UniSabana Dining: una transición hacia empaques más sostenibles

La Dirección de Alimentos y Bebidas, hoy UniSabana Dining, ha logrado que el 76 % de los empaques de un solo uso utilizados en la Universidad sean biodegradables, gracias a una estrategia que transformó procesos de compra, gestión de residuos y hábitos cotidianos en la comunidad.
Lo que para algunos usuarios significó un cambio de recipiente o cubierto es, en realidad, el resultado de una transformación profunda. Detrás de esa transición hay una estrategia que involucró compras, gestión de proveedores, de residuos y cambios de hábitos para avanzar en los objetivos de Campus 3S (Seguro, Saludable y Sostenible).
Algunos aún recuerdan cuando la ensalada de frutas se servía en un llamativo envase PET lleno de color. Con el tiempo, ese recipiente fue reemplazado por un contenedor elaborado a base de almidón de maíz, biodegradable y compostable. Detrás de ese cambio aparentemente sencillo había una decisión más amplia: revisar cada elemento utilizado en los puntos de alimentación para reducir su impacto ambiental, sin afectar la experiencia de los usuarios.
La transformación comenzó en 2024, cuando la estrategia institucional Campus 3S impulsó una revisión de los empaques de un solo uso empleados en la operación de alimentos y bebidas. A partir de allí, se inició un diagnóstico detallado de los distintos puntos de servicio del Campus Central, la sede de Calle 80, el Inalde y la Clínica Universidad de La Sabana.
El objetivo era identificar oportunidades para sustituir empaques convencionales por alternativas más sostenibles, teniendo en cuenta las necesidades específicas de cada servicio. A partir de ese análisis, uno de los hitos más importantes se alcanzó en enero de 2025 con la eliminación total del icopor en toda la operación.
Actualmente, el 76,24 % de las adquisiciones corresponde a productos biodegradables de origen orgánico, entre ellos: bolsas kraft, vasos elaborados a partir de bagazo de caña, contenedores de almidón de yuca y cubiertos fabricados con almidón de maíz.
Impactos que se ven en el campus
La transición no solo ha significado un cambio en los materiales utilizados, sino también en la forma en que la comunidad se relaciona con sus residuos. Tras varios pilotos exitosos, se instalaron dispensadores específicos para residuos orgánicos en los puntos de servicio, facilitando una disposición más adecuada de los empaques biodegradables.
Además, la eliminación de elementos innecesarios, como las bolsas plásticas que antes envolvían los cubiertos, ha contribuido a reducir significativamente la presencia de residuos en zonas comunes y áreas verdes. Henry Leonardo Moya López, coordinador de Gestión Ambiental, destaca el impacto de estas decisiones:
"Al adoptar esta normativa y sustituir esos materiales, blindamos el paisajismo del campus. Disfrutar de una gran zona verde y verla libre de residuos genera un impacto visual positivo. Pero además, esto se traduce en bienestar laboral: implica menos desgaste, menos recorridos repetitivos y un trabajo mucho más eficiente para nuestros auxiliares de aseo".
Un componente clave para alcanzar estos resultados ha sido el trabajo conjunto con los proveedores. Miguel Ángel León, coordinador de Compras de la Dirección de Alimentos y Bebidas, explica que la Universidad prioriza el relacionamiento directo con los fabricantes, lo que permitió evaluar alternativas, revisar fichas técnicas y realizar pruebas antes de implementar los cambios.
"Sabíamos que había un reto de inversión, porque los productos PET cuestan menos que los biodegradables, pero la Universidad siempre ha pensado más que en precios, en calidad y en la mejora del servicio a la comunidad", afirma.
Los desafíos que continúan
El proceso también ha permitido identificar retos que aún requieren nuevas soluciones. Uno de ellos se encuentra en la Clínica Universidad de La Sabana, donde las áreas de hospitalización y la atención de pacientes aislados exigen condiciones especiales de bioseguridad que hacen necesario mantener temporalmente algunos productos PET convencionales.
Otro desafío está relacionado con los vasos utilizados en los restaurantes para acompañar el menú del día. Solo en un año, el autoservicio del Mesón consumió cerca de 77.000 vasos y el Embarcadero más de 76.000.
Al tratarse de productos plásticos convencionales, UniSabana Dining trabaja en la identificación de alternativas biodegradables capaces de responder a las exigencias técnicas de una operación de alto volumen sin comprometer la calidad del servicio.
En este punto, los avances alcanzados evidencian que la sostenibilidad se construye a partir de decisiones cotidianas. Detrás de cada recipiente, vaso o cubierto que cambia de material hay un esfuerzo coordinado entre distintas áreas de la Universidad para reducir el impacto ambiental y fortalecer el bienestar de la comunidad.
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