Experiencial

Por Gabriel Pineda A., magíster en Lingüística Panhispánica y profesor del Departamento de Lingüística, Literatura y Filología.

Experiencial es una palabra que empecé a usar en 2011, el mismo año en que publiqué mis primeros artículos en una revista especializada en mercadeo. Empezaba una época en la que los consumidores preferían la experiencia antes que el producto, con lo cual las marcas se empeñaban en crear estrategias de mercadeo experiencial. No importaba tener el CD (en esa época la música todavía venía en CD), sino ir al concierto (por esos años, nacía el Estéreo Picnic); no era sustancial comprar un café, sino cómo prepararlo y dónde tomárselo; no era cuestión de ir a comprar algo a un centro comercial, sino de visitar un centro comercial para darse una vuelta, ver qué había y pasar el rato. Era el comienzo de un nuevo consumo, el que tenemos ahora.

Esto no quiere decir que la palabra sea nueva. Experiencial no es más que un adjetivo derivado del sustantivo experiencia por la adición del sufijo –al, que indica «relacionado con» o «perteneciente a». La lengua española nos da la posibilidad de crear o derivar palabras a partir de otras, usando reglas morfológicas. Una de ellas es agregar sufijos a los sustantivos para crear adjetivos, como puede ser el sufijo -al en relacional (de relación), astral (de astro), cerebral (de cerebro), horizontal (de horizonte), superficial (de superficie) o semestral (de semestre). Estas palabras derivadas no siempre aparecen en ediccionario, pues, al ser derivadas, los editores de estos compendios dan por hecho que el hablante puede intuir su significado a partir del término original (de origen). Sin embargo, deciden incluirlos cuando se vuelven términos de uso o consulta muy frecuentes.

En la actualidad, es fácil identificar lo segundo: si hay una gran masa de personas buscando el significado de experiencial en el diccionario, más vale incluir la definición. Por esta razón, experiencial empezó a registrarse en el diccionario a partir de la edición del año 2001, aunque en ese entonces la describía como un adjetivo de uso casi exclusivo del campo de la psicología. Dicha aclaración ya no hace parte de la definición actual porque la palabra se usa de modo generalizado.

"Lo experiencial es lo que nos transporta a escenarios nuevos, creados, soñados o maravillosos, que dejan huellas imborrables en nosotros, es decir, aprendizajes"

La popularización de algunos términos es un reflejo de los cambios de nuestro mundo. La aparición de nuevas palabras muestra la necesidad de nombrar cosas nuevas, como sucede con tuit, inexistente hasta los inicios del siglo XXI, mientras que la pérdida o el desuso de otros términos da cuenta de qué realidades dejaron de ser importantes, como espuela, que aparecía 22 veces por cada millón de palabras en los textos del siglo XIX, pero solo se menciona 1,28 veces por cada millón de palabras en los textos del siglo XXI.

La palabra experiencial no aparece en los corpus de textos del diccionario del español de los siglos XI al XIX. Se menciona 0,04 veces por cada millón de palabras en el siglo XX, sobre todo después de 1970, y tiene una frecuencia de 1,42 apariciones por cada millón de palabras en el siglo XXI. Para hacernos una idea la palabra más usada del español es la preposición de con 49.596 menciones por cada millón de palabras. La número 50 de las más usadas es calidad, que tiene una frecuencia de 178,5 menciones por cada millón de palabras.

Según los datos de Enclave RAE, las palabras con las que más se ha relacionado el término experiencial son cognoscente, gnoseológico, teologal, evitación y sanjuanista. Al parecer, ha sido siempre un adjetivo reservado para lo mental y psicológico, con incursiones en lo místico, lo filosófico y lo imaginario. Por esta razón, podríamos decir que, para nosotros como hablantes, tiene una connotación mágica, de encantamiento y que propicia lo sorprendente. En esos términos, lo experiencial es lo que nos transporta a escenarios nuevos, creados, soñados o maravillosos, que dejan huellas imborrables en nosotros, es decir, aprendizajes. Visto así, el aprendizaje experiencial tendría tanto de real, porque es vívido, como de maravilloso. Se trataría de un aprendizaje cargado de significados y memorias, puesto que se deriva de vivencias, casos, desafíos y hasta aventuras, a partir de las cuales construimos nuestro conocimiento del mundo.