Discurso de grado Santiago Puentes Viana

Quiero compartir con ustedes una metáfora que me nos inventamos con unos amigos hace un tiempo. Nosotros nos convencimos de que la vida es como navegar en un barco.

¿Por qué? Pues empezamos pensando que la naturaleza de una embarcación le hace ir de muelle en muelle navegando todo tipo de aguas, corrientes y rutas. Esa es la vida, llena de caminos diferentes y con condiciones específicas para cada barco.

También creemos que cada uno de nosotros es capitán de su propia embarcación, y allí tenemos un montón de cosas. Podríamos imaginar que el timón es el rumbo que tomamos, esas decisiones que nos colocan en un lugar u otro. La tripulación son esos familiares, amigos y profesores que nos ayudan en los mares de la vida, sin embargo, quien guía esa embarcación, siempre es uno.

Algunos podríamos pensar que Dios el viento y que el acto de fe más grande sería abrirle las velas del barco para que Él las infle y nos impulse. Y por último, todos los barcos tienen un destino: el mapa. Ese mapa que marca el camino, también marca la pauta y esos son nuestros sueños, y para llegar a la X tenemos que atracar en muchos puertos. 

Hace un tiempo atracamos en uno muy especial: La Sabana y todos tenemos razones muy diferentes para haber terminado aquí. Algunos estudiaron otra cosa antes, algunos estuvieron en otra universidad, para algunos fue la segunda opción y para otros la primera.

El caso es que hoy todos estamos acá y nos despedimos de una institución que nos ha dado formación integral, experiencias profesionales y una formación académica envidiable. Pero también nos ofreció un sinfín de experiencias para nuestro desarrollo cultural, deportivo y espiritual. Y aunque suena bastante bien, sabemos que no es un camino fácil y en el esfuerzo, la dedicación y en una que otra trasnochada está el éxito. Por eso, hoy estamos 24 comunicadores audiovisuales y multimedios, 23 comunicadores sociales y periodistas, 18 abogados, dos politólogos, siete psicólogos, dos pedagogos y un fisioterapeuta que podemos decir con orgullo: " lo logramos".  

Compañeros, yo sé que este es un lugar común en los discursos de grado, pero lo exitoso de esta premisa que les compartiré a continuación es que para cada quién es única: acuérdense su primera clase. Si vivieron el popular “Chía con puestos” o sus amigos que no eran de La Sabana les decían “Oiga y ¿usted cómo se va hasta allá?” Pensando que Chía es un continente aparte o algo así. Recuerden con quién se sentaron al lado, quién era el profesor y si fueron protagonistas de alguna primiparada.  

Piensen también que ya no existe el 8, la cancha que quedaba donde hoy es Ad Portas. Piensen cuando existía la enchilada mexicana y las papas salían de una vez con paprica. Cuando almorzábamos en el pasto porque nos las dábamos de hippies o cuando los grados eran en el David Mejía y las fotos en Villa de Leyva (yo siempre los veía graduándose y decía, "uff me falta tanto...” y vea) y sean conscientes de cómo se han trasformado todos esos espacios para dar vida a nuevos lugares de encuentro.

Y de la misma manera, piensen que, así como la Universidad se transformó, todos nosotros también hemos cambiamos en estos años... pero al igual que la U, no hemos cambiado nuestra esencia. Y eso es lo que tenemos que hacer en la vida, atravesarla teniendo claros nuestros principios y valores, porque allá afuera será más difícil y van a ver que habrá tentaciones. Pero yo quiero creer que en La Sabana y en cada una de nuestras Facultades nos formaron para ser más que profesionales; nos entrenaron para ser buenos en la vida. 

Y un ejemplo de esto es, nuevamente, el barco. Tristemente vivimos en una Colombia llena de aspectos por mejorar. Y en un país donde todos los barcos siguen la corriente y predomina la corrupción y las ideas culturales de que “el vivo vive el bobo”. Yo creo que nosotros podemos ser agentes de cambio y poner nuestro barco contracorriente.

Y yo sé que a veces es difícil sacar nuestro tono más humano cuando el mundo está totalmente permeado por la tecnología. Pero yo me rehúso a pensar que el desarrollo tecnológico tiene algo de culpa en que la sociedad esté deshumanizada.

