El lago que da vida al campus y su biodiversidad

El emblemático cuerpo de agua de la Universidad de La Sabana es también un aula al aire libre y un ecosistema clave para la biodiversidad del campus. Descubre cómo se ha mantenido vivo por décadas y cómo puedes seguir contribuyendo a su cuidado.
Vas andando por el campus y la llegada de una garza al lago te detiene en seco. Una escena como esa, que puede ocurrir cotidianamente en la Universidad de La Sabana, es también una muestra de cómo la vida universitaria transcurre en contacto con la biodiversidad. Rodeado de edificios, jardines y zonas verdes, el icónico lago es mucho más que uno de los elementos que embellecen el campus: su presencia favorece la llegada de distintas especies de aves y otros animales que encuentran allí un lugar para descansar, alimentarse o permanecer.
Es probable que alguna vez te hayas preguntado: ¿cuál es el origen de ese lago? ¿Está conectado con el río Bogotá? ¿Cómo llegó la Universidad a construir sus instalaciones alrededor de él?
La historia comienza mucho antes de que existiera el campus. Cuando se adquirieron los predios de Bella Colombia, donde hoy funciona la Universidad, el cuerpo de agua ya estaba allí. Su anterior propietario, don René Caballero, lo había construido con intervención de maquinaria como un reservorio para atender las actividades de la finca.
Por eso, aunque el campus es vecino del río Bogotá en 2,5 kilómetros, podría sorprender descubrir que este lago no tiene conexión con él. Son dos cuerpos de agua independientes. El lago tiene un volumen aproximado de 13.000 metros cúbicos, cerca de un metro de profundidad y unos 20 metros de ancho y 650 metros de largo, en promedio. Mantener en buenas condiciones un cuerpo de agua de estas dimensiones requiere un manejo permanente.
Un lago que necesita movimiento
Si el agua del lago está quieta durante demasiado tiempo, puede acumular excesis de nutrientes, lo que se conoce como eutrofización, y deteriorar sus condiciones. Para evitarlo, la Universidad cuenta con fuentes de agua que, además de embellecer el paisaje, funcionan en realidad como sistemas de aireación que mantienen el agua en movimiento y favorecen su oxigenación.
Dos de los principales están ubicados cerca del puente rojo y expulsan el agua hacia arriba, alcanzando aproximadamente siete u ocho metros de altura. Además, existen dispositivos flotantes que no siempre son visibles para cualquier espectador.
La estrategia ha cambiado con los años. Antes de 2019, la Universidad utilizaba una lancha con motor para realizar recorridos sobre el lago. Décadas atrás también se aplicaban productos para favorecer la calidad del agua. Actualmente, el manejo se concentra principalmente en los sistemas de oxigenación.
Esta decisión tiene además un efecto sobre la biodiversidad. “Al tener unas condiciones más naturales en el entorno del lago, se favorece la llegada de aves y fauna que rodea este cuerpo hídrico”, señala Henry Leonardo Moya López, coordinador de Gestión Ambiental de la Universidad de La Sabana.
Una parada para seguir el viaje
Quizás uno de los efectos más interesantes de este cuerpo de agua no esté en lo que ocurre dentro de él, sino en quienes llegan hasta sus orillas.
La Universidad ha trabajado en la identificación de las 80 especies de aves que visitan el campus y ha encontrado que una parte importante de ellas tiene relación con la presencia del lago. Algunas encuentran allí condiciones para permanecer y alimentarse; otras lo utilizan como un lugar de descanso durante sus desplazamientos.
Para las aves migratorias, explica Leonardo, el lago puede funcionar como una especie de “pista de aterrizaje”. Es el caso del pato canadiense: “en su sobrevuelo, cuando ve un cuerpo hídrico, este se convierte en una pista de aterrizaje: llega, está un par de días descansando, buscando alimentos y continúa su viaje de migración”, explica Leonardo.
La presencia de estas especies también permite dimensionar la riqueza ecológica del campus. Para Moya, sin el lago, probablemente la Universidad tendría una menor cantidad de especies de aves, pues algunas encuentran allí condiciones para detenerse y continuar posteriormente su recorrido.
Un laboratorio al aire libre
El valor del lago también llega a las aulas. Semestralmente, grupos de estudiantes acompañados por profesores realizan actividades de monitoreo y muestreo relacionadas con la calidad del agua.
Estudiantes de áreas como ingeniería, especialmente quienes trabajan temas de hidrología e hidráulica, pueden aplicar en el lago procedimientos y protocolos que han aprendido en clase. Allí realizan mediciones relacionadas con variables como la turbiedad y los sedimentos y desarrollan ejercicios de análisis del recurso hídrico. “El lago ha sido uno de esos elementos para poder desarrollar esos componentes de aprendizaje experiencial”, explica Moya.
Además del aprendizaje y la biodiversidad, existe otro beneficio: el disfrute. Observar el agua, encontrarse con un ave o ver las fuentes funcionar son experiencias cotidianas que hacen parte del valor paisajístico del lugar y de los servicios ecosistémicos que ofrece.
Un lago que merece el cuidado de todos
Más allá de las labores de mantenimiento que desarrolla la Universidad, el cuidado del lago también depende de las acciones cotidianas de la comunidad universitaria. Además de evitar arrojar residuos en el agua o en sus alrededores, es importante tener en cuenta que allí convive una diversidad de organismos vivos que puede verse afectada por la introducción de especies no autorizadas.
Un ejemplo sería llevar al lago un pez que ya no puede mantenerse en casa. Aunque la intención sea encontrarle un espacio más amplio, “dentro del agua conviven una serie de organismos vivos que pueden verse afectados por la introducción de una especie diferente”, explica Leonardo.
Además, otra forma de contribuir a la preservación del lago es compartir con otros la importancia que tiene para el ecosistema. Para Moya, la educación ambiental puede convertirse en una herramienta de protección, pues conocer el papel que cumple este espacio favorece decisiones más conscientes sobre su cuidado.
Al final, el lago no es solo un elemento paisajístico del campus; es un ecosistema vivo que funciona porque todas sus partes conviven en equilibrio. Mantenerlo así depende de que la comunidad lo reconozca no solo como un espacio de descanso o estudio, sino como un entorno que debe respetarse para preservar la riqueza biológica de la Universidad.
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