De la preparación a la acción: los brigadistas de UniSabana ponen a prueba sus habilidades ante emergencias

En una competencia en la que cada equipo tenía entre 20 y 25 minutos para responder ante diferentes escenarios de emergencia, dos equipos de la Universidad de La Sabana pusieron a prueba sus conocimientos, capacidad de reacción y trabajo en equipo. La experiencia permitió medir, bajo presión, habilidades que se entrenan durante todo el año para responder a escenarios reales.
Responder ante una emergencia requiere mucho más que conocer un protocolo. Implica tomar decisiones bajo presión, trabajar en equipo, mantener la calma y poner en práctica conocimientos que pueden marcar la diferencia en los primeros minutos de una situación de riesgo o peligro.
Con este propósito, dos equipos de brigadistas de la Universidad de La Sabana participaron en las Olimpiadas de Brigadas de Emergencias organizadas por la ARL AXA Colpatria, una jornada de ocho horas realizada en Facatativá, Cundinamarca, que reunió a 96 equipos de diferentes empresas y organizaciones.
Más que un entrenamiento convencional, la actividad planteó escenarios de alta exigencia en los que los participantes debían demostrar cómo aplicaban los conocimientos adquiridos durante su formación como brigadistas.
15 escenarios para responder bajo presión
Durante las Olimpiadas se plantearon 15 pruebas relacionadas con diferentes situaciones de emergencia: estructuras colapsadas, pruebas de confianza, manejo de químicos, movilización y traslado de pacientes, evacuación, comunicación, plan de emergencias, trabajo en alturas, ambientes adversos, búsqueda y rescate, liderazgo, espacios confinados, primeros auxilios, incendios y observación. Los ejercicios fueron diseñados por el grupo GAREC de la ARL AXA Colpatria.
Los dos equipos de La Sabana realizaron entre nueve y diez de estos escenarios, respectivamente. Al finalizar, el desempeño permitió medir no solo la capacidad técnica, sino también la coordinación, la resistencia física y mental y la toma de decisiones en condiciones de presión.
El equipo 1 obtuvo 178 puntos y ocupó el puesto 36 entre los 96 participantes, mientras que el equipo 2 alcanzó 71 puntos y se ubicó en el puesto 50. Los escenarios realizados por ambos equipos representaron un tiempo acumulado de dos horas y veinticuatro minutos y dos horas y cuarenta minutos, respectivamente.
Estos tiempos, corresponden únicamente a la sumatoria del tiempo empleado en los diferentes escenarios realizados por cada equipo, y no a las ocho horas de duración total de la jornada.
Mucho más que saber qué hacer
En una emergencia, conocer un procedimiento es apenas el primer paso. La capacidad para aplicarlo correctamente depende de múltiples factores y, especialmente, del trabajo coordinado entre quienes responden a la situación.
Durante la jornada, los brigadistas pusieron a prueba habilidades como el trabajo en equipo, el liderazgo, el conocimiento técnico, la resistencia física y mental y la capacidad para tomar decisiones bajo presión.
"Para la Universidad, participar en este escenario representa una oportunidad clave de medición, competencia y fortalecimiento de capacidades. A diferencia de un entrenamiento convencional, las Olimpiadas someten a los brigadistas a escenarios de alta presión y exigencia", explica Leidy Marcela Mercado, coordinadora de Seguridad Industrial de la Universidad de La Sabana.
La composición de los equipos también refleja la diversidad de perfiles que hacen parte de la Brigada. Ambos equipos fueron conformados por seis integrantes: cinco mujeres y un hombre.
Para Ángel Parada, asesor de Emergencias de la ARL AXA Colpatria, el desempeño alcanzado demuestra que la capacidad de respuesta depende de la preparación y la coordinación de los integrantes.
"Fue un gran desempeño. El trabajo que realizaron para lograr esos tiempos y esos puntajes fue excelente", destaca.
Según Sandra Bonilla, brigadista de la Universidad de La Sabana, hacer parte de la Brigada comienza con una decisión voluntaria: prepararse para poder ayudar a otros cuando ocurra una emergencia.
"Ser brigadista para mí es algo voluntario, algo que nace para poder servirle a alguien ante cualquier situación. Es entrenarme para poder atender alguna emergencia y prestar los primeros auxilios en cuanto sea necesario", explica.
Esa disposición también transforma la manera de vivir espacios para las Olimpiadas. Allí, los conocimientos adquiridos durante los entrenamientos deben convertirse en acciones concretas frente a escenarios que exigen esfuerzo físico, coordinación y capacidad de respuesta.
"En las Olimpiadas se pone en práctica lo que se ha aprendido teóricamente y, a veces, en la práctica. Allá uno ve todos los casos que se pueden presentar en la vida real", cuenta Sandra.
La experiencia también permite enfrentarse a retos que van más allá de lo esperado. En su participación del año anterior, por ejemplo, integró un equipo conformado únicamente por mujeres, que debió afrontar pruebas que exigían fuerza física, como subir una montaña transportando a una persona en camilla.
