Derecho con empatía: la apuesta de Legal Walkers

Esteban González y Harold Miguel Medina, graduados de Derecho, lideran una firma que busca transformar la experiencia jurídica, a través de un enfoque basado en la cercanía con sus clientes y la eficiencia en los procesos de conciliación.
Para muchos, el derecho es una profesión tradicionalmente asociada a normas, procedimientos y tecnicismos. Sin embargo, para Esteban González, graduado de la Universidad de La Sabana, es, ante todo, un medio para acompañar a las personas.
Desde muy joven, su curiosidad lo llevaba a cuestionarlo todo. “¿Eso es legal?”, se preguntaba con frecuencia, incluso siendo niño. Esa inquietud marcó el inicio de un camino profesional conectado con la vida cotidiana: entender que detrás de cada decisión, acuerdo o conflicto hay implicaciones legales, pero, sobre todo, humanas.
A través de Legal Walkers, Esteban y su socio, Harold Miguel Medina, han convertido esa forma de ver el derecho en una propuesta de valor clara. Su objetivo es ofrecer soluciones jurídicas que eviten años de desgaste emocional y económico, apostando siempre por la conciliación, el acompañamiento cercano y la empatía.
“Todo el mundo piensa en firmar contratos, pero lo realmente importante es qué pasa cuando las cosas no salen bien”, explica Esteban. Y es precisamente en ese momento de quiebre, cuando surgen los incumplimientos, los desacuerdos y las tensiones, donde este equipo busca intervenir.
Esta visión no obedece únicamente a una estrategia de negocio, sino a una postura ética frente a su labor. Esteban tiene claro que nadie busca a un abogado por gusto; por lo general, quienes acuden a ellos están atravesando situaciones de angustia, conflicto o vulnerabilidad. Por eso, afirma que su mayor satisfacción profesional radica en ser un punto de apoyo en medio de las dificultades. “Muchas veces las personas terminan perdiendo más de lo que ganan en un proceso judicial. Nosotros queremos evitar eso”, asegura.
Por eso, su foco está en trabajar con emprendedores, microempresarios y personas naturales que, en muchos casos, se enfrentan por primera vez a un problema legal. Son clientes que no solo necesitan soluciones técnicas, sino orientación, claridad y la certeza de que sus casos están en buenas manos. Así, su servicio trasciende lo estrictamente jurídico: mantienen una comunicación constante, incluso cuando no hay novedades procesales; son realistas sobre lo que se puede lograr, evitando falsas expectativas; y ofrecen esquemas de pago flexibles, comprendiendo los desafíos económicos de quienes los contratan.
Para ilustrar ese enfoque diferencial, Esteban comparte uno de los casos que más recuerda: el de una pareja que estaba a punto de separarse, con un menor en la familia. Se trataba de un caso con un fuerte componente emocional y con el potencial de convertirse en un litigio largo y costoso. En lugar de escalar el conflicto en los tribunales, el equipo de Legal Walkers decidió intervenir desde la conversación, la persuasión y el entendimiento mutuo. Durante meses trabajaron para construir un acuerdo que, finalmente, evitó el juicio. El resultado fue una solución más rápida y, sobre todo, menos dolorosa para los involucrados.
Emprender en el derecho
El camino de Esteban como emprendedor comenzó antes de recibir su diploma. Lo motivaba la posibilidad de liderarse a sí mismo: gestionar su tiempo, tomar decisiones bajo su propio criterio y construir algo desde cero. Ese propósito tomó forma al vincularse a Legal Walkers, una compañía que nació a finales de 2019, justo antes de uno de los periodos más retadores para cualquier sector: la pandemia. Lo que empezó como un apoyo a otros colegas, fundadores de la firma, terminó convirtiéndose en su proyecto profesional cuando, tras años de incertidumbre en el mercado, decidió asumir las riendas de la empresa en 2023.
A partir de ese momento, se dedicó a imprimirle su propio sello, sumando al proyecto a Miguel, quien además aporta su experiencia como docente universitario en Manizales.
Al mirar atrás, Esteban reconoce que su paso por La Sabana no solo le dejó herramientas técnicas, sino algo mucho más determinante: una forma de entender la profesión desde la dignidad humana. Recuerda especialmente a aquellos profesores exigentes que iban más allá del currículo para compartir experiencias reales, reflexiones éticas y aprendizajes que marcaron su formación. “Te enseñan a ser abogado, pero también a ser persona. Es algo que me ha servido para aprender a trabajar en equipo y para tratar a mis clientes de una forma diferente, con mucho respeto y dedicación”, afirma.
Para él, esta cercanía cobra todo el sentido cuando comprende la vulnerabilidad de quien busca ayuda. Sabe que las palabras de un experto tienen un peso especial en medio de la incertidumbre: “Incluso si es un consejo que podría darle cualquier otra persona, escucharlo de su abogado le genera una tranquilidad distinta. Cambia por completo cómo se va a sentir el cliente después de esa llamada”, reflexiona Esteban.
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