De los idiomas a la internacionalización: la historia de Ariadna García como Global Citizen

Lo que comenzó como una curiosidad por el inglés y el francés durante el colegio se convirtió en una pasión por los idiomas, el encuentro entre culturas y las experiencias internacionales. Hoy, Ariadna García, estudiante de Administración de Negocios Internacionales de la Universidad de La Sabana, ha construido una trayectoria que la reconoce como Global Citizen y que próximamente la llevará hasta Seúl, Corea del Sur, para realizar sus prácticas profesionales.
Desde pequeña, Ariadna encontró en los idiomas una forma de acercarse a otras culturas y descubrir nuevas maneras de ver el mundo. Su relación con el inglés tomó una nueva dimensión durante el último año del colegio, cuando debía prepararse para obtener una certificación internacional. En lugar de asumirlo como una obligación académica, Ariadna decidió buscar una manera de disfrutar el proceso y encontró en la literatura una puerta de entrada.
Con el francés, el acercamiento fue más progresivo. En la Universidad empezó a explorarlo desde sus propios intereses y encontró en la música y la cultura francesa nuevas razones para seguir aprendiendo. Esa curiosidad la llevó a asumir los idiomas como un aprendizaje personal, impulsado por el gusto y la iniciativa de conocer otras formas de comunicarse y entender el mundo.
Es así como, durante la pandemia apareció un nuevo interés: el coreano. Esta vez, las canciones y los dramas fueron la puerta de entrada. Ariadna comenzó a estudiar por su cuenta y tomó cursos para aprender, entre otros aspectos, el Hangul, el sistema de escritura coreano. Al principio no comprendía todo lo que leía, pero el ejercicio de reconocer las letras, seguir las pronunciaciones y aprender expresiones fue construyendo una nueva competencia que tendría un papel importante en su desarrollo profesional.
En la Universidad, esa curiosidad personal comenzó a conectarse con su formación. Algunas asignaturas relacionadas con el marketing y las relaciones internacionales le permitieron ampliar su mirada y comprender que la internacionalización no consiste solamente en conocer otros países, sino también en aprender a relacionarse con personas que tienen diferentes maneras de entender el mundo.
El contacto con estudiantes internacionales también fue determinante. Ariadna conoció personas de otros países y culturas, entre ellas Francia y Rumania, y comenzó a preguntarse cómo sería vivir directamente esas experiencias.
La respuesta llegó durante su séptimo semestre, cuando decidió postularse, con el apoyo de sus padres, para realizar un intercambio académico en Rennes School of Business, en Francia. Nunca había salido del país. Por eso, llegar a Francia representó mucho más que estudiar en una institución extranjera: significó enfrentarse por primera vez a un contexto completamente diferente.
Uno de los primeros retos fue precisamente el idioma. Aunque había estudiado francés, utilizarlo en situaciones cotidianas era diferente a aprenderlo en un salón de clases. Pedir algo en una cafetería, ir a un restaurante o conversar con otras personas implicaba enfrentarse al nerviosismo de equivocarse y, al mismo tiempo, encontrar la confianza para continuar.
La experiencia también le permitió poner a prueba su inglés. Durante el intercambio vivió en una casa con un alemán y dos irlandeses, donde la comunicación cotidiana era en inglés. A esto se sumó un ambiente académico multicultural, con compañeros provenientes de países como China, India, Noruega y Alemania. Fue allí donde Ariadna descubrió que comunicarse entre culturas exige mucho más que hablar un idioma.
En los trabajos grupales tuvo que aprender que una misma forma de expresarse puede ser interpretada de maneras muy diferentes dependiendo del contexto cultural. Lo que para una persona podía ser una comunicación directa, para otra podía resultar ofensivo.
Para Ariadna, aprender a desenvolverse en ese escenario significó desarrollar una habilidad que hoy considera fundamental: la adaptabilidad.
Creo que la adaptabilidad y esa forma de abrir tu mente a otras formas de decir las cosas y no ser tan inflexible es muy importante. No todos se pueden tratar de la misma forma.
El intercambio no solo fortaleció sus competencias lingüísticas. Vivir en otro país también le permitió poner a prueba y fortalecer su autonomía frente a situaciones cotidianas y retos inesperados.
