Antídotos contra el estrés al final del semestre: anticiparse, resignificar y canalizar

Estamos finalizando el semestre y muchos terminan con las baterías físicas y psicológicas agotadas. Es común que en esta época el estrés aumente, y la salud mental y física disminuyan, lo cual genera un alto costo familiar y personal para el éxito académico y laboral, que pone en juego la percepción de satisfacción y del sentido de la vida.

Según los resultados de la primera Encuesta Nacional sobre las Condiciones de Trabajo y Salud del Sistema General de Riesgos Profesionales (Ministerio de Protección Social, 2007), los colombianos calificaron su nivel de estrés de 7 a 10 en una escala de 1 a 10. En el 2017, la Organización Mundial de la Salud reconoció el estrés como una de las principales causas de las enfermedades mentales del siglo XXI. Según Tal Ben-Shahar, profesor de la Cátedra de Felicidad de la Universidad de Harvard, el problema no es el estrés, sino la falta de recuperación ante este, lo que no permite afrontar sus efectos (Villajos, 2018).

El estrés es inevitable e inherente a la psique humana. En palabras de Lazarus y Folkman (1986), es la forma en que el individuo evalúa su entorno como amenazante o desbordante frente a sus recursos personales y afecta su bienestar. Por esta razón, es imprescindible desarrollar hábitos que nos permitan afrontar la vida sin vernos intoxicados por el exceso de cortisol, hormona producida por el estrés, que trae consecuencias como depresión, ansiedad, baja autoestima y trastornos del sueño.

Según un artículo publicado por el Banco Mundial (2015), con el título  El estrés, aliado de la pobreza de Latinoamérica, el estrés laboral diario, sumado a la inseguridad urbana, la congestionada movilidad, entre otros factores, son estresores que muchos padres de familia llevan a sus casas y se convierten en detonantes de crisis en la relación con sus hijos. La publicación expone que los hijos son propensos a repetir estos comportamientos y continuar con el círculo de pobreza. Por lo tanto, gestionar de modo adecuado el estrés evita que en las familias se pierdan la confianza, la seguridad personal y el control emocional.

El afrontamiento del estrés depende de muchas variables externas e internas. No todas las estrategias son efectivas para todos los individuos. Los teóricos en sociología Pearlin y Schooler (1978) clasificaron los métodos de afrontamiento, o “antídotos antiestrés”, según el momento en que se encuentra una persona frente a un evento estresor. Encauzar las estrategias de acuerdo con este criterio brinda altos niveles de autoeficacia y resiliencia, dos indicadores fundamentales para la felicidad y la satisfacción de vida (Villajos, 2018):

  • Primer antídoto: anticiparse.

Consiste en reducir o eliminar el efecto de un estresor antes de que este ocurra. Son muy importantes el autoconocimiento y las creencias que tengamos y construyamos sobre nosotros y el entorno. Se recomienda acostumbrarse a planear el tiempo para tener una vida integral (estudio, alimentación sana, ejercicio, trabajo, descanso, relaciones positivas, etc.) y anticiparse a los hechos: preparar con tiempo los compromisos y tareas.

  • Segundo antídoto: resignificar.

Los autores proponen procurar respuestas que resignifiquen la experiencia estresante una vez ocurre, pero antes de que aparezca el estrés. La psicología positiva y la logoterapia han hecho aportes a este campo, dado que ambas áreas resaltan la relevancia de la capacidad del ser humano para otorgarle sentido a lo que le pasa en su vida. Se trata de lo que la psiquiatra Marian Rojas, del Instituto Español de Investigaciones Psiquiátricas, define así: “La felicidad no es lo que nos pasa, sino cómo lo interpretamos”.

  • Tercer antídoto: canalizar.

Si la persona reconoce que se encuentra bajo estrés, es indispensable que reduzca los niveles de cortisol con el deporte, el descanso, la diversión, el tiempo de calidad en familia y con amigos, el contacto con la naturaleza, la meditación, los ejercicios de respiración, el servicio a los demás, entre otros recursos; ayuda todo aquello que permita regresar a la calma y a la relajación. La felicidad personal es responsabilidad de cada uno, así como la salud mental y física. Lo mejor del asunto es que esta es posible, siempre que una persona la asuma como una actitud de vida.

Referencias

  • Banco Mundial. (2015). El estrés, aliado de la pobreza de Latinoamérica. Recuperado de http://bit.ly/2VToGQs.
  • Farkas, C. (2011). Estrés y afrontamiento en estudiantes universitarios.
  • Psykhe, 11 (1), 57-68. Lazarus, R. y Folkman, S. (1986). Estrés y procesos cognitivos. Barcelona: Martínez Roca.
  • Ministerio de Protección Social. (2007). Encuesta Nacional sobre las Condiciones de Trabajo y Salud del Sistema General de Riesgos Profesionales. Recuperado de http:// bit.ly/2EqUAJm
  • Pearlin, L. I. y Schooler, C. (1978). The structure of coping. Journal of Health and Social Behavior, 19, 2-21.
  • Universidad de Chile. (s. f.). Reconocer, prevenir y afrontar el estrés académico. Recuperado de bit.ly/30znO2e
  • Villajos, A. (2018). Entrevista al doctor Tal Ben-Shahar. Recuperado de http:// bit.ly/2VTZPMt.