina, la adopción exitosa de la tecnología también exige comprender las particularidades, incertidumbres y temores de los equipos según su grupo generacional. Por un lado, “a la generación x, y ni qué decir los baby boomers, les puede asaltar el temor a la obsolescencia laboral, donde existen brechas para poder adoptar la IA. Los millennials pueden tener la presión de ponerse al día con los cambios frecuentes y los centennials, en cambio, tienen en su mente que deben desarrollar el pensamiento crítico, la curiosidad y la capacidad para usarla bien”, ejemplifica.
Frente a estas inquietudes generacionales, la graduada plantea una solución transversal: insistir en la formación de competencias humanas y estratégicas. “Nunca antes había sido tan importante leer filosofía, tener una mirada integral sobre lo que está pasando en el mundo, cuestionar y hacer curaduría real de la información”, reflexiona. Asimismo, plantea la urgencia de desarrollar una genuina curiosidad por comprender los procesos, aprender a trabajar con datos y ser capaces de abordar los problemas desde diferentes aristas.
En su concepto, este es el momento en el que los profesionales más demandan visión estratégica, capacidad de anticipación y, sobre todo, un alto “sentido de trascendencia, que nos conecte con principios y valores éticos que nos lleven a cuestionarnos cómo queremos servir a la sociedad y cuál es el legado que queremos dejar”.
Todos estos son principios humanos, irremplazables por la tecnología. Lejos de ver la automatización como una amenaza, Catalina la percibe como una oportunidad de liberación: en la medida en que la IA se encarga de las labores operativas, las personas recuperan el tiempo para dedicarse a lo que aporta verdadero valor. "Los llamados a crear el mundo en el que queremos vivir somos nosotros… Nunca antes habíamos tenido tanto tiempo, que se liberó automatizando tareas, para poder conectar con nuestra creatividad y con nuestra capacidad de cuestionar cuáles son los problemas realmente trascendentales", asegura.
Finalmente, esta transformación debe representar un paso hacia una sociedad con profesionales más plenos, productivos y creativos en sus entornos laborales. “Veo esta transformación con el optimismo humanista de que, quienes nos preparemos para esto, podremos concentrarnos en crear cosas que nos apasionen y que tengan un impacto positivo. Eso genera realización personal y bienestar”, concluye.
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