Estudiante de La Sabana hará pasantía en Harvard

Esperó hasta noviembre para recibir la respuesta. Meses de incertidumbre, varios filtros de entrevistas y la pregunta constante de si valía la pena esperar cuando todos sus amigos ya habían firmado contratos de práctica en empresas locales. Pero la respuesta llegó, y cambió todo.
María Lucía Gómez, estudiante de Ingeniería Química de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de La Sabana, fue seleccionada para realizar una pasantía de investigación en el Schepens Eye Research Institute, subsidiario de Massachusetts Eye and Ear y afiliado al Departamento de Oftalmología de Harvard Medical School. Cursa además un doble programa en Ciencia de Datos en la misma Facultad.
"Cuando me dieron la noticia no me lo creía", recuerda. "El proceso es muy largo, uno tiene que tener mucha paciencia, siente mucha incertidumbre. Es muy diferente a como es acá."
Desde el laboratorio, con curiosidad y técnica
Desde chica lo suyo fue experimentar. No solo con números, sino con colores, olores y materiales. Esa curiosidad encontró su lugar en la Facultad de Ingeniería, y desde tercer semestre María Lucía se vinculó al Semillero de Bioprospección, a cargo del profesor Luis Eduardo Díaz Barrera, donde aprendió a convertir recursos naturales en soluciones concretas para la industria y la sociedad.
Ese proceso dejó resultados visibles. En la Innova Week, ella y su equipo ganaron el reto Eco Beauty al diseñar un proceso para obtener un colorante rojo 100 % natural con flor de jamaica y pimentón, sin recurrir a químicos sintéticos, y logrando el tono exacto que la empresa solicitaba. No fue solo mezclar ingredientes: fue ingeniería aplicada con propósito. "La ingeniería en esta universidad es transformación", decía entonces. "Más que solo fórmulas, es imaginar productos que cambien la vida de las personas."
El semillero también fue la base de su aplicación a Harvard. Las cartas de recomendación, el historial de investigación, la experiencia técnica documentada: todo venía de haber estado en el laboratorio desde temprano, haciendo preguntas reales y buscando respuestas concretas.
Una selección que puso a prueba algo más que el expediente
La convocatoria del Schepens Eye Research Institute pedía, de manera explícita, "aplicar principios ingenieriles al contexto de medicina y uso clínico". Cuando María Lucía leyó eso, sintió incertidumbre. El instituto tiene un perfil más orientado a investigación médica, y ella se preguntó si una ingeniera química tendría lugar allí.
Lo tuvo. Pasó el primer filtro de entrevistas, donde habló con un egresado de la Universidad de La Sabana que ya trabajaba en el instituto y que había liderado procesos similares antes. Luego vino la entrevista final con el director del laboratorio, quien le preguntó qué podía aportar desde Colombia en tecnología y conocimiento científico. Respondió con lo que tenía: formación sólida, semillero activo, doble programa en Ciencia de Datos.
"Yo empecé Ciencia de Datos porque quería que la Ingeniería Química tuviera más impacto", explica. "Quería transformar datos en soluciones que tuvieran un propósito, para alguien." Esa combinación, ingeniería química con manejo de datos, fue precisamente lo que la selección valoró.
El peso de una beca y la decisión de esperar
María Lucía es beneficiaria de la beca de familias numerosas de la Universidad, que cubre el 90 % de su matrícula. Ser la tercera hija de una familia grande le enseñó, según ella misma, a pensar en los demás antes de avanzar sola. Lo económico siempre estuvo sobre la mesa.
En octavo semestre le retiraron la beca temporalmente, no por su promedio sino porque había sido beneficiaria en varias ocasiones y otra persona la necesitaba. Fue un golpe duro. Ese mismo semestre la Asociación de Amigos de la Universidad la acogió, y aunque recibió una beca para viajar a Austria, tuvo que rechazarla porque no logró reunir los recursos adicionales que ese tipo de intercambio requería. La pasantía en Harvard funcionó diferente: al ser una práctica remunerada, el instituto cubre gastos de vida, lo que hizo alcanzable lo que antes parecía imposible.
Para reunir la primera parte de los costos, organizó una rifa. No le da pena contarlo. "Uno tiene que aceptar su historia. Si no la acepta y pretende ser algo que no es, es muy difícil salir adelante. Hay que estar abierto a ser vulnerable y decir: oigan, es que yo sí necesito ayuda."
Un camino que ya estaba trazado desde La Sabana
María Lucía no llega sola a Boston. Al menos tres estudiantes de la Universidad de La Sabana han realizado pasantías en el mismo instituto antes que ella, y el profesional que condujo su primera entrevista es egresado de esta misma institución. Ese dato no pasó inadvertido.
"Que él estuviera allá y de esta Universidad marca mucho", reflexiona. "Gracias al camino que esa persona hizo tan bien, abrió paso para otros. No soy solo yo, sino cómo mi impacto puede ayudar a otras personas que vengan después."
El proceso de postulación también fue posible gracias a la red interna de la Universidad. Su directora de programa conocía su historia, sabía que buscaba una práctica internacional y le reenvió la convocatoria por correo. Le dio los contactos y las herramientas para estructurar la aplicación. Sin ese acompañamiento, reconoce María Lucía, no habría aplicado.
"Uno tiene que saber explotar los recursos que la Universidad tiene", dice. "Una cosa tan sencilla como leer el correo." Las oportunidades también llegaron a través de las actividades de Bienestar y Experiencia del Estudiante, su participación como monitora en el Programa de Acompañamiento Tutorial y las relaciones que construyó con profesores durante años de trabajo conjunto en el semillero.
"La disciplina siempre vence al talento"
A quienes dudan de si las carreras STEM son para ellos, María Lucía tiene una respuesta directa: "No tener miedo. Puede que uno al principio no sea bueno en algo. Da miedo porque estas carreras requieren disciplina, esfuerzo y resiliencia, pero uno se guía mucho del colegio por las notas. Tú no eres una nota. Eres lo que haces y el impacto que generas."
Su sueño, dice, es claro: "Que un día todo lo que yo recibí se lo pueda llevar a las demás personas. Demostrando que los ingenieros también somos creativos." La Facultad de Ingeniería de la Universidad de La Sabana ofrece los programas de Ingeniería Química y Ciencia de Datos con enfoque en aprendizaje experiencial y semilleros de investigación activos, y conexiones internacionales que, como en este caso, se traducen en oportunidades concretas.
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