El Nobel que iluminó la ciencia: Martin Chalfie llega a Colombia

Este 29 de octubre, el profesor Martin Chalfie tendrá una conversación con jóvenes de la Universidad de La Sabana en el marco de su visita a Colombia.
Todo empezó en el mar. Corría 1960 cuando Osamu Shimomura, fascinado por el resplandor de las medusas, se propuso descifrar el secreto de esa luz. Durante años, él y su equipo pescaron miles de ejemplares de Aequorea victoria, exprimiendo de cada una de ellas su líquido luminiscente en busca de una respuesta. Y la encontraron: el brillo no era magia, era química pura, obra de una proteína a la que bautizaron como Proteína Verde Fluorescente (GFP por sus siglas en inglés).
Lo que nadie imaginaba entonces es que ese hallazgo, nacido de la curiosidad frente al océano, terminaría revolucionando la ciencia.
Desde muy joven Martin Chalfie, nacido en Chicago en 1947, había soñado con ser un científico. Pasaba horas viendo ‘Hemo the magnificent’ , –una serie donde se explicaba todo acerca de la sangre– y soñando con ser un gran científico. Más adelante, se formó en Harvard con la ilusión de perseguir ese sueño, pero esa esperanza llegó a su fin después de trabajar un verano entero en un laboratorio y fallar en cada uno de los experimentos. Entonces, pensó en que nunca podría ser un científico. Se graduó de la universidad. Trabajó dos años como conserje, entrevistador para una empresa educativa, vendedor de vestidos y maestro de secundaria, hasta que un día un amigo le sugirió trabajar de nuevo en un laboratorio. Tras aceptar y pedir mucha ayuda en un experimento totalmente diferente a los que había estado desarrollando aquel verano, el experimento salió bien. Entonces se dio cuenta de que la colaboración y la ayuda realmente arrojan resultados.
30 años después, Martin Chalfie, este estadounidense egresado de Harvard tendría una idea igual de genial a la de Shimomura: tomaría el gen que hace que la medusa produzca la proteína verde y lo insertaría en el gusano Caenorhabditis elegans. Este ser viviente, de un milímetro de longitud que habita tierras templadas y que cuya trasparencia permite ver a través de microscopio un número fijo de células –959 en total, de las cuales 302 son neuronas–, sería un instrumento clave en la biología y la medicina contemporáneas para estudiar a los seres vivos.
La GFP actúa como una "linterna": permite observar células y estructuras en animales transparentes vivos sin alterar su funcionamiento. Pero sus usos no se remitieron al color verde. Posteriormente el bioquímico Roger Yonchien Tsien extendió la paleta, lo cual permite a los investigadores dar a las proteínas y células diferentes colores, para seguir varios procesos biológicos al mismo tiempo.
El resultado fue revolucionario y se sigue empleando en la práctica de los laboratorios. Con esto, los científicos han logrado hacer visibles procesos biológicos en células y organismos vivos en tiempo real, algo que antes era imposible de lograr de forma dinámica, como el desarrollo de células nerviosas en el cerebro o la propagación de las células cancerígenas.
Además, se ha utilizado para observar dónde se localizan las proteínas dentro de la célula y cómo se mueven en tiempo real, seguir los movimientos coordinados de la división celular (mitosis) en embriones en desarrollo. Ha permitido mapear el sistema nervioso marcando las neuronas individuales en el cerebro de ratones, moscas y peces cebra con colores distintos, facilitando el mapeo de conexiones neuronales complejas. Ha hecho posible observar directamente cómo virus como el VIH se transfieren de una célula infectada a otra en cultivos celulares vivos, abriendo nuevas vías para entender y combatir enfermedades y puede colocarse bajo el control de un promotor específico para indicar cuándo y dónde se activa un gen.
El descubrimiento fue tan revelador que en año 2008, el Comité Noruego de Oslo otorgó el premio Nobel de Química al japonés Osamu Shimomura quien descubrió la GFP, y a los estadounidenses Martin Chalfie y Roger Y. Tsien que desarrollaron técnicas para usar la GFP en investigación.
Con esta magnífica historia y a sus 79 años, Chalfie llega a Colombia en una gira donde, de la mano de Nobel Prize Inititive y AstraZeneca, participará en una serie de lecciones magistrales sobre su investigación, visión personal de la ciencia y una conversación con jóvenes investigadores. Su visita es un recordatorio de que la curiosidad —la misma que lo llevó de niño a soñar frente a un televisor, y de adulto a no rendirse pese a los fracasos— sigue siendo, casi setenta años después, el motor que empuja a la ciencia hacia nuevas fronteras y descubrimientos.
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