Aprendizaje experiencial en Enfermería, transformando la gestión en salud con impacto social

La Facultad de Enfermería y Rehabilitación de la Universidad de La Sabana está impactando con experiencias de aprendizaje en escenarios reales. Un ejemplo de esto es el caso de los estudiantes de Gestión del Cuidado II quienes transformaron problemas urgentes de salud en soluciones que ya están impactando a la comunidad.
Entre los proyectos más destacados se encuentra la creación de un Observatorio de Enfermedades Huérfanas para la Alcaldía de Chía, una iniciativa pionera que integra protocolos clínicos validados y herramientas tecnológicas para la gestión del cuidado, fortaleciendo la atención en salud y respaldando la toma de decisiones de los equipos profesionales. Estas propuestas ya están llegando a instituciones aliadas, convirtiéndose en instrumentos reales para el trabajo clínico y en un acompañamiento más claro y efectivo para pacientes y familias, demostrando que la formación universitaria también puede ser innovación con impacto social.
Este avance se inscribe en el propósito institucional de formar con rigor y responsabilidad social, integrando teoría, práctica y reflexión en proyectos de curso con impacto verificable. En este marco, el aula se entiende como un espacio de diseño y validación de soluciones donde el estudiante conecta evidencia, contexto y servicio.
Metodología 3I y trabajo con aliados
Esta iniciativa surgió a partir de retos que involucraron a diversos actores del sector salud, lo que acercó a los equipos a problemas de alto valor público. Entre los aliados figuran la Clínica Universidad de La Sabana, la Fundación Santa Fe, la Clínica Palermo y asociaciones de pacientes, instancias que facilitaron validaciones en entornos reales. La coordinación con estas organizaciones permitió ajustar los productos a circuitos de atención específicos, con énfasis en seguridad y continuidad del cuidado.
El enfoque pedagógico se articuló en torno al modelo de tres inteligencias. La inteligencia humana convocó pensamiento crítico, juicio clínico y colaboración. La inteligencia artificial se empleó para explorar alternativas, analizar información y poner a prueba hipótesis operativas. La inteligencia aumentada integró las dos anteriores en soluciones que los equipos pudieron simular, retroalimentar y perfeccionar. Para un panorama de líneas y resultados, es útil consultar la sección de investigación.
Manos a la obra: del aula al entorno
Mientras avanzaban los retos, los equipos entregaron productos con aplicación inmediata. El Observatorio de Enfermedades Huérfanas surgió de una necesidad concreta del municipio de Chía, había un énfasis claro en visibilizar y comprender una población usualmente subregistrada. En paralelo, los protocolos clínicos validados y las herramientas de apoyo a la gestión del cuidado se ajustaron a flujos reales de alcaldías, hospitales y clínicas aliadas, lo que facilitó su adopción temprana en el municipio.
De esta forma, los beneficiarios se identificaban en varios niveles. Permitiendo que los pacientes recibieran procesos más claros y seguros, las familias tendrían más orientaciones verificables y los profesionales podrían acceder a instrumentos mejor alineados con su práctica. Este tránsito del aula al servicio clínico, conserva el rigor del diseño pedagógico, y al mismo tiempo fortalece la confianza entre los actores involucrados.
Simulación clínica que potencia la formación
Otro elemento clave es la simulación clínica, un soporte indispensable para probar, ajustar y escalar las soluciones antes de su uso en entornos reales. El Hospital Simulado de la Universidad, equipado con tecnología de alta fidelidad y con escenarios que replican situaciones clínicas, ofrece un entorno controlado para tomar decisiones, practicar habilidades y aprender de los errores sin riesgo para el paciente. Esta infraestructura fomenta competencias técnicas y no técnicas, desde la comunicación terapéutica hasta la priorización en contextos de presión.
En este ecosistema, la voz docente subraya la integralidad del cuidado. “Puedes ser muy bueno haciendo y conociendo, pero si no sabes ser, no puedes considerarte un buen profesional”, afirma Viviana Robayo Téllez, profesora asociada de la Facultad de Enfermería y Rehabilitación. La frase resume el sentido del aprendizaje experiencial, articular el saber, el saber hacer y el saber ser con criterios de calidad y seguridad.
Es importante tener en cuenta que desde el año 2018, las experiencias de simulación en Enfermería han impactado a centenares de estudiantes a través de distintos escenarios diseñados para consolidar competencias y preparar la práctica clínica. Estos datos reflejan continuidad y escala formativa, además de una capacidad instalada que permite iterar, medir y documentar resultados.
Cómo se aprende: teoría, práctica y reflexión en una sola vía
En este escenario en el que los estudiantes de Gestión del Cuidado II pusieron en marcha una forma de aprendizaje con soluciones y prácticas reales, se mantuvo un hilo conductor claro, cada solución partió de un problema definido, se sustentó en evidencia y se validó mediante iteraciones. Primero, los equipos delimitaron el reto y sus criterios de éxito. Después, construyeron propuestas con apoyo metodológico y, cuando fue pertinente, con herramientas de inteligencia artificial para explorar alternativas. Finalmente, las soluciones se sometieron a simulación, retroalimentación docente y ajustes, un ciclo que cerró con adopciones iniciales en organizaciones aliadas.
Claramente esto muestra una forma de transformar problemas en soluciones reales y al mismo tiempo permite que el estudiante entienda la ruta completa del cuidado, no solo el procedimiento. Lo que se busca a través de este tipo de iniciativas, es que la persona en formación capte la lógica del sistema, identifique riesgos y proponga mejoras con datos. A su vez, el diálogo con actores externos brinda perspectiva de servicio, alinea expectativas y acorta la distancia entre el diseño académico y las necesidades reales.
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