La posesión presidencial que rompe con la tradición desde 1991

Por primera vez, desde la promulgación de la Constitución Política de Colombia de 1991, un presidente de Colombia no tomará posesión en Bogotá. Este 7 de agosto, el presidente electo, Abelardo de la Espriella asumirá el mando en Cali, un hecho que es visto por la opinión pública como novedoso.
Después de haber anunciado que su posesión tendría lugar en un batallón miliar ubicado en la ciudad de Popayán y enfrentar críticas por el mensaje que trasmitiría el posesionarse ante el Ejército y no ante el Congreso de La República, el presidente electo, Abelardo de la Espriella, cambió de opinión. Las condiciones de seguridad de la zona y la reciente actividad de Volcán Puracé, hizo inviable la idea inicial, por lo que se tomó la decisión de trasladar el acto protocolario al auditorio de la Universidad Santiago de Cali en la capital del Valle.
La decisión no fue adoptada mediante un decreto, sino a través de una votación del Congreso. Con 58 votos a favor y 30 en contra, el Legislativo aprobó trasladar la sede de la ceremonia, una facultad respaldada por el artículo 140 de la Constitución. Esta disposición establece que el Congreso tiene su sede en la capital de la República, sin embargo, si hay común acuerdo, tanto el Senado como la Cámara de Representantes, pueden trasladar la sede a otro lugar.
“El espíritu de la Constitución de 1991 fue justamente repartir mejor el poder y acercar las decisiones a las regiones frente al centralismo heredado de 1886”, Sergio Andrés Morales.
Desde esta perspectiva, la decisión puede interpretarse desde diferentes orillas. Sergio Andrés Morales, profesor de la Facultad de Estudios Jurídicos, Políticos e Institucionales de la Universidad de La Sabana, advierte que puede leerse como una decisión motivada por razones de seguridad o inclusive como una iniciativa de carácter personal.
Juan Nicolás Garzón, profesor del programa de Ciencias Políticas, añade que esta determinación, apunta también a una de las principales promesas de campaña de Abelardo de la Espriella: fortalecer el vínculo entre el gobierno y las regiones. En consecuencia, la elección de Cali refuerza la idea de dar protagonismo a los territorios y establecer una interlocución directa con las autoridades locales.
¿Por qué ha generado controversia el cambio de sede?
El lugar del Congreso no es solo un dato, responde a una tradición republicana. Sergio Morales, indica que esto está sustentado en el artículo 192, que establece que el presidente debe realizar el juramento ante el Congreso, que actúa como órgano del Estado y movilizarlo a un escenario privado implica un costo logístico, porque “el Estado no tiene un control administrativo pleno”, agrega.
Sobre el tema de seguridad, Morales es escéptico sobre el argumento de que una posesión en Bogotá, significaría menos logística o planeación y trae a colación el pasado,. “Durante la posesión de Álvaro Uribe Vélez, en el 2002, la Plaza de Bolívar y la Casa de Nariño fueron atacadas por las FARC con cilindros bomba”, recuerda.
Lo que desde su perspectiva sí es innegociable, es el Decreto 770 de 1982, que hace referencia al juramento y al hecho de que de la Espriella se debe posesionar ante el Congreso. Este decreto surgió mucho antes de la Constitución de 1991 y aborda todos los detalles sobre la ceremonia que está diseñada como un acto centrado en la figura presidencial, lo que hoy da la flexibilidad de adaptarlo a un Congreso más autónomo.
Apuestas por el discurso
El acto protocolario contempla que tras la instalación del Congreso y la llegada del presidente, este, de la mano del presidente del Congreso, promulga su juramento. Según el artículo 192 de la Constitución, la fórmula es: "Juro a Dios y prometo al pueblo cumplir fielmente la Constitución y las leyes de Colombia". Posterior a ello, quien es elegido, recibe la banda presidencial, símbolo de mando y se dirige al pueblo por medio de un discurso inaugural en el que da cuenta de las líneas temáticas más relevantes de su gobierno.
En ese punto, Morales explica que del presidente entrante se puede esperar un discurso que haga apelación a la unión nacional, reconociendo explícitamente a la oposición como pieza indispensable de la democracia. “También es el momento de calibrar qué tanto las propuestas de campaña se sostienen intactas y qué tanto se ajusta al aterrizar en el poder. Es habitual que en el discurso de posesión sea más moderado el tono que en campaña, precisamente porque ya no se habla solo a quienes lo eligieron, sino al país completo. Y eso es lo que tenemos que mirar”, dice.
Más que un lugar, una pregunta crucial
La discusión sobre la posesión presidencial termina en un interrogante más amplio. Mientras unos la interpretan como un gesto de descentralización y cercanía con las regiones, otros la ven como una tensión innecesaria con las tradiciones institucionales.
La gran pregunta, en palabras del profesor Andrés Morales, está relacionada con el papel que la Constitución asigna al presidente como símbolo de la unidad nacional. “¿Cali representa una muestra de inclusión territorial y apertura hacia las regiones? ¿O, por el contrario, es una fractura política que ya se evidenció durante las votaciones del Congreso?”
Al final, el presidente gobierna para todo un país y la respuesta a estos cuestionamientos se verá mientras gobierne.
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