Buscando el silencio en el tiempo del ruido digital

Uno de nuestros aforismos más conocidos se refiere al "tiempo del ruido". Nuestro Nobel de literatura, Gabriel García Márquez, lo menciona en varias novelas haciendo alusión a la antigüedad; pero también en la Sabana de Bogotá se alude a un extraño fenómeno del siglo XVII, que probablemente tiene una explicación astronómica. 

No sabemos a ciencia cierta si el aforismo es costeño o bogotano, y no lo discutiré, porque daría lugar a una conversación interesante, pero bizantina. Quisiera referirme a la búsqueda del silencio interior, que se ha convertido en un fenómeno raro por estos días, aunque ciertamente es anhelado o temido, siendo un concepto "más viejo que el tiempo del ruido". En esta era digital, constantemente estamos bombardeados de información no siempre veraz, que tiene una velocidad de propagación prodigiosa y directamente proporcional al medio que usamos para difundirla.

No digo que por estar informados o utilizar constantemente los medios digitales sea perjudicial para el alma y el cuerpo, pero sí está en nuestra manos propiciar el saludable diálogo entre la inteligencia y la voluntad para detenernos a pensar y digerir las noticias y los hechos que recibimos. Es importante analizar en profundidad las razones que los motivan y cómo nos afectan en nuestro interior, tomar una postura racional, tomar una postura racional y humanitaria, en un mundo globalizado que nos pide apertura de mente, pero también sensatez y humanidad. 

El silencio interior requiere sinceridad para mirarnos como somos, tener un poquito de humildad para reconocernos como seres contingentes, pero grandiosos para el bien o para el mal en potencia. Esto es importante, porque tenemos el peligro de volvernos seres muy bien informados pero indiferentes, insensibles ante el dolor, y, lo peor, creernos que la solución no está a nuestro alcance, cuando ocurre todo lo contrario. Los medios digitales permiten, ahora más que nunca, manifestar nuestra inconformidad con las decisiones políticas o sociales, y así crear oleadas de opiniones públicas que, como sociedad civil, puedan influir en nuestras decisiones como país. 

En otras palabras: abrir los ojos para evitar manipulaciones, porque una sociedad que no se piensa a sí misma cae en un remolino constante de incertidumbre, injusticia e indolencia. ¿Por qué reflexionar entonces en el silencio interior cuando nos encontramos en la era del posconflicto colombiano? Porque la paz en nuestro país, un concepto de debemos descubrir en estos dos siglos de "independencia", pero con conflictos constantes, se logra cuando cerramos nuestros ojos y los sentidos para vernos interiormente y tratar de resolver nuestros temores con esperanza, porque mientras estemos vivos siempre será posible volver a empezar, y con actitud sincera pero valiente, dejamos de ver el mundo de manera el mundo de manera superficial para ser parte de la solución. 

Redescubramos el silencio interior en el tiempo del ruido digital, no para evadir, pero sí para construir una Colombia mágica.