Estudiantes de la Facultad de Educación transforman realidades en La Guajira

En un contexto donde la educación debe trascender el aula, cinco estudiantes de Licenciatura en Educación Infantil de la Universidad de La Sabana viven una experiencia formativa en La Guajira que refleja el propósito de Unisabana Xperience: aprender desde la realidad, con sentido social y al servicio de las comunidades.
A través de su práctica profesional, los estudiantes asumieron el reto de integrarse a territorios con profundas diferencias sociales y culturales, donde la educación se convierte en una herramienta fundamental para transformar realidades.
Aprender desde el territorio para transformar la educación
La experiencia se desarrolla en zonas rurales de La Guajira, un territorio donde el acceso a la educación enfrenta múltiples desafíos. Las largas distancias para llegar a las instituciones educativas, las limitaciones en el acceso al agua y las dificultades de infraestructura hacen que, en muchos casos, la escuela también represente un espacio esencial de alimentación, cuidado y acompañamiento para los niños.
En este contexto, los estudiantes comprendieron que enseñar implica mucho más que transmitir conocimientos. “Más que intervenir desde afuera, fue necesario ajustar las dinámicas a lo que los niños realmente podían sostener y construir relaciones basadas en la confianza”, explica Vanessa Triana, una de las integrantes.
La experiencia permitió a los futuros maestros adaptar sus estrategias pedagógicas a las necesidades reales de cada comunidad, fortaleciendo una educación conectada con el contexto. Para Dayanne Tibaquichá, esta experiencia representó la posibilidad de salir de su zona de confort y reconocerse como docente en un entorno completamente distinto.
“Sentía la necesidad de ponerme a prueba y de reconocerme como docente en un contexto al que no estaba acostumbrada”, afirma. La práctica también transformó su comprensión sobre el sentido de la educación. “La educación nace del territorio, dialoga con la cultura y resiste desde las tradiciones”, agrega.
Cultura wayuu: desaprender para volver a aprender
Uno de los aprendizajes más significativos para los estudiantes fue el encuentro con la cultura wayuu. En comunidades donde el wayuunaiki es la lengua predominante, las barreras idiomáticas se transformaron en oportunidades para resignificar la comunicación y construir nuevas formas de relacionarse con los niños.
“Uno de los momentos más significativos fue interactuar con niños que hablaban wayuunaiki. La ausencia de una lengua común no impidió el encuentro, sino que lo resignificó”, explica Stefany Bolívar.
La experiencia permitió comprender que la educación no responde a una única forma de enseñar, sino que se construye desde múltiples maneras de generar vínculos pedagógicos en contextos culturalmente diversos.
Adaptarse a esta realidad implicó retos personales y pedagógicos profundos. Para Julieta Castro, uno de los mayores aprendizajes fue reconocer el valor de lo cotidiano. “Fue desacomodarme de un estilo de vida muy privilegiado para valorar aún más las pequeñas cosas”, señala. Desde lo pedagógico, los estudiantes entendieron la necesidad de comprender la educación desde la mirada de la comunidad wayuu. Como explica Esteban Escobar, fue necesario “quitarnos las gafas occidentales para ponernos las wayuu”, entendiendo el aprendizaje desde el Ana Akua’ipa, la guía pedagógica propia de esta cultura.
En este enfoque, el territorio, el desierto, el mar y la tradición oral se convierten en escenarios fundamentales del aprendizaje.
Una experiencia que transforma a quienes enseñan
Más allá de los resultados académicos, esta experiencia generó un profundo impacto humano y profesional en los estudiantes. “Es difícil pensar en qué le dejamos al contexto, cuando fueron ellos quienes nos dejaron aprendizajes que demoraremos el resto de la vida en entender”, afirma Esteban.
El proceso permitió construir un diálogo genuino con las comunidades desde la escucha, el respeto y el reconocimiento de saberes. Para Dayanne, esta experiencia dejó una reflexión que resume el sentido de la práctica docente en el territorio: “Entendí que la vida debe entrar al aula y la clase debe salir a la vida”.
La experiencia en La Guajira evidencia cómo la formación de maestros puede trascender los escenarios tradicionales y convertirse en una herramienta de transformación social. “Me llevo una mirada más consciente y sensible hacia la vida, una cultura que da sin esperar nada a cambio y una forma de entender la educación desde la experiencia, la tradición y la cotidianidad”, concluye Julieta Castro.
Para Vanessa Triana, la verdadera transformación desde la educación ocurre cuando se reconoce el contexto como punto de partida del aprendizaje. “Educar no es trasladar contenidos, sino reconocer las realidades y construir desde el contexto”. De esta manera, la Facultad de Educación continúa formando maestros capaces de incidir en distintos territorios, llevando el conocimiento más allá del aula y consolidando una educación que dialoga, se adapta y transforma realidades desde la diversidad.
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