Glufosinato de amonio: La sustancia que busca reemplazar al glifosato y reabre el debate sobre la erradicación de cultivos ilícitos

Luego de la suspensión de la aspersión aérea con glifosato en Colombia, un nuevo debate surgió alrededor del glufosinato de amonio, el herbicida que el Gobierno nacional actual busca evaluar como alternativa para la erradicación de cultivos ilícitos. Expertos de la Universidad de La Sabana, advierten que aún existen interrogantes sobre la efectividad de este herbicida para eliminar cultivo de coca en Colombia y sobre sus impactos en la salud humana y el medio ambiente.
La discusión se remonta a 2015, cuando la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC), clasificó el glifosato como "probablemente cancerígeno para humanos", lo que incrementó las preocupaciones sobre sus efectos en la salud. Dos años después, la Corte Constitucional realizó la suspensión definitiva.
En este contexto, el gobierno del presidente Abelardo de la Espriella promovió un plan piloto con glufosinato de amonio como posible alternativa al glifosato y derogó la Resolución 6 de 2015 del Consejo Nacional de Estupefacientes (CNE), que suspendía las aspersiones aéreas con glifosato. No obstante, según medios el proyecto continúa en discusión, pues el Instituto Nacional de Salud (INS) aún no ha dado el visto bueno para su ejecución en Putumayo y será el Tribunal Administrativo de Putumayo quien decida si la prueba puede llevarse a cabo.
¿Qué es el glufosinato de amonio?
El glufosinato de amonio, “es un herbicida organofosforado de amplio espectro, que altera el metabolismo del nitrógeno en plantas al inhibir la glutamina sintetasa”, según explica Alejandro Acosta, profesor de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de La Sabana. Al momento en el que esta sustancia tiene contacto con las hojas de las plantas puede dañar su tejido, lo que “causa clorosis, necrosis y muerte del tejido vegetal de la planta”.
Nathalia Conde, profesora de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de La Sabana, explica que esta sustancia afecta un mecanismo fundamental del metabolismo de las plantas. “Cuando esta enzima es inhibida, se altera el metabolismo del nitrógeno”, asegura. Esto hace que no puedan procesar correctamente ciertos nutrientes, acumulen compuestos tóxicos y, finalmente, sufran daños que las llevan a secarse y morir. De ahí que se utilice como herbicida para eliminar malezas y otras coberturas vegetales.
Conde, resalta que tanto la dosis como las condiciones de la aplicación de este herbicida deben ser evaluados, por lo que, “la cobertura de las hojas, la dosis y las condiciones de aplicación son importantes para lograr el efecto deseado”. Además, la literatura científica expone que “su eficacia puede variar según la especie vegetal y las condiciones ambientales”.
Aún no existe evidencia suficiente sobre su efectividad en cultivos de coca
“No sería pertinente afirmar que una aplicación de glufosinato erradicaría por completo la coca”, afirma Conde.
Para determinarlo, sería necesario estudiar la especie Erythroxylum, realizar pruebas que permitan establecer cuál es la dosis adecuada, cómo responden las plantas en diferentes etapas de crecimiento y qué influencia tienen factores como el clima o el método de aplicación.
El efecto puede variar según su aplicación. Acosta expone que “la aplicación aérea puede aumentar el efecto de deriva fuera del área objetivo”, afectando a cultivos legales cercanos u otras áreas no deseadas. Mientras que, la terrestre permite una intervención más precisa sobre áreas específicas.
A pesar de que hacerlo de manera terrestre parece menos riesgoso. De acuerdo con la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA) el herbicida puede arrastrarse por el agua hacia otros lugares. Aunque en tierra suele degradarse gracias a la acción de microorganismos, en ambientes acuáticos puede permanecer durante más tiempo, lo que podría aumentar la exposición de peces, insectos y otros organismos, asegura Conde.
Por lo anterior, Conde sugiere comparar ambos métodos, teniendo en cuenta: dosis, tamaño de las gotas, altura de aplicación, velocidad del viento, temperatura, humedad, distancia a cultivos y viviendas y proximidad a cuerpos de agua.
Riesgos para la salud y el ambiente
Sobre la exposición humana, ambos expertos coinciden en que el riesgo depende de factores como la dosis, la duración de exposición y la vía de contacto con la sustancia.
Aunque el glufosinato de amonio es catalogado como una sustancia "moderadamente peligrosa", según la OMS (clase 2), algunos estudios han identificado que las exposiciones elevadas pueden generar “alteraciones neurológicas, respiratorias y cardiovasculares”, explica Conde.
Acosta agrega que, “puede generar daños directos en la salud humana por su acción neurotóxica”. Además, el impacto puede alcanzar a los animales domésticos y la fauna silvestre, “existen riesgos potenciales principalmente en organismos acuáticos. En abejas se ha determinado efecto significativo en su microbiota, pero se debe estudiar el efecto en otros polinizadores”, agrega.
Conde explica que “los efectos dependen de la especie, la vía de exposición, y la dosis. No obstante, es importante diferenciar el ingrediente activo de una formulación comercial”. Por un lado, la EPA explica que “el glufosinato formulado puede ser más tóxico para algunos organismos acuáticos y terrestres que el ingrediente activo por sí solo”.
Asimismo, algunas evaluaciones internacionales han identificado posibles riesgos en mamíferos, aves, reptiles, anfibios y organismos acuáticos, así como plantas que no son el objetivo de la aplicación. La experta aclara que este hallazgo no significa que el daño ocurra necesariamente en todos los casos, sino que existen escenarios en los que la exposición podría generar efectos adversos.
La medida de protección principal, según Acosta y Conde, es seguir la etiqueta y la ficha de seguridad de la formulación específica. Los elementos de protección personal recomendados incluyen: guantes resistentes a productos químicos, ropa de manga larga, pantalón largo, protección ocular y, cuando sea necesario, protección respiratoria. De igual forma, recomiendan evitar el contacto directo con la piel y los ojos, así como la inhalación del producto durante su preparación y aplicación.
¿Hay alguna otra salida que evite las afectaciones a las comunidades?
En primer lugar, Acosta resalta que antes de recurrir al uso de herbicidas es importante evaluar opciones que impliquen menor exposición: “la selección de una alternativa siempre debería basarse en evidencia científica sobre eficacia, impactos ambientales, salud pública, costos y alteración de condiciones socioeconómicas locales.”, afirma.
Más allá del uso de herbicidas, Conde menciona estrategias como la erradicación manual, los programas de sustitución voluntaria y las iniciativas de desarrollo rural que ofrecen a las comunidades opciones económicas legales y sostenibles.
“Desde el punto de vista de la exposición química, otra posibilidad es priorizar métodos que permitan mayor control espacial de la aplicación, reducir la deriva y establecer zonas de protección alrededor de viviendas, cultivos y fuentes de agua”, añade.
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