Fuimos el silencio: un libro que aborda el trauma colectivo y la necesidad de sanar desde la literatura

Julián Penagos, profesor de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Sabana y Ph. D en Historia, presentó su último libro ‘Fuimos el silencio’, una entrega más íntima sobre las implicaciones de la violencia y el conflicto armado en la historia de nuestro país.
¿Qué se hace cuándo el dolor, se apodera de un país? ¿Cómo se puede uno convertir en testigo del sufrimiento del otro?, ¿cómo la literatura puede ser una herramienta de catarsis? Al igual que la mayoría de las preguntas existenciales, las respuestas pueden venir desde distintas perspectivas. Ahora bien, ¿qué diría de esto un historiador que ha dedicado su vida a investigar sobre uno de los conflictos internos más complejos y sangrientos de América Latina?
Para Julián Penagos, profesor de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Sabana y autor de ‘Fuimos el silencio’, la respuesta es aparentemente sencilla, pero con una gran complejidad en la práctica; sobre todo cuando se habla del conflicto armado colombiano.
“Aquí muchas veces no se habla de las víctimas. Por ejemplo, tenemos los archivos de la Comisión de la Verdad, pero son relatos que se quedan guardados y, contrario a la intención original de la justicia restaurativa y simbólica, no son compartidos y escuchados por el resto de la población", asegura el autor.
Julián sabe que su inquietud ante el olvido no surgió exclusivamente leyendo los resultados del proceso de paz, fue un proceso que se gestó desde la infancia. Él recuerda cómo su abuelo, protagonista del tercer cuento del libro ‘Culpa en la oscuridad’, en su cumpleaños sentaba en la mesa del comedor a todos los nietos. Allí, lugar en dónde por muchos años se consideró sacrilegio hablar de política, fútbol o religión, comenzaba a contar cómo era ser liberal en la época del bipartidismo y las atrocidades que se cometían en nombre de una ideología.
“A nuestras mamás no les gustaba mucho porque eran historias tétricas, a mis primos no les gustaba mucho o se asustaban y se paraban. Yo por el contrario me quedaba ahí, escuchándolo”, recuerda el autor con nostalgia en su mirada.
Este fue uno de los primeros cuentos del libro que escribió. Sin embargo, en esa época no se pensaba en un compilado, mucho menos en una publicación; era catarsis de su propia historia familiar. Luego, con el pasar de los años, la vida profesional lo llevó nuevamente a verse en el papel de ese niño que escuchaba y servía como testigo silencioso de la historia de otro, de su dolor.
Empezó a trabajar con organizaciones no gubernamentales que trabajaban de cerca con poblaciones que habían sido azotadas por el conflicto armado, escuchó historias de víctimas de reclutamiento forzado, madres de víctimas de ejecuciones extrajudiciales (también conocidas como falsos positivos), hombres y mujeres cuya vida había sido completamente cubierta por una nube de dolor y violencia. Luego, como si fuese un compromiso adquirido, se dedicó a estudiar los archivos de la Comisión de la Verdad.
Y ahí, sentado por tantos años frente a ese inmenso sufrimiento, encontró en la literatura una respuesta a las preguntas iniciales sobre qué hacer con el dolor y cómo atestiguarlo. “Fue un acto de catarsis hacer los cuentos. Yo decía ‘esto es supremamente doloroso, hay que darle un cierre y trabajarlo. Hay que escribirlo para poder sacar ese trauma continuo’, confiesa.
El trauma colectivo: un ciclo sin fin
Julián Penagos tiene múltiples publicaciones que abarcan contenido histórico e investigaciones académicas; sin embargo, de un tiempo para acá, encontró en la literatura un espacio de sanación individual y colectiva.
De hecho, ‘Fuimos el silencio’ más que ser sólo la voz de un historiador, es un reflejo de todas las voces que el autor escuchó durante sus décadas de trabajo. Aunque hay historias como las de su abuelo que son una fotografía de las memorias compartidas mediante la tradición oral, muchas otras son creaciones literarias que, aunque son basadas en testimonios reales, se permiten libertades creativas para darle voz a las múltiples víctimas que atravesaron situaciones similares.
Esto tiene sentido, Colombia no es una suma de historias dolorosas, es más bien una experiencia de trauma colectivo cuyo origen, según el autor, se remonta a la época de la colonia y se extiende hasta nuestros días. “Actualmente estamos en un proceso que es difícil e implica aceptar que las cosas sucedieron; es como la primera etapa para hacer el duelo y es la negación. Pero no se puede cerrar ese trauma y no reconstruir cuando todavía estamos creando víctimas; por eso tenemos primero que parar", reflexionó el autor.
El desafío entonces es no olvidar. Justamente esa es la apuesta que hay detrás del nuevo libro del profesor Penagos. Los dieciséis cuentos buscan que las nuevas generaciones puedan acercarse a la historia de las víctimas y recuerden los relatos que han construido el presente, nuestra historia.
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