El reto de amar bien: aprenda a expresar afecto en el lenguaje de su pareja

Amar no siempre significa saber cómo hacer sentir amado al otro. Cristian Conen, profesor del Instituto Latinoamericano de la Familia – ILFARUS y experto en matrimonio y familia, explica qué son los lenguajes afectivos y cómo los espacios de amistad, los detalles cotidianos y la comunicación pueden contribuir a fortalecer la salud relacional de una pareja.
Una persona puede decir “te quiero” todos los días y, aun así, su pareja no sentirse querida. Puede preparar una cena especial, comprar un regalo o buscar pasar tiempo juntos, pero la otra persona puede estar esperando algo diferente.
Para Cristian, una de las claves está en comprender que las personas tienen formas diferentes de recibir y experimentar el afecto.
“Muchas veces las parejas tienen la intención de amarse, de hacerse la vida agradable, pero no lo logran o no lo logran de forma eficaz porque, entre otras cosas, no saben hablar en el lenguaje afectivo de su pareja”, explica.
Esta idea se relaciona con los lenguajes del amor, un concepto popularizado por el escritor y conferencista estadounidense Gary Chapman. En su propuesta se identifican cinco formas principales de expresar y recibir afecto: palabras de afirmación, tiempo de calidad, regalos o detalles, actos de servicio y contacto físico.
Para Conen, conocer estas formas de expresión puede ayudar a comprender por qué algunas demostraciones de cariño tienen un impacto especial en una persona, mientras que otras pueden pasar inadvertidas.
No todos recibimos el afecto de la misma manera
Los lenguajes afectivos pueden entenderse como diferentes maneras de sentirse querido. Una persona puede valorar especialmente las palabras de reconocimiento, mientras otra puede experimentar el afecto principalmente cuando su pareja comparte tiempo con ella, le ayuda con alguna responsabilidad o expresa cariño mediante el contacto físico.
Palabras de afirmación
Son expresiones de reconocimiento, agradecimiento, elogio o aliento. Para quienes tienen mayor sensibilidad hacia este lenguaje, las palabras pueden convertirse en una fuente importante de afecto, pero también pueden tener un efecto contrario cuando se utilizan para herir.
Tiempo de calidad
No se trata únicamente de estar físicamente en el mismo lugar, sino de compartir con atención. “Uno puede estar físicamente con alguien y psíquicamente ausente”, señala Conen.
Regalos o detalles
Los regalos no necesariamente tienen que ser materiales. Una flor, un chocolate incluso un mensaje inesperado pueden convertirse en expresiones significativas para quien recibe afecto de esta manera.
Actos de servicio
Para algunas personas, sentirse queridas está estrechamente relacionado con la colaboración. Conen distingue entre actos de apoyo, relacionados con responsabilidades compartidas, y actos de ayuda, que corresponden a tareas que son responsabilidad particular del otro.
“Yo te apoyo con los niños porque son de los dos. Yo te apoyo con las labores de la casa, con el mercado”, ejemplifica.
Contacto físico o ternura
Incluye las diferentes expresiones corporales de afecto, desde un abrazo o un beso hasta las caricias y la intimidad sexual.
El desafío: amar como el otro se siente amado
Uno de los errores frecuentes en las relaciones, explica Conen, consiste en expresar afecto de la misma manera en que cada persona espera recibirlo.
El reto está en cambiar la pregunta: no solamente “¿cómo me gusta demostrar cariño?”, sino también “¿cómo se siente querida mi pareja?”.
“Uno tiende a expresar afecto como uno recibe afecto, como uno se siente querido, pero el desafío es expresar afecto como el otro se siente querido”, afirma.
Identificar ese lenguaje puede requerir comunicación y observación. Según Conen, una de las pistas está en aquello que la pareja reclama con mayor frecuencia: aquello que una persona señala reiteradamente como una carencia puede revelar una forma de afecto que considera especialmente importante.
Es importante aprender a leer a la pareja, entender qué le gusta, cómo interpreta los diferentes lenguajes del amor y en qué momento es importante percibirlo.
También existen herramientas de autoidentificación, como el cuestionario desarrollado alrededor de la propuesta de los cinco lenguajes del amor, que puede servir como punto de partida para conversar sobre las preferencias afectivas de cada persona.
La salud relacional también se trabaja
Para Conen, conocer los lenguajes afectivos hace parte de una perspectiva más amplia: la salud relacional de la pareja.
