¿Cómo beneficia el retorno a clases  la salud mental de los estudiantes y de sus familias? 

Según cifras de la Unesco, el cierre de colegios y de universidades alcanzó a más del 91 % de los estudiantes del mundo, es decir, a cerca de 1.570 millones de niños, niñas, jóvenes y universitarios. El confinamiento y el cierre de colegios fueron medidas de control contra la propagación del COVID-19, sin embargo, queda la inquietud respecto a cuáles podrían ser sus afectaciones en torno a la salud mental.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), “La salud mental es un componente fundamental de la salud, entendida esta última como un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente como la ausencia de afecciones o enfermedades”.

Ante esta situación, María Belén García, psicóloga clínica y profesora de la Facultad de Psicología, y asesora del Ministerio de Educación en este tema, explica que “El impacto psicológico de la población de niños, niñas,jóvenes y universitarios depende de varios factores: su duración; el miedo que tengan de infectarse; qué tan frustrados, aburridos y mal informados estén; el estrés económico familiar; el no tener ni suministros adecuados ni espacio personal en casa, tanto para vivir como para asistir a una educación en línea; y la falta de contacto con compañeros y profesores del colegio”. Por ejemplo, en Hong Kong, los síntomas descritos más frecuentemente durante la pandemia fueron: inestabilidad emocional, ánimo bajo, estrés o ansiedad, irritabilidad, insomnio, síntomas de despersonalización y desrealización, y agotamiento emocional

“La presencialidad es crucial para el desarrollo de ciertas habilidades sociales interpersonales, para la práctica de repertorios comportamentales adaptados al ambiente y para el moldeamiento de otros. La no presencialidad implica un riesgo importante de no asegurar el aprendizaje de muchísimos repertorios vitales para un desarrollo armónico y equilibrado, en un niño y un adolescente. Y, si además de esto, hablamos de poblaciones infanto-juveniles con dificultades de desarrollo, con necesidades educativas especiales, esta necesidad se duplica”, asegura la psicóloga García.

Después del primer período de cuarentena a nivel mundial, los diferentes sectores económicos han tenido que ir poco a poco retornando a la ya conocida “nueva normalidad”, y esto, lejos de mejorar las cosas, las ha empeorado en aquellos hogares donde los niños siguen sin colegio. Los pequeños ahora están menos vigilados y tienen niveles más altos de exposición a diversos riesgos, pero, además, han perdido la figura “guía” de la educación desde casa, lo que ha contribuido en retrocesos importantes, sobre todo de las primeras etapas educativas. Esto también ha agravado la sintomatología emocional de los padres.

Este tiempo sin colegio presencial ha afectado el aspecto social, emocional, físico, de salud y de aprendizaje. No hay un solo aspecto en el que el beneficio de quedarse en casa sea mayor que el de asistir a la escuela.

Adicionalmente, la profesora García asegura que que “Este tiempo sin colegio presencial ha afectado el aspecto social, emocional, físico, de salud y de aprendizaje. No hay un solo aspecto en el que el beneficio de quedarse en casa sea mayor que el de asistir a la escuela. La mayoría de los estudios científicos del mundo sostenían que la única razón que podría llegar a ser beneficiosa era la reducción de la probabilidad de contagio y, también en los últimos estudios, esto se ha desmentido”. Adicionalmente, cabe resaltar que el beneficio del retorno a las escuelas en las familias también sería tremendamente significativo; por ejemplo, y solo por citar algunos, reduciría tensiones familiares o estrés por cuidados extra.

Frente a este panorama, la profesora María Belén da algunas recomendaciones para potenciar un retorno seguro a las aulas:

Retorno inmediato. Los niños, niñas, jóvenes y universitarios se encuentran expuestos a un riesgo muy superior al que tratamos de evitar manteniéndolos en casa.

Es importante cumplir con las normas de bioseguridad. Los estudios muestran que cuanto más claras sean estas normas, más sencillas y más fáciles serán de seguir, por lo cual serán más efectivas. Hay entidades educativas con auténticas listas interminables de normas de bioseguridad que finalmente nadie sigue porque son complejas o, sencillamente, incumplibles. Esto provoca problemas de adherencia y lo consiguiente es el contagio. Las normas sencillas, que la gente sea capaz de seguir sin pensar demasiado, han resultado muy útiles.

Crear espacios educativos seguros y confiables. Han sido muy útiles los grupos de convivencia estables en los colegios —sobre todo en edades pequeñas, entre los 5 y los 10 años—. Estos grupos generan alto nivel de compromiso con el cumplimiento de las normas, y son fáciles de controlar en caso de la detección de un positivo porque está muy acotado el contacto que han tenido con otras personas.

 

Educación a padres e instituciones educativas sobre verdades y mitos en relación con el contagio por COVID-19, y en cuanto a las normas de seguridad que se consideran adecuadas. Los padres tienen mucho miedo, a veces transmitido por una inseguridad extrema de los propios centros educativos, pues sienten que no es suficiente con ciertas normas de bioseguridad y han diseñado protocolos imposibles, que generan en la población más miedo e incertidumbre que garantías.