Derecho a los alimentos: Más que obligación, mandato del corazón

"Los invito a que nos preguntemos cuáles son los alimentos que estamos dando y recibiendo en nuetras familias; si corresponden a las necesidades físicas, emocionales y espirituales que todos tenemos ..."

Cada 16 de octubre se celebra el día mundial de la alimentación, fecha proclamada por la Organización de las Naciones Unidas en 1979 que tiene el objetivo, entre otros, de promover la concientización sobre el derecho a la alimentación como un derecho humano básico y como una de las obligaciones más importantes que se generan en el seno de la familia.

El derecho a los alimentos, de acuerdo con el marco jurídico colombiano, es una obligación que recae principalmente en cabeza de la familia y en virtud de la cual, todas las personas que la conforman tienen el deber de suministrar alimentos a aquellos integrantes que no están en capacidad de asegurárselos por sí mismos. Es decir, por el principio de la solidaridad, cada miembro de la familia es recíprocamente responsable y beneficiario de la obligación alimentaria, la cual, más que una obligación, es un mandato del corazón.

Ahora bien, por alimentos se entiende todo lo que es indispensable para sostener la vida de una persona y, además, todo aquello que la habilita para subsistir modestamente de un modo correspondiente a su posición social; es decir que la obligación alimentaria incluye alimentos, habitación, vestido, asistencia médica, recreación, educación o instrucción y, en general, todo lo que es necesario para el desarrollo integral de la persona (Código Civil, Art. 413; Código de Infancia y Adolescencia, Art. 24).

Sin embargo, surge la pregunta de qué es todo lo que una persona necesita para su desarrollo integral y, para responder a ese interrogante, debemos remitirnos a una de las razones antropológicas que explican el por qué una persona es un ser familiar: por la condición de necesidad que tiene todo ser humano en sus distintas dimensiones, las cuales son la biológica o física, la emocional o afectiva y la espiritual o racional, y que encuentran satisfacción en el entorno familiar.

En ese sentido, los alimentos que una persona necesita por parte de su familia para su desarrollo integral y a los que además tiene derecho legal y moralmente abarcan no solo los elementos materiales necesarios para satisfacer sus necesidades biológicas, tales como la comida, el techo o el vestido; sino también los alimentos emocionales y afectivos, como el cariño, la comprensión, el tiempo de calidad, las relaciones interpersonales saludables; y en un tercer y muy importante lugar, los alimentos espirituales y racionales, como las respuestas a las preguntas sobre el sentido de la vida y la trascendencia, el conocimiento de la verdad, el uso responsable de la libertad, etcétera.

Por lo tanto y con motivo del Día de la Alimentación, los invito a que nos preguntémonos cuáles son los alimentos que estamos dando y recibiendo en nuestras familias; si corresponden a las necesidades físicas, emocionales y espirituales que todos tenemos y, finalmente, si nuestro criterio es el de la obligación legal o el del mandato moral. Como siempre, y en todos los escenarios de la vida, tenemos dos opciones: quedarnos en el lamento del error presente o en la esperanza del aprendizaje futuro.