¿Por qué hoy se habla de salud mental más que antes?

Según la OMS, una de cada siete personas en el mundo tiene un trastorno de salud mental, lo que equivale a más de 1.000 millones de personas. La organización define la salud mental como un estado de bienestar mental que le permite a las personas hacer frente a los momentos de estrés de la vida, desarrollar habilidades, aprender y trabajar de manera adecuada.
Expertas de la Universidad de La Sabana identificaron las barreras de acceso, desinformación y el estigma que persiste alrededor de los trastornos de salud mental.
Para Diana Obando, doctora en psicología y profesora de la Facultad de Ciencias del Comportamiento de la Universidad de La Sabana, los retos principales ocurren debido al aumento de la prevalencia de estas condiciones en distintos grupos de población, la falta de investigaciones con población colombiana, el diseño de estrategias de prevención basadas en evidencia y la accesibilidad a los servicios de atención.
Según explica, los problemas de salud mental presentan distintas reacciones según la edad. En los niños, predominan los problemas emocionales y conductuales, durante la adolescencia aumentan los casos de depresión y ansiedad, así como el consumo de sustancias psicoactivas y conductas autolesivas. En la adultez, la ansiedad y la depresión continúan siendo las afecciones más frecuentes.
¿Más trastornos o más diagnósticos?
Una pregunta que surge frente al aumento de las cifras es si realmente están creciendo los trastornos mentales o si existen una mayor capacidad para identificarlos.
Yahira Guzmán, psiquiatra y profesora de la Facultad de Medicina de la Universidad de La Sabana, explica que ambos fenómenos están ocurriendo de manera simultánea. Por una parte, cada vez más "profesionales de otras áreas cuentan con los conocimientos básicos para hacer el primer direccionamiento”. Por otra, las investigaciones sí han evidenciado un incremento en los casos de algunos trastornos, lo que ha permitido una detección temprana y un manejo más oportuno.
Obando añade que la conversación sobre salud mental ha evolucionado significativamente. A medida que el tema ha ganado visibilidad, también ha aumentado el reconocimiento de su importancia y la necesidad de destinar recursos para su investigación, prevención y tratamiento.
Sin embargo, advierte que no toda la información que circula sobre el tema resulta beneficiosa, ya que promueve información errónea que termina afectando el bienestar de otras personas. Lo que sugiere es que "las personas busquen canales oficiales para mantenerse informados y que quienes van a hablar sobre salud mental se apoyen de expertos."
Los mitos que persisten
A pesar de los avances, algunos mitos continúan presentes en la sociedad.
Uno de ellos es la creencia de que ‘los problemas de salud mental son un invento’. Obando explica que estas condiciones han sido estudiadas científicamente durante años y existe evidencia sólida de su relación con factores biológicos, genéticos y contexto social.
Otro mito frecuente es que ‘ahora todo el mundo tiene un problema mental.’ La experta aclara que experimentar malestar emocional no implica necesariamente padecer un trastorno mental. Lo que ha ocurrido es una mayor visibilización de estas problemáticas.
Además, persiste la idea de que 'los medicamentos psiquiátricos son perjudiciales'. Al respecto, Obando explica que, como cualquier tratamiento farmacológico, pueden producir efectos secundarios, pero sus beneficios superan los riesgos en los pacientes. Así mismo, la variedad de medicamentos existentes permite adaptar los tratamientos a cada caso.
Los desafíos de la salud mental
Obando señala que la barrera principal es la insuficiencia de profesionales especializados. Según datos citados del Ministerio de Salud y Protección Social en la Política Nacional de Salud Mental, en 2023 Colombia contaba con 173 psicólogos y 4,3 psiquiatras por cada 100.000 habitantes.
Esta situación se traduce en listas de espera prolongadas, mayores intervalos entre consultas y dificultades para mantener la continuidad de los procesos terapéuticos.
A ello se suma una barrera cultural. “Muchas personas consideran que pedir ayuda (...) es una muestra de debilidad o falta de voluntad”, Obando.
Para Guzmán, acabar con esta insuficiencia requiere un trabajo en conjunto entre profesionales de la salud mental, quienes deben recibir el mejor entrenamiento sobre las estrategias políticas y gubernamentales a favor del derecho fundamental encaminados a ofrecer servicios de calidad que permiten un trato digno a las personas con trastornos mentales.
¿Los niños y adolescentes son más vulnerables?
En 2023, cerca de 470 millones de personas vivían con trastornos de ansiedad en el mundo, entre ellas niños y adolescentes.
Para Guzmán, la pandemia del Covid-19 tuvo un papel importante en esta tendencia. El confinamiento, la reducción del contacto social presencial y el aumento en el uso de redes sociales modificaron la forma en que muchos jóvenes se relacionan con los demás.
“Los jóvenes comenzaron a sentir más tranquilidad en escenarios virtuales y menos con el contacto con otras personas, fue más evidente la presencia de irritabilidad y los conflictos familiares usuales se incrementaron”, expone Guzmán.
No obstante, no todos los niños y adolescentes desarrollan trastornos de ansiedad. “Depende también de factores biológicos y la capacidad individual de regular las propias emociones”, explica Guzmán.
Entre esos factores se encuentran el acoso escolar, la necesidad constante de aceptación, los conflictos familiares y las limitaciones de acceso a servicios de salud mental.
Para comprender una señal de alarma, Guzmán explica la diferencia entre un síntoma momentáneo y un trastorno mental. Por ejemplo, el estrés “se relaciona con un factor estresor reconocido” y tiende a disminuir cuando desaparece el factor que lo provoca o cuando la persona desarrolla estrategias adecuadas para afrontarlo.
En cambio, cuando se trata de un trastorno mental, los síntomas persisten en el tiempo, afectan distintas áreas de la vida cotidiana y pueden agravarse progresivamente. Cuando esto ocurre, buscar ayuda profesional se convierte en una necesidad.
El aumento de los trastornos mentales y las dificultades para acceder a atención oportuna muestran que se trata de un reto de salud pública que requiere respuestas integrales. Para las expertas, avanzar implica no solo contar con más profesionales y servicios, sino también construir entornos capaces de escuchar, acompañar y actuar antes de que el malestar se convierta en una crisis.
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Diana Cristina Castellanos Uribe, graduada de Enfermería de la Universidad, es actualmente la coordinadora de calidad y gestión del cuidado de enfermería en la Fundación Santa Fe de Bogotá. De acuerdo con ella, en cualquier sociedad, la calidad del servicio es un componente fundamental en la atención en salud. Teniendo en cuenta que los pacientes y sus familias confían en que recibirán atención segura y de alta calidad, es fundamental la labor y el papel que desempeñan los profesionales de la enfermería.
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