Cómo reconstruir la seguridad emocional de niños y adolescentes tras el terremoto

Luego de una catástrofe natural como la ocurrida el pasado 10 de agosto, es normal sentir miedo, tristeza y tener dificultad para dormir. Sin embargo, las emociones y la forma en la que se deben regular con el tiempo distan de ser las mismas en adultos que en jóvenes y niños. De ahí que un equipo de expertos de la Facultad de Ciencias del Comportamiento de la Universidad de La Sabana, integrado por la profesora Diana Bedoya, la doctora y psicóloga; Diana Obando, y el profesor Juan Camilo Restrepo, se diera a la tarea de diseñar una guía con herramientas y elementos clave para que familias, cuidadores, docentes, personal de apoyo y profesionales de la salud y protección, brinden el acompañamiento adecuado a los niños y adolescentes afectados por el terremoto y sus efectos.
Si bien, hasta la fecha, las autoridades no han compartido un consolidado único de niñas, niños y adolescentes afectados por el terremoto, datos del Ministerio de Educación indican que más de 400.000 estudiantes han visto afectada su escolaridad por los daños en la infraestructura educativa. A esto se suman los casos de menores que quedaron sin vivienda o sin la presencia de un familiar cercano.
Por esto, antes de brindar un acompañamiento emocional, los expertos recomiendan primero verificar la seguridad física del menor y su necesidad de atención médica inmediata. En segundo lugar, reconocer cuando reportar con las líneas de ayuda: un niño solo o separado de su familia, señales de maltrato físico o emocional, o riesgos que vulneren sus derechos. En caso tal se debe activar la línea 141 de ICBF.
La exposición indirecta no se debe subestimar
No solo quienes vivieron el terremoto de cerca están en riesgo. Los expertos señalan tres factores que también pesan: la respuesta emocional de los cuidadores, la alteración en el desarrollo de las actividades cotidianas y la exposición mediática.
Según la ciencia, durante la etapa de infancia y adolescencia, los seres humanos son más vulnerables y receptivos a la protección que reciben por parte de su cuidador. Retomando el caso del atentado de Oklahoma City, los expertos sostienen que “la televisión por sí sola fue una vía suficiente para experimentar malestar por el evento”, incluso en niños sin exposición física directa.
Por tal razón, los expertos recomiendan limitar la exposición a imágenes repetidas asociadas al evento, ver las noticias junto al menor cuando sea posible corregir interpretaciones y distinguir entre “estar informado” y “estar expuesto”: revisar información verificada en momentos definidos y lejos de los niños. Con adolescentes, la recomendación es similar — “revisar las noticias en 1 o 2 momentos del día en lugar de un scroll continuo"— dado el mayor acceso que tienen a la información por sí mismos.
La resiliencia, explican, llega cuando hay una aceptación de las emociones, lo que no significa estar de acuerdo con lo ocurrido, sino guardar la energía disponible para "cuidar, acompañar y empezar a construir”. Los expertos proponen cinco maneras de acompañar al niño sin forzarlo a hablar: proximidad física y contacto, contacto visual genuino, frases de validación (“veo que estás asustado y tiene sentido”), reconocer sus pequeños logros de afrontamiento y rituales repetibles como una frase antes de dormir.
Si los síntomas de estrés persisten o aumentan luego de más de un mes, es momento de buscar una evaluación psicológica o psiquiátrica formal.
Cómo retomar las rutinas cuándo no están los medios
Muchos niños y adolescentes no pueden volver a los colegios por las daños o riesgos estructurales. Retomar actividades cotidianas —tiempo familiar, juego libre— “reduce los estresores psicológicos y restablece la sensación de seguridad y normalidad, incluso cuando esas rutinas deben reconstruirse en una nueva normalidad”.
El juego, aseguran los expertos, es la vía principal por la que los niños procesan lo vivido; que un niño repita varias veces la escena una y otra vez es esperable, y solo es señal de alarma si esa repetición se prolonga sin evolucionar. Por tanto, es importante recurrir espacios habilitados por ICBF o UNICEF, donde hay supervisión y contacto social seguro.
La recuperación, insisten los expertos, depende sobre todo de la presencia y apoyo de los adultos alrededor del niño. Es como una ola: si alguien pone resistencia, será la situación más difícil de sobrellevar, pero reconocerla y aprender a transitarla es lo que permite avanzar.
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Diana Cristina Castellanos Uribe, graduada de Enfermería de la Universidad, es actualmente la coordinadora de calidad y gestión del cuidado de enfermería en la Fundación Santa Fe de Bogotá. De acuerdo con ella, en cualquier sociedad, la calidad del servicio es un componente fundamental en la atención en salud. Teniendo en cuenta que los pacientes y sus familias confían en que recibirán atención segura y de alta calidad, es fundamental la labor y el papel que desempeñan los profesionales de la enfermería.
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