También aprendió a enfrentarse al miedo a equivocarse. En algunas ocasiones, sus compañeros preferían no hablar francés por temor a recibir una corrección o ser juzgados por su pronunciación. Ariadna decidió adoptar una actitud diferente: intentarlo, equivocarse y continuar. Ese proceso le permitió ganar confianza y alcanzar una mayor fluidez en francés.
Tuve que aprender a comprender cómo cada persona entiende las cosas y también a reconocer que no todos se pueden tratar de la misma forma, porque estamos hablando de culturas completamente diferentes.
Al regresar de Francia, no solo llevaba consigo nuevos conocimientos académicos. También tenía amigos de distintas nacionalidades, nuevas conexiones y una perspectiva mucho más amplia sobre lo que significa vivir en un mundo global.
Y todavía quería conocer más.
Después de su experiencia en Francia, Ariadna decidió que su siguiente reto internacional debía llevarla a un contexto cultural diferente. Al buscar opciones para sus prácticas profesionales, encontró la posibilidad de hacerlo en Corea del Sur, una oportunidad que conectaba directamente su formación profesional con aquel idioma que había comenzado a estudiar por iniciativa propia durante la pandemia.
Aplicó a diferentes oportunidades y, entre ellas, a una en Corea del Sur. Durante el proceso de selección, su conocimiento previo del idioma y su experiencia internacional se convirtieron en elementos diferenciadores. En la entrevista decidió incluso comenzar su presentación en coreano.
No se trataba únicamente de demostrar que conocía algunas palabras: quería evidenciar que su interés por estar allí iba más allá del entretenimiento y que había dedicado tiempo a conocer su idioma y su cultura. Su preparación y su trayectoria internacional le permitieron avanzar en el proceso. Ahora, Ariadna se prepara para comenzar sus prácticas profesionales en ProColombia, en Seúl, Corea del Sur.
El siguiente capítulo de su historia llevará nuevamente sus conocimientos a un escenario internacional, esta vez desde una perspectiva profesional.
Global Citizen: una mirada que trasciende fronteras
La historia de Ariadna representa una de las maneras en las que la internacionalización puede convertirse en parte integral de la formación universitaria. Su recorrido reúne experiencias internacionales, contacto con diferentes culturas, aprendizaje de idiomas y una disposición permanente para salir de su zona de confort.
Por esta trayectoria, Ariadna es una Global Citizen, el nivel más aspiracional de la escala de internacionalización de la Universidad de La Sabana. Este perfil hace parte de Unisabana Xperience, el nuevo modelo de la Universidad, que busca que la formación de los estudiantes trascienda los espacios tradicionales de aprendizaje y se construya también a partir de experiencias que les permitan desarrollar competencias para enfrentar los desafíos de un mundo global.
Dentro de esta propuesta, ser Global Citizen implica haber construido una trayectoria que trasciende fronteras, con múltiples experiencias internacionales, diversidad geográfica e inmersiones significativas en otros contextos culturales. Es el perfil de quienes no solo conocen otros lugares, sino que desarrollan la capacidad de comprender, conectar y desenvolverse en diferentes realidades.
En el caso de Ariadna, los idiomas fueron el punto de partida. Primero fueron una curiosidad; después, un hobby; más adelante, una herramienta para acercarse a otras culturas y, finalmente, una competencia que ha acompañado sus decisiones académicas y profesionales.
Su historia demuestra que la internacionalización puede comenzar mucho antes de tomar un avión. Puede empezar con un libro en otro idioma, una canción, una clase, una conversación o la curiosidad por comprender cómo vive y piensa alguien al otro lado del mundo.
Ahora, mientras se prepara para llegar a Corea del Sur, Ariadna sabe que cada nueva experiencia internacional trae consigo el reto de volver a adaptarse, aprender y mirar el mundo desde otra perspectiva.
Para Ariadna, ser una ciudadana global no significa solamente haber cruzado fronteras. Significa estar dispuesta a seguir haciéndolo también desde la manera de pensar, comunicarse y relacionarse con los demás. Su historia comenzó con los idiomas.
Hoy, esos mismos idiomas hacen parte de una trayectoria que la ha llevado de Colombia hasta Francia y que próximamente a Corea del Sur. Una trayectoria que demuestra que aprender una lengua también puede ser una forma de aprender a mirar el mundo.
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