Investigadores buscan alternativas para llevar el tacto afectivo a lo digital

Ante la disminución de los abrazos o caricias, investigadores buscan formas de trasladar los beneficios del tacto afectivo al audio para incorporarlos en la experiencia digital. Esto es lo que arrojan los resultados.
Las caricias o abrazos contribuyen al bienestar emocional y mental de las personas, pero, el uso excesivo de la tecnología ha hecho que los humanos tengan cada vez menos interacciones físicas.
Esa preocupación motivó un estudio realizado por Francisco Barbosa Escobar, profesor de la Escuela Internacional de Ciencias Económicas y Administrativas (EICEA) de la Universidad de La Sabana, junto a Malika Auvray, directora de investigación del Centro Nacional para la Investigación Científica de Francia.
“Es sorprendente ver lo privados que estamos del tacto; ahora vivimos pegados al celular. Por eso queríamos ver si es posible a través de otros sentidos, en este caso el oído, replicar la respuesta emocional que genera el tacto afectivo y los beneficios que tiene”, señaló Barbosa Escobar, autor de la investigación ‘The emotional responses to the sounds of organic affective tactile gestures’.
La conclusión fue contundente: nada podrá reemplazar el contacto físico, pero hay ciertos sonidos relacionados con esa actividad que, siempre y cuando tengan el contexto de su procedencia, pueden producir respuestas positivas en las personas.
“Aunque es claro que nada puede reemplazar el tacto afectivo, y la invitación es a tocarnos más, lo que sigue es explorar si esto puede incluirse en herramientas como podcast, audiolibros y asistentes de voz” explicó el investigador de La Sabana.
Así fue la investigación
Para el desarrollo del trabajo académico, los investigadores realizaron cinco experimentos con casi 400 personas, observando las respuestas emocionales generadas por sonidos de tacto afectivo como caricias o abrazos, y los factores que los influencian. Todas fueron grabadas y se caracterizaron por no tener una connotación sexual.
El experto explica que, “aunque en la literatura se han definido parámetros específicos sobre qué implica el tacto afectivo como que el estímulo esté entre uno y diez cm/segundo, y su temperatura sea similar a la de la piel humana, la idea era obtener los sonidos de interacciones cotidianas”.
El primer experimento, que contó con 100 participantes entre los 22 y 60 años, fue dividido en dos grupos: aquellos con una relación romántica, que dieron su perspectiva respecto al contacto físico en este tipo de vínculo, y aquellos que hablaron sobre estos gestos de tacto en amistades.
Los resultados revelaron que hay gran variedad de gestos de contacto físico que se encuentran en las interacciones de pareja y amigos cercanos, y que también muchos de ellos están presentes en ambos tipos de relación.
Los investigadores obtuvieron los estímulos de tacto afectivo grabando los sonidos producidos por 14 parejas, a quienes se les solicitó tocarse de forma no sexual como lo harían en su cotidianidad. Los sonidos de mayor calidad auditiva fueron usados como estímulos para los experimentos siguientes.
En el segundo experimento, con 291 participantes que escucharon los sonidos grabados del tacto entre las parejas y otros del roce entre objetos, el objetivo era determinar qué tipo de respuesta emocional evocaban los sonidos, sin tener un contexto que indicara, con completa certeza, de dónde provenían. Los resultados reflejaron que los sonidos de tacto afectivo evocaron respuestas emocionales neutras a levemente positivas y que saber o no el origen de los sonidos impacta en las respuestas emocionales.
“Cuando un individuo imagina el sonido de una caricia puede intuir que es delicado; sin embargo, el sonido real de este gesto suena algo carrasposo lo que puede llevar a que se genere una emoción poco placentera”, explicó el investigador.
En los siguientes experimentos midieron cómo cambiaba la respuesta emocional cuando los participantes tenían un marco de referencia sobre el origen de los sonidos, es decir cuando los investigadores previamente les decían que los sonidos que estaban a punto de escuchar correspondían al tacto afectivo. También encontraron que la activación emocional es mayor cuando hay coherencia entre la expectativa de los individuos y el sonido que escuchan.
Es decir, si la persona cree que un abrazo suena a algo suave o armonioso y el sonido que escucha es coherente, la respuesta emocional que surgirá será más fuerte.
Así, aunque el impacto del tacto ha sido demostrado y la información sugiere que es algo propio de la naturaleza del ser humano, para Barbosa Escobar es clave resaltar que existen aspectos socioculturales, de crianza y de contexto que influyen en cómo el tacto se recibe.
Por ejemplo, según explica el investigador, si un padre abraza a su hijo, este puede sentir confort, pero si lo hace un desconocido se puede despertar temor. Asimismo, si el abrazo surge con un amigo cercano, pero al crecer en su hogar el contacto físico no estaba presente, esto podría despertar la sensación de incomodidad.
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