Historia de vida

Cada uno de sus estudios busca conocer y entender más sobre el sector salud del país, identificar sus necesidades y retos, apoyar las políticas públicas y generar programas asistenciales comunitarios como respuesta a los resultados de sus estudios. Para lograrlo la experiencia se remonta a más de 15 años trabajando con las comunidades del área de influencia, incluyendo a estudiantes y profesores de medicina de la universidad en los proyectos de salud comunitaria. Su trayectoria es representativa de las actividades que iniciaron bajo la sombrilla del Programa de Escuelas Saludables y que ahora abarcan no sólo al ámbito escolar, sino también diversos tipos de comunidades que buscan avanzar hacia el desarrollo de entornos saludables. “Permanentemente tenemos entre ocho y 12 grupos trabajando en comunidades”, dice el líder del grupo, explicando que es justamente esa investigación formativa la que ha ido consolidando al grupo.

Por esa razón su meta está en una concepción nueva desde la investigación en salud que se traduce como investigación traslacional, cuyo enfoque busca beneficiar la salud de la población aplicando los descubrimientos de la investigación biomédica a los grandes grupos de la comunidad, pero, en el caso de los investigadores de este equipo de investigación, prestando especial atención a las poblaciones vulnerables. Buena parte de sus investigaciones ha incluido a los habitantes de la calle, poblaciones indígenas, el adulto mayor y, especialmente la población infantil.

Una visión integral de la salud

Cuando la esencia misma de la actividad del grupo se resume en la frase “antes de seguir aportando médicos al sistema, tenemos que garantizar sus cualidades como ciudadanos”, todo está ganado, “pues tendremos médicos con la capacidad de responder a las necesidades de salud de sus conciudadanos”, afirma Lamus. Todos los miembros del grupo lo reconocen; son conscientes de la necesidad de conocer para proponer y que el tema de salud, además del organismo humano, significa estudiar su entorno para ofrecer atención y cuidado integral a las personas dentro de las comunidades que trabajan.

Casi uno podría decir que es la versión moderna del médico de familia, aquel “que tiene una capacidad resolutiva alta y un enfoque integral para la atención de las personas y de las familias, de sus entornos inmediatos y es capaz de sumarse a la respuesta a todos estos requerimientos”, explica el médico con maestría en salud pública Camilo Correal. Es ese médico con ‘ojo clínico’, un médico generalista que puede atender a una población y resolver la mayoría de sus problemas. “Según la literatura”, continúa Correal, “más del 80% de los problemas pueden ser resueltos en esos primeros niveles; el médico familiar es una respuesta a ese llamado de un profesional para desempeñarse en el escenario de la atención primaria en salud con esa capacidad de resolución, y con ese enfoque integral”.

Así, este grupo de investigación es el creador de la Especialización en medicina familiar y comunitaria, y pronto espera ofrecer la Maestría en salud pública.

Las alianzas, clave para la investigación

Desde los primeros años de conformación del grupo, los aliados juegan un papel muy importante. “Somos uno de los pocos grupos que nos autofinanciamos”, explica Lamus. Por los temas que trabajan, por ejemplo en salud materno infantil y atención primaria en salud, siendo un grupo joven se alió con diferentes secretarías de salud para adelantar programas e investigaciones que beneficiaran a la población rural principalmente. Fueron ampliando su abanico de posibilidades con ministerios, organismos multilaterales, fundaciones, organizaciones de la sociedad civil para atender proyectos de investigación.

Por el camino –hacia 2007- se encontraron con el Banco de Alimentos de Bogotá, ‘un puente para unir a los que quieren servir’ según su lema, razón por la cual se han vinculado más de 800 entidades. Aprovechando el alto grado de organización, iniciaron una alianza estratégica clave. “Trabajamos proyectos de salud comunitaria con ellos buscando que eso impulse la iniciativa hacia la construcción de un entorno saludable; hemos trabajado con casi 50 comunidades”. Y lo hacen aprovechando estos contextos como escenarios pedagógicos para estudiantes de salud comunitaria: “todos han trabajado con una comunidad específica y han desarrollado un proyecto de salud comunitaria con esa comunidad”, explica el líder del grupo. Con ellos trabajan temas de nutrición tratando de generar la estructura para intervenir problemas de salud y dar respuesta a necesidades puntuales de las poblaciones. La riqueza de las iniciativas de investigación-acción está en el trabajo interdisciplinario e intersectorial que es posible adelantar con aliados como el Banco de Alimentos.