Una relación no depende únicamente de conservar el sentimiento propio de las primeras etapas del enamoramiento. También requiere acciones conscientes para cuidar, fortalecer, prevenir dificultades y, cuando sea necesario, sanar o restaurar el vínculo.
“El amor es trabajo, no es simplemente un fluir afectivo”, sostiene.
La idea coincide con una línea que Conen ha desarrollado previamente desde el Instituto Latinoamericano de la Familia (ILFARUS): la salud de una relación puede verse afectada por la falta de comunicación, la ausencia de espacios exclusivos de pareja, el desconocimiento de las preferencias del otro y la llamada “desnutrición afectiva”.
Crear espacios para volver a disfrutarse
Además de conocer los lenguajes afectivos, Conen propone recuperar una dimensión que considera fundamental para la relación: la amistad dentro de la pareja.
“Lo que genera amistad es compartir cosas en común, un hobby, un deporte, un arte, pasarla bien juntos”, explica.
Para ello, recomienda crear espacios de amistad: momentos destinados exclusivamente a disfrutar juntos, sin convertirlos en escenarios para resolver conflictos.
La propuesta contempla planes en diferentes frecuencias, para permitir que la relación se pueda nutrir desde distintas aristas.
Los planes diarios, pueden incluir ver una película o una serie, jugar un juego de mesa, escuchar música, leer juntos o simplemente conversar al finalizar el día.
Semanalmente, propone recuperar la idea de una cita. Cuando una pareja ha formado una familia, las responsabilidades laborales y familiares pueden ocupar gran parte del tiempo disponible. Por eso, establecer un día fijo puede facilitar que ese espacio no quede relegado por otras obligaciones.
Mensualmente, el espacio puede convertirse en una experiencia más extensa: una caminata, una excursión, conocer un lugar cercano o realizar una actividad diferente que los permita salir de la rutina diaria.
Anualmente, Conen propone reservar un tiempo especial para pareja, conmemorar su unión o celebrar aquellos logros que han obtenido a lo largo del año. Pueden realizar un viaje dentro de Colombia o un fin de semana en un lugar cercano.
Más que el destino, el propósito es generar experiencias compartidas y construir recuerdos.
“Las fotos son archivos de buenos recuerdos”, señala el profesor, quien considera que estos espacios pueden convertirse en reservas de afecto positivo para la relación.
El valor de los pequeños gestos
Cuidar una relación tampoco requiere que cada expresión de afecto sea extraordinaria. Para Conen, la vida cotidiana está compuesta por pequeños agrados y desagrados que pueden influir en el estado de ánimo de cada persona.
Identificarlos permite conocer mejor al otro: saber qué disfruta, qué le incomoda, qué detalles valora y qué situaciones pueden generar malestar innecesariamente.
A esto se suman prácticas sencillas como el abrazo diario, el agradecimiento y el perdón. La clave está en convertirlas en hábitos.
Las relaciones también hacen parte de una vida saludable
La importancia de cultivar los vínculos no es solamente una reflexión sobre la vida en pareja. También encuentra respaldo en investigaciones de largo plazo sobre bienestar.
El Harvard Study of Adult Development, uno de los estudios longitudinales más extensos sobre desarrollo adulto, comenzó en 1938 y ha seguido durante décadas la vida de sus participantes y sus familias. Sus investigadores han destacado la importancia de las relaciones de calidad para la salud, el bienestar y una vida satisfactoria.
Para Conen, esto plantea una reflexión sobre la manera en que se prepara a las personas para construir sus proyectos de vida.
“Como nadie nos enseña nada en materia del amor, de pareja, padecemos un analfabetismo amoroso generalizado”, afirma.
Por eso, considera que aprender a comunicarse, gestionar conflictos, comprender las diferencias y expresar afecto también hace parte de las competencias necesarias para construir relaciones saludables.
El amor como una tarea compartida
El enamoramiento puede comenzar de manera espontánea, pero mantener una relación saludable requiere decisiones y acciones de ambos miembros de la pareja.
Para Conen, esto significa que existen herramientas para prevenir la toxicidad, cuidar el vínculo, fortalecerlo y, cuando sea necesario, trabajar en su recuperación.
“El amor de pareja no depende del azar”, afirma. “Depende de los miembros de la pareja: los dos pueden prevenir toxicidad, cuidar, aprender y sanar la relación”.
En últimas, conocer el lenguaje afectivo del otro no consiste en encontrar una fórmula universal para amar. Se trata de aprender a mirar a la persona que tenemos al frente, comprender cómo recibe afecto y convertir esa comprensión en acciones concretas.
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