Inocuidad alimentaria global: ciencia aplicada para proteger la vida

Francisco Javier Garcés-Vega, graduado de la Facultad de Ingeniería, es el nuevo presidente de la Subcomisión Latinoamericana de la International Commission on Microbiological Specifications for Foods (ICMSF).
Desde que inició la carrera de Ingeniería de Producción Agroindustrial, Francisco Garcés-Vega tuvo clara su meta: influir para que el mundo en el que vivimos sea mejor. Ahora, más que nunca, está cumpliendo con ese propósito desde la Subcomisión Latinoamericana (LAS) de la International Commission on Microbiological Specifications for Foods (ICMSF), donde desde inicios de 2026 ejerce como presidente. Los lineamientos de esta entidad sirven como referencia técnica para gobiernos, agencias regulatorias y la industria alimentaria en la toma de decisiones que impactan directamente la seguridad de los alimentos y la salud pública a nivel mundial.
Este logro no es solo un peldaño en su carrera, sino el resultado de una trayectoria marcada por la curiosidad científica, estancias internacionales y el propósito de transformar datos en bienestar para la sociedad. Confiesa que cuando ingresó a la Universidad no imaginaba el impacto que podría lograr por medio de la microbiología. Pronto, descubrió en ella una faceta distinta de la ciencia, cuando vio el potencial de los modelos matemáticos para entender el crecimiento y la inactivación de microorganismos.
Después de su grado como ingeniero, su interés por la ciencia le permitió vincularse como investigador a proyectos en la Universidad de La Sabana, incursionar en el sector real y realizar estancias de investigación en el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA), referente mundial en microbiología predictiva, y en la Universidad de Sacro Cuore, en Italia.
Al regresar a Colombia, cursó la Maestría en Diseño y Gestión de Procesos y se enfocó en el desarrollo de prototipos integradores de tiempo-temperatura para evaluar la vida útil de productos, una herramienta esencial para garantizar la seguridad en insumos críticos como las vacunas. Este rigor académico le abrió las puertas de la beca Fulbright-Colciencias para realizar su doctorado en Michigan State University.
En Estados Unidos, su carrera enfrentó un nuevo reto. Aunque su plan inicial era trabajar con vegetales de hoja, su director de tesis le propuso investigar productos de baja humedad, como las almendras, que en ese momento presentaban brotes microbiológicos. “Yo había trabajado todo el tiempo en crecimiento microbiológico y aquí había que mirar cómo se controlan, cómo los procesos que implementamos reducen la carga microbiana en un producto completamente distinto”, recuerda Francisco, describiendo esta etapa como una verdadera aventura científica.
De la investigación a la incidencia global
Su paso por un postdoctorado en la FDA (Administración de Alimentos y Medicamentos de EE. UU.) no solo consolidó su perfil como investigador, sino que lo llevó a incidir en escenarios de decisión global. Desde allí, ha colaborado como consultor con instituciones como la Universidad de Querétaro en México, ILSI Europa y la propia FDA, investigando temas diversos, desde la validación de procesos hasta la dispersión de polvo en entornos agrícolas.
Este camino de relacionamiento lo llevó a la ICMSF, una organización científica global que dicta las pautas para el control de microorganismos en alimentos. Lo que comenzó como un apoyo en la traducción de contenidos para democratizar el conocimiento sobre muestreo, evolucionó rápidamente. Francisco pasó de ser consultor a miembro oficial de la Comisión, tras participar en reuniones clave de esa organización en Nairobi (Kenia) e Indonesia.
Así, desde enero de 2026, el graduado asumió la presidencia de la Subcomisión Latinoamericana (LAS-ICMSF). En este rol, liderará a un equipo diverso de profesionales que trabajan en la academia, la industria y el mundo de la consultoría, con el objetivo de continuar armonizando los criterios microbiológicos en el comercio internacional y proteger la salud de la población. “La idea es que los alimentos que llegan a las personas, sea en su casa, en un restaurante o en un espacio académico, sean tan seguros como sea posible y educar en que la idea del riesgo cero no es viable”, explica.
Impactando al país con ciencia
Para Francisco, liderar esta comunidad científica internacional es la puerta para seguir impactando a Colombia. Una de sus mayores motivaciones es cerrar la brecha técnica en el sector agroalimentario nacional, facilitando que el conocimiento global se traduzca en soluciones locales.
“Hay oportunidades enormes en cuanto a entender mejor la realidad microbiológica de nuestros productos, en particular los que son de interés local y no tienen lineamientos concretos”, asegura. El ingeniero enfatiza que, aunque la industria produce grandes volúmenes de datos, el verdadero reto para el país es transformar esa información en conocimiento que mejore la epidemiología y la seguridad alimentaria.
Al mirar atrás, Francisco reconoce que el sello de La Sabana fue determinante en su formación como investigador y consultor. No solo por la técnica, sino por la impronta humanista de sus maestros: “Me motivaron a pensar distinto, a ver más allá de lo obvio, a cuestionar el porqué y el para qué de lo que hacía”. Hoy, desde su posición en LAS-ICMSF, sigue respondiendo a esas preguntas, convencido de que la ciencia solo cobra sentido cuando protege la salud, la vida y el bienestar colectivo.
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