El reto silencioso que enfrentan las familias colombianas

A simple vista, parece una familia común, padres trabajadores que, al llegar a casa después de una jornada larga, encuentran a su hijo entretenido frente a la tableta o la televisión. En silencio, sin interrumpir, confían en que la pantalla lo mantenga tranquilo mientras terminan sus tareas pendientes. Lo que parece una solución práctica se convierte en rutina, largas horas frente al dispositivo, sin conversación, sin supervisión sobre los contenidos, sin compartir lo que ocurre allí. Poco a poco, esa falta de acompañamiento empieza a reflejarse en su comportamiento, más impulsivo, más irritable, más distante.
Este retrato no es aislado. Cada vez más hogares enfrentan una realidad en la que las pantallas, lejos de ser simples instrumentos de ocio, se convierten en el epicentro de tensiones y problemas emocionales. Con este panorama de fondo, la investigación Uso de pantallas, interacciones familiares y problemas exteriorizados en una muestra de niños colombianos, liderada por Juan Camilo Restrepo, Diana Obando Posada, Johanna Romero Porras y María Andrea Mejia, investigadores de la Facultad de Ciencias del Comportamiento de la Universidad de La Sabana, buscó comprender cómo el tiempo frente a los dispositivos y la forma en que las familias se relacionan impactan el desarrollo emocional y social de los niños.
Más allá del tiempo frente a la pantalla: el impacto silencioso
El estudio se desarrolló con más de 300 familias colombianas con hijos entre los 6 y 11 años. A los padres se les aplicaron cuestionarios estandarizados que permitieron evaluar tanto el comportamiento infantil como el uso de tecnologías y las prácticas de crianza. Estas herramientas midieron la frecuencia con que los niños usaban pantallas, los dispositivos más comunes y la percepción de los padres frente a los conflictos que surgían por este uso. También se indagó por las dinámicas familiares para entender cómo los padres establecen límites, qué tanto se involucran en la vida cotidiana de los niños y qué tan consistentes son en la disciplina.
Los resultados mostraron que el uso frecuente de pantallas está directamente relacionado con los llamados problemas externalizados, es decir, conductas que se expresan hacia afuera, como agresividad, discusiones frecuentes o impulsividad. En muchos casos, los padres reconocieron que los dispositivos se convertían en motivo de conflictos, discusiones para apagar el televisor, irritabilidad cuando se limitaba el tiempo de juego e incluso dificultad de los niños para autorregularse sin la pantalla.
“Más que culpar a las pantallas, lo que revela la investigación es la importancia de la mediación familiar y del tiempo de calidad. El problema no está únicamente en la cantidad de horas frente al celular, la tableta o el televisor, sino en lo que ocurre alrededor de esas horas, ¿hay conversación?, ¿hay acompañamiento?, ¿hay límites claros?”, señala, Diana Obando Posada, investigadora de la Facultad de Ciencias del Comportamiento.
Los datos fueron analizados con modelos estadísticos que permitieron identificar qué variables explicaban mejor los comportamientos observados. Así se comprobó que la combinación de disciplina inconsistente y de uso frecuente de pantallas tiene un efecto directo en los problemas externalizados, mucho más que otras condiciones, como el lugar de residencia o el nivel socioeconómico, señala el estudio. Al respecto, Juan Camilo Restrepo, investigador de la Facultad de Ciencias del Comportamiento, asegura que “No se trata de prohibir las pantallas, sino de acompañar y equilibrar su uso con experiencias familiares significativas”.
En ese sentido, los hallazgos de la investigación advierten que estilos parentales, como el bajo involucramiento o la falta de reglas claras, pueden potenciar los riesgos asociados a la tecnología. Ante este panorama, el estudio propone estrategias concretas como capacitar a los padres en el manejo del tiempo en pantalla, enseñarles a establecer límites claros, promover el uso de contenidos adecuados y reforzar los comportamientos positivos de los hijos. Para el investigador Juan Camilo Restrepo, se trata de encontrar métodos que no solo limiten el tiempo frente a estos dispositivos.
“Comprender la relación entre las prácticas parentales y la salud emocional de los hijos permite diseñar estrategias de prevención y programas de apoyo familiar, que vayan más allá de simplemente limitar el tiempo frente a la pantalla”, señala.
Entre pantallas y crianza, el acompañamiento sigue siendo la herramienta más poderosa
Finalmente, en este escenario, la tarea no recae solo en las familias. Colegios, empresas de tecnología y otros sectores también pueden aportar. Desde la educación y la sensibilización, hasta ofrecer guías claras sobre cómo acompañar a los niños en su vida digital, todos tienen un papel en lograr que las pantallas se conviertan en aliadas del desarrollo y no en un obstáculo.
Volviendo a la escena inicial, no se trata únicamente de un niño que pasa horas frente a una consola o una tableta. Lo que está en juego es el acompañamiento, la conversación y los límites que se construyen en el hogar. La tecnología seguirá estando presente en la vida de los niños, la diferencia está en cómo las familias deciden integrarla en su día a día.
El mensaje es claro, las pantallas no son enemigas, pero su uso sin supervisión ni diálogo puede acentuar problemas emocionales y conductuales. Cuidar los vínculos afectivos, acompañar a los hijos en su mundo digital y establecer reglas claras son estrategias que transforman la experiencia tecnológica en un aliado para el desarrollo y no en un catalizador de conflictos.
La recomendación es cuidar los vínculos afectivos, acompañar a los hijos en su mundo digital y establecer reglas claras son estrategias que transforman la experiencia tecnológica en un aliado para el desarrollo y no en un catalizador de conflictos.
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Datos de contacto
Juan Camilo Restrepo (juanreca@unisabana.edu.co), Diana Obando Posada (diana.Obando1@unisabana.edu.co), Johanna Romero Porras (johanna.romero@unisabana.edu.co) y María Andrea Mejía (mariamelo@unisabana.edu.co), investigadores de la Facultad de Ciencias del Comportamiento.
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