Los nuevos avances son solo herramientas, nosotros debemos tener claro siempre que esto no se trata de manipular maquinas. Porque siempre que hagamos algo en la virtualidad, el resultado es para una persona y todo lo que podemos hacer en la red tiene efetos en el mundo real y en seres humanos reales y con sentimientos, sueños, expectativas y demás. ¿Cuál es el reto entonces? Darle tono humano a todo lo que hagamos en la virtualidad y que seamos tan auténticos como podamos.

Pero tranquilos, no es que tengamos que vivir la vida a toda máquina siempre. No está mal si en algún momento lanzamos nuestra ancla al fondo del océano y nos tomamos un tiempo para ver el paisaje, respirar y retomar energías, pues son esos los momentos que nos hacen consientes de todo lo que ha pasado. Entonces no tengan miedo a parar, pensar y descansar.

Ahora, no puedo dejar pasar este momento sin mirar a atrás y agradecerle a la tripulación de ese barco que atracó en La Sabana hace un tiempo. Y así como históricamente hemos sido la generación que levanta su mano para decir las cosas que no se quieren escuchar, los invito en este momento a bajarla con fuerza en su muslo para hacerse sentir con cada sentimiento que los incluya o los identifique.

El ejercicio es simple y nos incluye a todos. Si usted que se graduó, está de acuerdo con lo que digo, tan solo golpeé su muslo con su mano y este discurso y agradecimiento también será suyo. Hágalo cuando lo sienta, no tema en interrumpirme o hacer ruido, este discurso de grado también es suyo y una simple palmada en su muslo le dará a entender a esas personas que usted también siente lo que yo digo. Y nuevamente hágalo en el momento justo cuando usted sienta empatía con lo que digo, no espere, solo déjese llevar y hágalo cuantas veces lo sienta necesario. Les digo entonces: golpeen su muslo si están listos.

Quiero agradecer a los profesores y directivos que prepararon todo para que nosotros estemos aquí. Ellos dedican su labor a influenciar personas y como decía Henry Brooks “Los profesores afectan la eternidad; nadie podrá saber dónde termina su influencia”. Los invito a que seamos un poco como ellos, y no tiene que ser necesariamente desde la labor docente, eso es una vocación. Pero sí los invito a que busquemos influenciar positivamente la vida de los demás. Los invito a sembrar esfuerzo, talento, buenos consejos y dedicación para cosecha vida, trascendencia, apoyo y una vida profesional exitosa. Recuerden que alguien lo hizo con nosotros y está en cada uno el replicar esa acción. Todos somos influencers para nuestros colegas, compañeros, familiares y, en general, todos los que nos rodean.

Normalmente agrademos a los profesores, familiares y amigos, pero siento que a veces nos olvidamos de las personas que hacen que todo esté bien a nuestro al rededor. Por eso, quiero agradecer a las Monis, los chefs y a los guardias de seguridad que nos sirvieron siempre con mucha alegría. Qué prepararon la Universidad desde la puerta de Centro Chía hasta el puente de madera y de la Casa Bosque hasta Ágora y Mesón. Gracias.

También agradezco a los amigos y compañeros que con la excusa de estar compartiendo clases y trabajos terminaron compartiendo con nosotros momentos memorables, alegrías y abriéndonos su corazón. Gracias a ellos. 

Y por último, y lo más importante, gracias a las familias. El Papa Francisco dice lo siguiente: “tener un lugar a dónde ir, se llama Hogar. Tener personas a quienes amar, se llama Familia y tener ambas se llama Bendición”. Por eso gracias a esas personas que se la jugaron por nosotros. Y aquí les va un dato curioso, la palabra amor viene del latín amorte que literalmente traducido significa “a muerte”. Esas personas a las que cada uno de nosotros considere familia es la evidencia de eso, porque ellos nos aman a muerte. Por eso, gracias.

Y no se queden solo con estas menciones, los invito a decirle a esas personas especiales que les agradecen.

Por último, piensen que un barco no pertenece al puerto, el puerto es ese espacio donde se llena de cosas valiosas, pero no se queda ahí porque sería un desperdicio. Además, un capitán se hace en la tormenta, entonces sálganse de su zona de confort y hagan lío. Un barco está hecho para zarpar y cambiar el mar, vivirlo y disfrutarlo. A todos en algún momento nos han dicho que somos el futuro del país, pues les cuento que desde hace rato ya somos el presente.

¡Buen mar y buen navegar para todos! 

Gracias.