El negocio tras la adicción por las redes

Recientemente un tribunal de Los Ángeles declaró culpables a Meta y YouTube y las consideró como plataformas adictivas. El tribunal aseguró que una joven usuaria padeció de problemas de salud mental debido a las características de diseño de estas plataformas.
La decisión tomada el pasado miércoles por el tribunal del Los Angeles sobre el caso de una usuaria que presentó adicción a las plataformas de redes sociales, no solo terminó en un fallo en el que Meta deberá pagar la suma de 4.2 millones de dólares y YouTube, 1.8 millones. La decisión tomada por el tribunal va más allá y hoy no solo abre el camino a imposición de nuevas demandas sobre otras redes sociales, sino que amplía el espectro para el debate en torno a las próximas acciones que deberán tomar los dueños de estas plataformas y los daños y perjuicios que están ocasionando en la salud mental de las personas que se exponen a estas.
No es para menos. Algunos estudios científicos han alertado sobre el dolor musculoesqueletico por la quietud y la dismorfia corporal en los más jóvenes debido al uso prolongado de las redes. También han hecho un llamado a la salud mental, en tanto que a mayor tiempo de conexión, mayor aislamiento y sensación de pérdida de control y falta de habilidades sociales para interactuar con otros, lo que incide en la salud emocional. Otras investigaciones también han podido señalar que el uso prolongado de las redes trae consecuencias en la memoria y en la atención, lo que incide también en los procesos de aprendizaje.
Pero, ¿qué es realmente lo que ocasiona este sin fin de problemas? Para Diana Bedoya, Directora Maestría y Especialización en Psicología Clínica de la Niñez y la Adolescencia de la Facultad de Ciencias del Comportamiento de la Universidad de La Sabana, la cuestión no solo se remite a los tiempos extensos a los que se pueden exponer los más jóvenes. Tiene varios orígenes.
Funciones como el desplazamiento infinito, las recomendaciones algorítmicas y los videos de reproducción automática fueron diseñados para enganchar a los más jóvenes y hacerlos interactuar de manera compulsiva. Estas características de una u otra manera, a los ojos de la experta, generan adicción.
“Una adicción no se desarrolla de la noche a la mañana, sino progresivamente y las plataformas tecnológicas están diseñadas para generar permanencia a través de notificaciones, recompensas variables, likes, comentarios y contenido infinito. Además pueden descifrar los intereses, los gustos, todo lo que la persona empieza a consumir y esto activa a su vez el sistema de recompensa en el cerebro liberando muchísima dopamina que es un neurotransmisor asociado al placer y la repetición de conductas”, señala.
Estas funciones, desencadenan alteraciones a nivel neuronal. Bedoya advierte que, particularmente, en niños y adolescentes esto es especialmente delicado porque el cerebro aún está en desarrollo. “Las áreas asociadas con el autocontrol, con la toma de decisiones, con la regulación emocional son las que se ven afectadas y por eso ellos son más vulnerables a perder el control sobre el tiempo del uso”.
De ahí que resulte muy importante que los padres hagan seguimiento a los hijos y en caso de detectar alertas, consultar un especialista. En ese orden de ideas, la experta señala los siguientes comportamientos como señales claras de alerta.
1. Cuando el adolescente y el niño claramente no pueden controlar el tiempo de uso.
2. Duermen menos por estar en redes.
3. Descuidan las actividades académicas.
4. Se aíslan socialmente, prefieren no quiere salir, quieren estar todo el tiempo en casa, se ponen irritables o ansiosos cuando no tienen el celular.
5. Su estado de ánimo depende de lo que pasa en redes sociales, de lo que publican otros, de los likes que reciben y que reciben otros.
“El problema acá no es cuánto tiempo se usan las redes, sino cuando la persona pierde el control y su vida empieza a girar alrededor de ellas”, indica Bedoya.
¿Que sigue para las redes?
El miércoles 25 de marzo, los jurados que declararon culpables a Meta y YouTube expresaron que las compañías fueron negligentes en el diseño de sus plataformas y que sus productos perjudicaron a la mujer. Esto, abre un nuevo reto para las redes que deberán hacer cambios en la forma en la que operan para evitar que la exposición prologada se convierta en un problema de salud pública.
Sergio Quevedo, profesional en ingeniería informática y profesor de la Facultad de Ingeniaría de la Universidad de La Sabana, explica que lo primero que hay que considerar es que en el proceso de interacción con redes sociales libera dopamina, lo que hace que el tiempo pase rápidamente, mientras el usuario se encuentra conectado. En ese sentido, sugiere que “una forma para evitarlo es poner un límite. ¿A qué me refiero con poner un límite? Que se puedan hacer pausas. Por ejemplo, que después de 30 minutos por día o un número específico de scroll, aparezca un letrero de restricción que indique que 'se ha visto todo por hoy', 'no puedes continuar', 'tómate una pausa y continúa mañana'”, señala.
Igualmente, el experto considera la necesidad de desactivar la reproducción automática de los videos y hacer un mejor seguimiento del uso de las redes desde las opciones de supervisión parental. “Especialmente en menores de edad porque pueden ser los que más se vean afectados por ese nivel de dopamina”.
Por su parte, Daniel Morales, director del programa de informática de la misma universidad, “las empresas pueden priorizar la salud mental si dejan de optimizar únicamente por engagement y comienzan a incorporar métricas de bienestar en sus decisiones. En esencia, se trata de pasar de sistemas que maximizan tiempo de uso, a sistemas que gestionan de forma responsable la experiencia del usuario”, dice Morales.
Sin embargo, de cara al desafío que puede implicar hacer cambios de diseño en las plataformas, hay una situación compleja que Quevedo identifica. “Muchas veces a partir del engagement es que llega la publicidad. Tú puedes estar en Instagram viendo una cosa tras otra y de repente, te botan un anuncio y el simple hecho de ver el anuncio ya le está generando ingresos a la empresa. Hacer cambios en las plataformas como YouTube y Meta implicaría revisar también los temas publicitarios porque ellos necesitan obtener ingresos”.
Bedoya coincide con el mismo punto y advierte que la clave no esta en la prohibición sino en la apertura de un debate, que desde diversidad de orillas, pueda dar paso a la tecnología sin afectar la salud de las personas. “Los niños y los adolescentes no están creciendo en un mundo físico, también lo hacen en un mundo digital, por eso satanizar la tecnología no es una opción. Sin emabrgo, el entorno digital hoy, no está diseñado ni pensado en el desarrollo infantil sino en la economía de la atención. Y por eso, este no es solo un problema individual, familiar, sino un tema de salud pública, de educación y de regulación tecnológica”, finaliza la experta.
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