"Es importante porque uno adquiere más conocimiento. Hay gente que de pronto sabe más o ha practicado más, pero lo importante es ir, conocer y realizar las diferentes actividades", señala.
Una brigada que se forma por niveles
La preparación de los brigadistas de La Sabana comienza mucho antes de una competencia.
Actualmente, la Universidad cuenta con 100 brigadistas, organizados en cuatro escalafones: Brigadistas Junior, Senior, Máster y Líderes Máster.
Esta estructura permite el crecimiento progresivo y la especialización de sus integrantes, al tiempo que garantiza cobertura en diferentes espacios de la Universidad. Los brigadistas están distribuidos estratégicamente en el campus principal, la sede de la Calle 80 e INALDE, con el propósito de asegurar una respuesta oportuna ante una eventual emergencia.
Más allá de la formación técnica, hacer parte de la Brigada requiere una disposición particular.
"La Universidad busca personas con un profundo sentido de servicio, compromiso comunitario y alta capacidad de trabajo en equipo. Se valoran rasgos como la responsabilidad, la disciplina, la solidaridad y el liderazgo positivo, cualidades esenciales para actuar con decisión, calma y empatía en situaciones de crisis", explica Marcela Mercado.
El proceso comienza de manera voluntaria, cuando un estudiante o colaborador decide integrarse al equipo. A partir de allí, recibe formación teórica y práctica en primeros auxilios médicos y psicológicos, evacuación, control de incendios y gestión de riesgo.
A medida que avanza su formación, participa en entrenamientos progresivos y simulacros que buscan prepararlo para responder con seguridad y eficacia ante diferentes tipos de emergencias.
Los brigadistas reciben entre 35 y 42 horas de entrenamiento al año, de acuerdo con su nivel de formación.
Entrenar antes de que ocurra una emergencia
Durante el año, la Brigada realiza simulacros periódicos, tanto institucionales como específicos por áreas. Estos ejercicios permiten poner a prueba los protocolos, fortalecer la coordinación entre las diferentes áreas involucradas y reducir los tiempos de respuesta.
"Los simulacros son fundamentales: permiten poner a prueba los protocolos, fortalecer la coordinación interinstitucional y reducir los tiempos de respuesta. En una situación real, la experiencia acumulada se traduce en confianza, control y efectividad", señala Marcela Mercado.
Esta preparación cobra especial importancia dentro de una comunidad universitaria en la que diariamente convergen miles de personas y pueden presentarse diferentes tipos de situaciones de emergencia.
La atención de estos eventos se articula entre diferentes áreas de la Universidad, entre ellas Seguridad Física, la Dirección de Entorno Saludable y Sostenible, el Centro Médico y las brigadas.
En conjunto, estas áreas pueden atender alrededor de 120 situaciones de emergencia médica durante un semestre.
Entre las situaciones más frecuentes se encuentran descompensaciones médicas, como síncopes, convulsiones, lipotimias y crisis de ansiedad, así como situaciones derivadas de caídas, golpes y heridas.
Por eso, cada entrenamiento busca que los brigadistas no solo sepan qué hacer, sino que puedan hacerlo de manera coordinada cuando una situación real lo requiera.
Prepararse para escenarios de alta exigencia
Para participar en las Olimpiadas, los equipos de La Sabana realizaron una preparación específica que complementó el entrenamiento habitual.
Los brigadistas participaron en entrenamiento físico constante, talleres especializados en técnicas avanzadas de rescate, soporte vital y control de emergencias complejas, además de ejercicios de liderazgo y dinámicas de coordinación interna.
El objetivo era que cada integrante conociera sus capacidades y su rol dentro del equipo para responder de manera articulada ante los diferentes retos.
La experiencia en Facatativá permitió llevar estos conocimientos a escenarios que exigían concentración, resistencia y toma de decisiones bajo presión.
En este sentido, las Olimpiadas funcionan como un espacio de medición: permiten identificar fortalezas, reconocer oportunidades de mejora y enfrentarse a situaciones que, aunque simuladas, exigen una respuesta similar a la que podría necesitarse durante una emergencia real.
Una cultura de prevención que se construye todo el año
La participación en las Olimpiadas es solo una parte de un proceso mucho más amplio.
La Brigada de Emergencias de La Sabana está conformada por personas que voluntariamente deciden prepararse para servir a la comunidad universitaria, avanzan por diferentes niveles de formación y entrenan durante todo el año para responder ante situaciones que pueden ocurrir en cualquier momento.
Su trabajo tampoco ocurre de manera aislada: forma parte de una respuesta articulada con diferentes áreas de la Universidad que permite prevenir, atender y gestionar situaciones de emergencia dentro del campus.
Más allá del resultado obtenido en una competencia, contar con una brigada preparada significa fortalecer la capacidad de respuesta de toda una comunidad.
Porque cuando ocurre una emergencia, los segundos cuentan. Y la capacidad de responder en esos primeros momentos no comienza cuando ocurre el incidente: comienza mucho antes, con cada hora de entrenamiento, cada simulacro, cada ejercicio y cada persona que decide prepararse para estar allí cuando los demás necesiten ayuda.
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