Inicio parejo de la vida

El Inicio parejo de la vida es un macro proyecto de red cofinanciado por Colciencias, en el que Medicina de familia y salud de la población conformó una unión temporal con la Fundación Santafé, la Fundación Corona y la Organización para la Excelencia en Salud, en respuesta a la convocatoria dirigida a investigar sobre salud de la infancia, como un conjunto de temas estratégicos en salud pública para mejorar las condiciones y calidad de vida de la población colombiana. “Propusimos siete proyectos para un periodo de ocho años en 16 municipios de Boyacá y Cundinamarca donde, desde una perspectiva ecológica, exploramos la situación de la infancia en cuanto a sus determinantes y los resultados en salud, entendida como los logros en el desarrollo sociocognitivo en los primeros años de vida”.

Con el liderazgo de quienes representan a la Universidad de La Sabana, la propuesta partió de reconocer, explorar y comprender factores que pueden influir en la primera infancia como un período del crecimiento y desarrollo individual donde se gestan importantes inequidades perdurables para el resto de la vida. Es en ese período de la vida cuando potencialmente pueden suceder “una serie de fenómenos biológicos, predominantemente en la arquitectura cerebral, que si no se apoyan o no se dan las circunstancias adecuadas en el entorno es muy probable que no sucedan o que se desarrollen de formas que repercuten desfavorablemente en las conductas y desenlaces en salud esperados para el resto de sus días”, explica Lamus. Este macro proyecto se nutre de programas previos realizados por este grupo para el mejoramiento de las competencias de los profesionales no solo de la salud, sino del entorno, mediante el desarrollo de la Plataforma virtual de aprendizaje para la capacitación del recurso humano en salud que trabaja con la población infantil, Atención Integral de las Enfermedades Prevalentes de la Infancia, AIEPI. Así mismo, la experiencia adquirida en diversos proyectos previos, como aquel realizado en Sopó en el que reportaron la coexistencia de niños desnutridos y niños con sobrepeso con las consecuencias que los investigadores llaman el tsunami de las enfermedades crónicas. “Eso lo descubrimos trabajando con niños de una escuelita en Sopó”, dice Lamus.

El proyecto busca “cambiar el enfoque paradigmático para ser más efectivos en lograr mejores estados de salud y, en el caso de los niños, que alcancen el desarrollo de sus potencialidades”, dice Lamus; por ello, una de las apuestas es con “los cuidadores primarios (madres, padres y educadoras iniciales) para que se apropien de conceptos y desarrollen competencias que les permitan contribuir al desarrollo de una arquitectura cerebral que refleje los beneficios de haber logrado un Inicio parejo de la vida”, remata Correal. “Es una apuesta por el futuro del país”.

Hacia dónde trazan su camino

Este grupo de investigación no busca “mover la frontera del conocimiento”, sino apostarles a los niños de hoy y los adultos del mañana. “Y es gracias a desarrollar un mapa de los hallazgos que tenemos en estos 16 municipios que tenemos una apuesta conceptual para ofrecerle al país desde un enfoque ecológico de la investigación translacional”, explica Lamus.

Desde la política pública, participan generando propuestas controvertidas, coyunturales y de actualidad como por ejemplo aumentar la licencia de maternidad para que las mamás no tengan un período ‘ciego’ entre la finalización de la licencia y la posibilidad de que un hogar del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar reciba a su bebé, porque hoy en día hay tres meses de licencia maternidad, pero los hogares reciben a los bebés cuando ya han cumplido siete meses.

También se pronuncian con decisión frente a la discusión sobre el aborto, contradiciendo con sus argumentos la posición de la Academia Nacional de Medicina: dicen que “ética y científicamente, despenalizar el aborto es un desacierto”, por la evidente muerte del producto de la gestación, por el efecto que tiene sobre la salud de la mujer más allá del período perinatal, explica Lamus.

Integrantes del grupo han presentado los resultados de sus proyectos de salud comunitaria en los cinco continentes y desde 2005 colaboran con la Facultad de Medicina de la Universidad Católica de Mozambique, transfiriendo su experiencia para el programa de salud familiar y comunitaria. Pertenecen a The Network: Towards Unity for Health, organización internacional a la que han apoyado desde su comité ejecutivo a proyectarse hacia América Latina.

Pero el gran reto es formar a los futuros investigadores que liderarán el grupo pues esencialmente deben estar convencidos de la importancia de la medicina familiar y la salud comunitaria, así como aumentar el índice de publicación para reportar a la comunidad científica los resultados de sus investigaciones. Realmente, lo que los trasnocha es que con sus trabajos contribuyan a hacer cambios sociales que repercutan en mejorar la salud de personas, familias y comunidades.