¿Es importante el tipo de estructura familiar al hablar de desarrollo económico?

Columna escrita por Andrés Salazar-Arango y Pamela Leyva-Townsend, profesores del Instituto de La Familia.

Las familias con jefes de hogar casados aportan más a la economía que otros hogares. Esta es la principal conclusión del informe Strong Families, Prosperous States: Do Healthy Families Affect the Wealth of States? (Familias fuertes, estados prósperos: ¿Las familias saludables afectan el bienestar de los Estados?), presentado por Wilcox et al. (2015). El informe analizó la conexión entre estructura familiar y prosperidad económica en E.E.U.U. y abordó cuatro factores que explicaron la relación entre la estructura de la familia y el desarrollo económico.

El primer factor fue la “participación masculina y femenina en la fuerza laboral”. Se ha evidenciado que la vida matrimonial motiva a los varones a conseguir trabajo, trabajar arduamente y a evitar actividades que puedan poner en riesgo su fuente de ingresos. En el caso de las mujeres, la maternidad está asociada a una reducción significativa de su participación en el mercado laboral, menos horas de trabajo fuera del hogar y una disminución en los ingresos. Sin embargo, se identificó que el estado matrimonial, en algunas circunstancias, limitó la movilidad geográfica, el número de horas de trabajo y el salario.

No obstante, la ganancia asociada a la paternidad en el matrimonio excedió las posibles pérdidas que conlleva la maternidad para las mujeres en el mundo laboral. Esto puede explicar por qué las familias fuertes están, generalmente, asociadas al desarrollo económico, mejor movilidad económica, menos pobreza infantil y, en promedio, obtienen un ingreso familiar más alto, sugirió la mencionada investigación de Wilcox et al. (2015).

El segundo factor hace referencia a la “economía doméstica”. Se ha evidenciado que las parejas en unión matrimonial tienden a beneficiarse de mancomunar ingresos, economías de escala y especialización e intercambio, y acumular riqueza más que las no casadas o las personas solteras. También suelen recibir más apoyo económico de los abuelos de ambas familias que otras parejas no casadas, son menos propensas a experimentar la pobreza y, debido a su mayor estabilidad, tienden a fomentar el bienestar económico familiar e individual a largo plazo. Esta “ventaja familiar en ingresos” de las familias en estado marital con hijos fue estadísticamente significativa independientemente de la edad, raza, educación y ubicación geográfica. Por tanto, no sorprende que los estados de los Estados Unidos con mayor proporción de matrimonios y de padres casados muestren menores niveles de pobreza infantil, mayor ingreso medio familiar, mayor movilidad económica y mayor nivel de Producto Interno Bruto, pib, per cápita.

El “capital humano acumulado” que pueden concentrar los niños en sus hogares, el cual les brinda las herramientas que necesitan para poder prosperar en el mercado laboral actual, fue el tercer factor. Diversos estudios sugieren que los niños que crecen en hogares con sus dos padres biológicos casados tienden a tener acceso a los recursos de un hogar con mayores ingresos, más dedicación de tiempo por parte de ellos, reciben más afecto, tienen mayor probabilidad de progresar según su edad en el colegio, recibir el título de bachiller y universitario, siendo más probable que se empleen con mejor remuneración cuando lleguen a la edad adulta.

Por último, pero no menos importante, se presentó el factor “seguridad pública”. En general, los padres varones fomentan la disciplina y ayudan a monitorear el comportamiento de los niños y jóvenes y ayudan por tanto a disminuir la delincuencia y tasa de crímenes violentos. Algunos estudios sugieren que las tasas de crímenes violentos son más bajas en los Estados con índices altos de hogares liderados por padres casados.

La investigación social sugiere cada vez más que la estructura familiar tiene alta relación con el bienestar de los niños (Cfr. DeRose et al. 2017). Aunque este estudio se realizó en E.E.U.U., sería interesante y necesario conocer si estas correlaciones se presentan en países con una gran diversidad cultural y geográfica como Colombia. Tarea pendiente para los investigadores, pues de encontrarse resultados similares a los norteamericanos, sustentaría razones importantes para promover políticas públicas a favor del matrimonio estable como lugar privilegiado del bienestar infantil.

Referencias:

Wilcox, W. B., Price J. & Lerman R. I. (2015). Strong Families, Prosperous States: Do healthy families affect the wealth of states? AEI. Institute For Family Studies.

DeRose, L., Salazar-Arango, A., Corcuera García, P., Gas-Aixendri, M. & Rivera, R. (2017): Maternal union instability and childhood mortality risk in the Global South, 2010–14. Population Studies, 71, 2, 211-228.